Ruta BBVA: de Cartagena a Bogotá

El proyecto que inició hace 30 años De la Quadra Salcedo mantiene su espíritu de aventura y comunión entre pueblos. La última edición ha recorrido Colombia, del Caribe hasta la capital. Un viaje lleno de lugares únicos.

Cristóbal Baeza
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Foto: ISTOCK

Cuando Miguel de la Quadra-Salcedo recibió en 1979 el encargo del Rey Juan Carlos de crear un programa dirigido a jóvenes para consolidar el intercambio cultural de la comunidad iberoamericana, no podía imaginar la dimensión que aquello adquiriría. Treinta expediciones después y con más diez mil estudiantes a sus espaldas, la Ruta BBVA ha afrontado este verano una nueva aventura: recorrer la Colombia mágica de Gabriel García Márquez, siguiendo la ruta de las esmeraldas y adentrándose en la realidad de un país que despega turísticamente gracias a la estabilidad de sus instituciones. Colombia es punto de encuentro de culturas, cuna del realismo mágico y paraíso de la biodiversidad. Pero también es lucha por superar un pasado social y políticamente inestable. Poco a poco el país ha sabido sobreponerse para empezar a brillar como una de las sociedades latinoamericanas más prósperas e interesantes.


En este marco desembarcaban en agosto de este año 170 jóvenes iberoamericanos para profundizar en los cambios que está viviendo el país y para conocer la historia y disfrutar de los paisajes que tiene para ofrecer. La aventura se inició en una calurosa Cartagena de Indias, capital del Caribe colombiano y ciudad amable con el turista. No hay que olvidar que sus coloridas calles son las que enamoraron a Fermina Daza y Florentino Ariza en El amor en los tiempos del cólera. Esas calles en las que Gabo está presente en cada esquina, en cada balcón colonial del que cuelgan flores de todos los colores.

La expedición recorrió Cartagena con ojos despiertos y los objetivos de sus cámaras muy abiertos para intentar retratar tanta belleza: desde el fuerte de San Felipe de Baraja, con un pasado bélico admirable y la protección de la estatua de Blas de Lezo en su entrada, hasta la Torre del Reloj, donde se siguen vendiendo dulces de otros tiempos en sus arcadas. Y quien mejor que Jaime García Márquez para contextualizar la visita. Los jóvenes aventureros compartieron con el hermano menor del Premio Nobel de Literatura una animada charla en el Museo de la Inquisición, para entender la magia del escritor, cosa imposible por otra parte. "Gabito hacía visible lo invisible", confesaba a los estudiantes, y "mostraba la realidad en sus historias buscando las costuras a todo". Unas historias que han permitido a millones de personas en todo el mundo trasladarse a Cartagena de Indias mientras leían sus libros.

Aventura y naturaleza

La Ruta BBVA es cultura e historia, pero también es aventura. Una aventura que este año ha llevado a los expedicionarios hasta el Parque Nacional de Tayrona, una de las reservas tropicales más interesantes de todo el Caribe. La expedición acampaba en la orilla del mar, bajo la amenaza de los cocoteros sobre sus cabezas. Tuvieron la oportunidad de contemplar atardeceres únicos desde las puertas de sus tiendas antes de dar comienzo a una de las etapas más esperadas. Los estudiantes se embarcaban en una marcha de 27 kilómetros a lo largo del parque con el objetivo de llegar hasta Pueblito, un antiguo asentamiento de la cultura Kogui. Rocas verticales esperaban a los intrépidos jóvenes en una marcha que culminó con un baño en la playa de San Juan de Guía, un paisaje de postal decorada de arenas blancas y hamacas frente a cabañas de madera.

