Una ruta por Rueda… y no sólo de vino

Ahora que es época de vendimia es buen momento para descubrir los secretos de esta tierra, la cuna de una denominación de origen que ha conquistado el mundo.

Noelia Ferreiro
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Foto: Maria Galan / ALAMY

Es a la uva autóctona verdejo a la que debe su carácter la D.O. de Rueda, especializada en la elaboración de vino blanco. Pero también al clima continental y a los suelos cascajosos de estas tierras vallisoletanas por las que discurre el Duero. El resultado sólo pueden ser unos caldos excelentes que se cuentan entre los más internacionales de España.

Ahora que comienza la vendimia es el momento ideal para saltar de bodega en bodega en este paisaje de cepas retorcidas. Bodegas que presumen de solera, como Castelo de Medina, o que se adscriben a la nueva tendencia de la elaboración ecológica, como Menade. Bodegas que ofrecen añadidos singulares como Yllera, con la recreación del Hilo de Ariadna en sus galerías subterráneas, o que son todo un legado de arte como Mocén, con su biblioteca inaugurada por Camilo José Cela, su rincón taurino y su pinacoteca digna de un museo de la gran ciudad.

Septiembre y octubre, además, llegan cargados de propuestas para que la visita se complemente con actividades originales: rutas de naturaleza, itinerarios ecuestres, excursiones nocturnas a los viñedos, catas… y las distintas fiestas de la vendimia que se suceden por el territorio, el alma de este vino pajizo y afrutado que ha conquistado el mundo.

Madrigal de las Altas Torres. | Teo Moreno Moreno / ALAMY

Pero más allá de su dimensión enológica, emprender esta ruta en pleno corazón de Castilla pasa también por repasar la Historia bajo la sombra de dos mujeres poderosas: Isabel la Católica y Juana la Loca. La primera, carismática reina, está ligada a dos poblaciones: Madrigal de las Altas Torres, donde está su casa natal y la iglesia donde fue bautizada, y Medina del Campo, donde en el Palacio Real Testamentario vivió, escribió su testamento y finalmente murió. La segunda, menos afortunada dejó un rastro conmovedor en Tordesillas, allí donde fue confinada hasta su fallecimiento. 

También pasa por descubrir la elegancia del mudéjar, ese arte basado en el ladrillo que es puro juego de la geometría. Un estilo particularmente hispánico, punto de encuentro entre la cristiandad y el islam, que tiene por estos parajes algunos de sus más bellos vestigios. Basta darse un paseo por Fresno el Viejo, Pozaldez, La Seca, Serrada, Matapozuelo… para comprobarlo, aunque los grandes referentes son tal vez el Real Monasterio de Santa Clara en Tordesillas, el Castillo de la Mota en Medina y la Iglesia de San Miguel en Olmedo. Por si fuera poco, en este último pueblo se encuentra el Parque Temático del Mudéjar, que es una delicia para niños y mayores con sus 21 réplicas en miniatura.

Olmedo | M Ramirez / ALAMY

También en Olmedo existe un lugar donde aparcar el estrés. Se llama Castilla Termal Balneario y está asentado en lo que fuera un convento de monjas de clausura que se remonta al siglo XII. Un complejo termal (también es un hotel-restaurante que ofrece exquisitos maridajes) con novedosas técnicas de aguas medicinales, beneficiosos tratamientos para el organismo y reconfortantes piscinas en un claustro.

Pero si hay algo que no debe obviarse en una ruta por el vino de Rueda, eso es su gastronomía de bandera, basada en una excelente materia prima y en la receta tradicional. ¿Protagonista indiscutible? El lechazo, alimentado con la leche de la oveja churra y asado en horno de leña. Un manjar que se codea con el cochinillo, el conejo y las perdices, pero también con los embutidos derivados del cerdo y los quesos deliciosos. El estómago, damos fe, nunca quedó tan contento.