Roma al gusto de los romanos

La mejor manera para descubrir qué hay de nuevo en Roma es hacerlo a través del gusto de los romanos. La capital vive ahora inmersa en una revolución que ha propiciado que afloren originales alternativas y locales de tendencia cuya visita es altamente recomendable. Para los romanos, cualquier plan gira en torno al arte de los fogones. Es el renacimiento de la cocina romana, y además en versión "low cost".

Marta Copeiro del Villar
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Foto: Tino Soriano

Roma, ya se sabe, no se construyó en un día. Casi todo en ella responde a un lento devenir en el que, sin prisas pero sin pausas, ha ido acumulando sus magistrales señas de identidad, inamovibles. Una arquitectura monumental que la ciudad exhibe como ninguna otra del mundo. Sin embargo, si descartamos la fisonomía de la ciudad y nos centramos en su parte más superficial, algo así como en su maquillaje, se descubren aspectos de Roma donde sí se perciben cambios, movimientos y migraciones, según los romanos se van decantando por uno u otro local, según van surgiendo nuevas tendencias y según cada espacio se va reinventando o muriendo. De forma que quien visitara la capital italiana el año pasado puede que no tuviera ocasión de pasarse por el local del que todos los romanos hablan para citarse a tomar un aperitivo. O puede que la tienda más cool no se hubiera inaugurado aún. O simplemente quizás fuera su primera visita y no hubo tiempo para este tipo de introspecciones, pues ya se sabe que las primeras visitas no dejan mucho espacio a la Roma tal cual la viven los romanos. Esa que no aparece en las guías de viajes y que ofrece otro tipo de experiencias. Esa que, si te descuidas, te hace volverte un romanista empedernido. Y entiéndase aquí el término romanista en un sentido afutbolístico, con perdón de los forofos y los laziales.

Vivir las plazas y el foro

Los romanos sí viven anestesiados. Jamás se les verá visitando el Coliseo o el foro romano, ellos prefieren pasear los domingos por los foros imperiales, cuando la zona queda cortada al tráfico y por un día son capaces de prescindir de sus motos y smarts para recorrer a pie o en bici un escenario del que resulta difícil cansarse y que regala una visión de conjunto imponente, y gratis. También acostumbran a vivir sus hermosas plazas, especialmente con la llegada del buen tiempo. Monumentos como la Piazza di Spagna o la de Navona, la Fontana de Trevi, la Piazza della Colonna -que acoge al Panteón-, la de Campo di Fiori, la de Trilussa, la del Campidoglio... todas ellas son punto de encuentro o de paso durante una cita. Aunque si hay algo que caracteriza a todos los romanos es su pasión por las zonas verdes. La mayor parte de sus jardines son el legado de las impresionantes villas de las familias nobles emparentadas con las casas papales, como Villa Borghese, Villa Doria Pamphilj y Villa Ada. Son espacios donde se practica deporte, se dan románticos paseos y se hacen picnics, y que también acogen restaurantes, muestras, conciertos y eventos durante todo el año.

En otro orden de cosas, desde hace un tiempo una nueva oleada de cocineros cargados de ideas frescas sobrevuela la Ciudad Eterna. El fenómeno de los chefs y los programas de cocina llevan asentados en Italia algo más de tiempo que en nuestras fronteras y eso se nota en los nuevos aires gastronómicos que recorren Roma. Esto, unido a esa forma de vivir la ciudad de puertas afuera y al hecho de que la crisis también se siente con fuerza aquí, ha propiciado que la última moda que recorre la capital sea el denominado street food, una manera original, popular, económica y deliciosa de acercarnos a la gastronomía romana. Y sin renunciar a la calidad de lo que se come, pues aquí el fast food se ha vuelto gourmet.

Como ejemplo más purista de lo que es el street food hay que hacer referencia a una tendencia original donde las haya, la invasión de pequeños furgones itinerantes que cocinan a pie de calle con ingredientes de primera calidad. Pretenden rescatar la comida tradicional romana (potente donde las haya) y adaptarla a la coyuntura actual (en la que apenas hay tiempo para la pausa de la comida), dándole un toque informal y moderno. Cada día eligen un punto distinto de la ciudad y, como no podía ser de otra forma en estos tiempos que corren, las citas se pueden conocer con antelación a través de las redes sociales. La chef -con estrella Michelin- Cristina Bowerman es buena prueba de ello. Ya consagrada con su Glass Hostaria (Vicolo de Cinque, 58), en 2012 abre Romeo Chef Baker (Silla, 26), un local polivalente, de cocina creativa y experimental, y lanza a continuación Ape Romeo (www.aperomeo.it), que no es otra cosa que el mítico motocarro de tres ruedas de la Piaggio dispuesto a recorrer Roma ofreciendo sus bocadillos de alta cocina, y lo que les pidas, siempre que lo reserves con un día de antelación. Otros dos buenos ejemplos son Pizza Mortazza (www.pizzaemortazza.it), cuyo plato estrella es la pizza blanca rellena de mortadela, y Mozao (www.mozao.it), donde se pueden degustar unos panes típicos de la región de Emilia-Romaña (tigelle) que en Mozao rellenan con ingredientes dulces o salados. Por ejemplo, el zozzona, bocata de battuto di lardo di colonnata (un embutido hecho con tocino, de sabor delicado y factura nada dietética) o el bugiardo, relleno de nutella con un toque de menta.

