Esta ruta de senderismo apta para toda la familia asciende una preciosa montaña sagrada y termina en un antiguo monasterio con vistas al Mediterráneo
En la montaña mística de Mallorca se esconden tres monasterios históricos, y todos se pueden visitar en una sola ruta.

Hay vida en Mallorca más allá de la Sierra de la Tramontana. Los amantes del senderismo identifican inmediatamente la isla balear con esta colección de montes, y no es para menos: sus escarpados relieves, lo variopinto de su fauna y las vistas desde sus cumbres, donde el verde rabioso de sus pinos se recorta contra el turquesa del Mediterráneo, bien le valen su buena fama. Pero todavía queda mucho Mallorca que explorar incluso después de haber coronado el Puig Major.
En el interior de la isla hay rutas más asequibles –y, por tanto, al alcance de toda la familia– que nos descubren su lado más desconocido. Hablamos de la faceta que no se tira al agua desde las paredes rocosas de una cala ni se tuesta al sol en la arena fina de sus playas. Aquí descubrimos la Mallorca rural, la de la arquitectura centenaria y la naturaleza desatada.
La subida a San Honorato
La ruta que proponemos hoy asciende el conocido popularmente como Monte de Cura. El ascenso se ha de comenzar desde el pueblo de Randa, el más inmediato, y cuenta con 400 metros de desnivel y una longitud de 9 kilómetros para el recorrido circular. Ahora bien, no te engañes imaginando que completarás el recorrido en poco más de una hora: al llegar a la meta, en la cima, querrás detenerte largamente a disfrutar tu premio.
Después de un recorrido atravesando las más de 500 taxonomías vegetales distintas que se acumulan en la sierra de Randa, subiendo el monte entre pinos, almendros y algarrobos, alcanzamos nuestro objetivo: el Santuario de San Honorato.

San Honorato: santuario y refugio
Cuentan los historiadores que, allá por el siglo XIV, ya había ermitaños habitando en esa zona. Fue Arnau Desbrull quien pidió permiso al obispo de Mallorca para crear allí un refugio oficialmente dedicado a San Honorato. Sus puertas se abrieron en 1397, tal como reza una lápida gótica en la fachada del edificio.
Ya en el siglo XVII se incorporó la iglesia actual, un precioso templo de bóveda de cañón cuya fachada con portal adintelado muestra orgullosa una imagen del santo. La fachada principal del monasterio, construida en el siglo XIX, recupera la estética original con un estilo neorrománico con dos portales de arco de medio punto simétricos.

Pero, aunque la arquitectura del lugar es admirable, las vistas que lo rodean le quitan protagonismo. Ubicado a 400 metros sobre el nivel del mar, el visitante se ve inmerso en una explanada salpicada de encinas entre las que se abre paso el monasterio. Al subir el sendero, en un mirador se despliega una vista inagotable de la Sierra de la Tramontana, al norte; y del mar Mediterráneo, al sur.
En este rincón se palpa la historia. En este mismo punto, según cuenta la leyenda, se retiró el beato Ramón Llull allá por el siglo XIII. También fue hogar del padre Joaquim Rosselló, fundador de los Misioneros de los Sagrados Corazones, en un retiro de 1890. Y estas mismas paredes acogieron el primer Cursillo de Cristiandad de la historia, celebrado del 7 al 10 de enero de 1949.

La montaña sagrada
Quienes viven en las inmediaciones se refieren al macizo de Randa como "la montaña sagrada". Y no es porque haya misteriosos fantasmas o leyendas bíblicas a su alrededor, es porque en este modesto monte mallorquín se acumulan tres santuarios: San Honorato, Gracia y Cura, el que ha prestado su sobrenombre al monte. Además de esta tríada, en el monte está también el Oratorio de Castellitx, también conocido como Oratorio de la Virgen de la Buena Paz, que data del siglo XIII. Y eso, unido a la quietud que caracteriza al monte, contribuye al aura de paz que se siente en el momento en que se pone un pie en la ruta.
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