Tras esta parada en el paraíso, los estudiantes de 21 nacionalidades tuvieron un privilegio único. Los responsables del Museo Bolivariano de Santa Marta permitieron a la expedición acampar en la Quinta de San Pedro Alejandrino, lugar en el que pasó sus últimos días el libertador Simón Bolívar. Rodeados de iguanas y enormes mangos, los ruteros instalaron sus tiendas a escasos metros de la cama donde falleció Bolívar, consumido y abandonado por los suyos. Y dicen los viejos del lugar que su corazón descansa entre los muros de la catedral de Santa Marta, cosa que no se ha podido confirmar hasta el momento.

La siguiente etapa llevó la expedición hasta Aracataca, donde su humedad y calor sofocante contrastan con la frescura de sus gentes. Un pequeño pueblo a un par de horas de Santa Marta que se convierte en parada obligatoria por ser la localidad natal de García Márquez. Poco queda de él a día de hoy, aunque su alcalde recibe a la Ruta BBVA emocionado por el proyecto que espera realizar en los próximos años. Viendo una buena oportunidad de promoción, pretende situar Aracataca en la oferta turística del norte de Colombia y crear una ruta que recorra los parajes de sus libros. Aracataca seguramente no necesite nada de eso. Una modesta casa-museo decorada con mariposas amarillas abre sus puertas para reconstruir las estancias de la morada natal del Nobel. Pero lo más interesante es entrar en las casas de sus paisanos y escuchar sus historias, sus recuerdos del pequeño Gabo y buscar entre sus relatos alguna similitud con los Buendía. Aracataca solo tiene una librería donde adquirir ediciones antiguas de los libros de García Márquez. Una librería y una biblioteca, Remedios la Bella, donde su director se afana por comparar Macondo con ese pueblo perdido en el que el hielo se convierte en algo mágico y los niños siguen esperando en la estación el tren del banano. Un tren que tarda exactamente siete minutos en pasar y ya no transporta fruta, sino carbón y materiales de construcción.

El pueblo más bello de Colombia

Después de pasar página y salir de Macondo, la Ruta BBVA emprende camino al centro del país para adentrarse en el departamento de Santander, uno de los más prósperos de Colombia. La inabarcable Bucaramanga recibe a los ruteros, con una suave brisa que se agradece después de la solera padecida en el norte. A tres horas de camino se encuentra Barichara, el autodenominado "pueblito más bello del país". No les faltan motivos. Calles de piedra arenosa y casas de paredes blancas y tejas rojizas que recuerdan la estampa de cualquier pueblo manchego. Barichara cuenta, además, con un atractivo gastronómico muy especial: las hormigas culonas fritas, que los estudiantes se afanan en probar.

Villa de Leyva y Guane son las siguientes paradas de esta escuela itinerante que no da respiro a los chavales. La Plaza de Armas de Leyva se abre ante los ojos de los chicos y alguno de los españoles reconoce las similitudes con nuestro país. Efectivamente la presencia colonial es patente, pero en este caso vestida de hermandad y no de posesión.

Antes de llegar a la capital, la Ruta BBVA afronta uno de los retos más exigentes de su periplo por Colombia: atravesar el cañón de Chicamocha, el segundo más largo del mundo. Nueve largas horas de marcha bajo un sol siempre presente que culminó a 1.200 metros de altura y con una espectacular bajada en teleférico.

Cultura, oro y sal

Y finalmente, Bogotá. La Bogotá de la cultura, de Botero, del Museo del Oro. Pero también esa Bogotá de calles llenas de grafiti y arte callejero. También de la maravillosa Catedral de Sal de Zipaquirá, a 40 kilómetros de distancia, con su juego de luces y formas en decenas de galerías subterráneas. Como broche de oro a la treinta edición de la Ruta, el presidente Santos recibe a los 170 jóvenes en el Palacio Nariño y les nombra "embajadores de Colombia en el mundo". Y afirma: "Estamos trabajando todos los días para resolver nuestros problemas y vuestra presencia es un voto de confianza y una inyección de entusiasmo y combustible para seguir buscando la paz". Una paz que cada día está más cerca y que Colombia y los colombianos definitivamente se merecen.

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