Otro buen lugar para iniciarse en esta tendencia es el nuevo mercado de Testaccio. Fue inaugurado en 2012 y poco a poco se ha ido convirtiendo en una pequeña boquería que reúne muchos puestos en los que ofrecen la posibilidad de comer bocados gastronómicos. Este mercado está a un paso de la sede de Testaccio del museo de arte contemporáneo, MACRO, por lo que supone una buena opción para comer tras la visita. Destaca el puesto Mordi e Vai (algo así como "un bocado y fuera", www.mordievai.it), que lo gestiona un romano que es todo un personaje, de hecho es también actor teatral. Allí por 3 euros se puede comer un excelente bocadillo de trippa (callos), de polpette (albóndigas) o de carne lessa di scottona (vaca joven que no ha tenido terneros). Y aunque el cartel rece "un bocado y a correr", lo cierto es que los romanos vuelven y sus terrenales propuestas se han hecho muy famosas en la ciudad.

Sin abandonar el barrio se descubre una pizzería que ha hecho historia patentando los trapizzini, triángulos de masa de pizza blanca rellenos de guisos tradicionales romanos, como pollo a la cazadora, parmigiana (berenjenas en salsa de tomate con albahaca y parmesano), sepia a la romana con guisantes o picchiapò (carne de ternera con cebolla y tomate). En España aún no se oye hablar de los trapizzini, pero su éxito ya ha traspasado fronteras y hasta en Nueva York es tendencia. Trapizzino (www.trapizzino.it) tiene dos sedes: una en Testaccio, en la Via Giovanni Branca, 88, y otra en el norte de la ciudad, junto al emblemático Ponte Milvio (el de los dichosos candados del amor), en el Piazzale Ponte Milvio, 13. Para comer algo rápido, de calidad y a buen precio, resulta también interesante Pinsere (Via Flavio, 98. www.pinsereroma.com). Es una revisión de los clásicos pizza al corte, ya que proponen un tipo de focacce ovaladas hechas con harina biológica e ingredientes de temporada muy apetecibles. Se encuentra cerca de la otra sede del MACRO (Via Niza, 138), por lo que casa de maravilla con su visita, y de la Via Veneto, donde además de los hoteles y terrazas de la dolce vita se puede descubrir un rincón que quizás no se tenga en cuenta durante las primeras visitas a la ciudad. Se trata de laiglesia de Santa Maria della Concezione y su cripta de los capuchinos, un impresionante osario de mitad del siglo XVIII hecho con miles de esqueletos de los monjes capuchinos.

Es sabido que cualquier plan que haga un romano incluirá un espacio para la comida, a cualquier hora. Por eso, la mayor parte de los locales de moda de la ciudad, aunque sean bares de copas, inician su jornada con un tentador aperitivo. En el centro, y ya desde hace unos años, es muy famoso el Salotto 42 (Piazza di Pietra, 42). Y es que no hay quien mejore sus cócteles. Es el local de la gente guapa, romana y extranjera, y como es de reducidas dimensiones y sus aperitivos triunfan, la cosa acaba siempre con colas para entrar. Así que, si la espera no prospera, se puede recurrir a otro local.

Batidos y brunchs

Estamos a un paso del Panteón y en pleno centro las opciones abundan. Por ejemplo, cerca de la Piazza di Spagna, el Ginger (Borgognona, 43) ofrece los mejores batidos de frutas tropicales y de temporada, junto a cócteles, vinos y una cocina ligera e innovadora. Y a un par de minutos, al otro lado de Via del Corso, se descubre La.Vi (Tomacelli, 24), un local delicioso. En ambos casos nos encontramos con establecimientos polivalentes, que lo mismo destacan por sus desayunos, brunch o comidas ligeras como te sirven unas copas por la noche.

Si la estancia en Roma coincide con el buen tiempo, a media primavera empiezan a despuntar los aperitivos en la calle. En la capital se puede beber sin problema al aire libre, de pie, en compañía y abarrotando plazas como las del barrio de Trastevere. El ejemplo más recurrente es el de Freni e Frizioni (Politeama, 4), que no pasa de moda y es el punto de encuentro asegurado de muchos romanos. En el mismo barrio destaca por su originalidad un lugar llamado Cioccolata e Vino (Vicolo de Cinque, 11), famoso por sus chupitos de chocolate -hasta el vaso lo es-, que merece la pena probar y donde también se venden libros y vino. Y antes de abandonar el barrio por completo, si hay un lugar que los romanos adoran, por sus vistas sobre Roma, ése es el Gianicolo. Un verdadero tesoro que generalmente se pasa por alto. Dicen de él que es la octava colina romana y, desde luego, magia y belleza no le faltan. Un poco más allá, en el barrio que envuelve el Vaticano, Monti, hay otras opciones interesantes para seguir redescubriendo la ciudad tras la caída del sol, como la Libreria Caffé Bohemien (Zingari, 36), que se llena desde la hora de la apericena y donde todos los artistas que deseen exponer sus obras son bienvenidos. Y para acabar con clase y gusto romanos, un palacio de época con jardín en Monte Verde, un barrio muy romano y bastante fuera de ruta. Se trata de Mò Mò Republic (Piazza Forlanini, 10), restaurante, pizzería, bar, espectáculos, conciertos, mercadillos temáticos... toca todos los palos y siempre con gracia. Últimamente sus brunch dominicales son de lo mejor de la capital.

Pasión por los mercados: El made in Italy más "vintage"

Comer y beber en compañía ocupa gran parte del ocio de los romanos. Otro de los capítulos a destacar en sus hábitos es su predilección por los mercados. Son consumistas, pero demuestran madurez, son exigentes y miran la originalidad y el bolsillo. De ahí el éxito de los mercados. A los romanos les encanta comprar a pie de calle, regatear y tratar con los pequeños comerciantes. Cada barrio tiene uno, desde el más grande y famoso, Porta Portese, que despliega sus productos nuevos y de segunda mano cada domingo en la zona de Trastevere, a otros más modestos en dimensiones, como el de Campo di Fiori, donde abundan frutas y verduras junto a flores y objetos varios. Pero hay otro tipo de mercados que no son tan conocidos y que despiertan gran interés, especialmente entre las romanas. Son los mercadillos del usado -en clave chic-, donde se reúnen piezas de diseñadores de otras temporadas, incluso de décadas atrás. Son espacios para la venta de prendas y artículos vintage, muchos de ellos de lujo a precios más asequibles. Hay joyas, gafas de sol, bolsos, corbatas, vestidos, zapatos... de firmas como Fendi, Gucci, Prada, Dior, Chanel... El más auténtico por la originalidad de su fórmula es el de Borghetto Flaminio, que acoge el espacio Garage Sale -Rigattieri per Hobby (entrada 1,60 euros, domingos en Piazzale della Marina, 32; de 10 a 19 horas), donde los particulares se convierten por un día en vendedores de las preciadas pertenencias de las que desean desprenderse. Prendas y accesorios de alta costura, piezas de arte y objetos de decoración. Otros dos mercados muy interesantes son el Shopping al Valadier (dos domingos al mes en la sala Valentino del Hotel Valadier. Via della Fontanella, 15; de 10.30 a 20 horas) y el Mercato Monti, que varía de ubicación pero suele hacerse los fines de semana de 10 a 20 horas en el barrio de Monti -de ahí su nombre-, en el Hotel Palatino de Via Leonina, 46. En verano se traslada a la Isola Tiberina y arranca a las 19 horas.

Escapadas de fin de semana

Roma tiene mucha vida, pero, como en toda gran ciudad, al llegar el fin de semana los romanos tratan de salir de ella en estampida. Así es que si uno quiere emular a los oriundos de la capital italiana debe familiarizarse con sus famosas "gite fuori porta", escapadas muy apetecibles de fin de semana, o de un día, más allá de los muros de la ciudad. Una ciudad afortunada pues en sus alrededores hay infinidad de opciones merecedoras de una visita. En busca del mar -como dan buena cuenta numerosas películas italianas- se puede ir a Ostia, Fregene, Ladispoli, San Felice in Circeo, Sabaudia, Sperlonga... Son localidades que conjugan naturaleza con restos arqueológicos, buenas trattorias y un ambiente relajado. En busca de montaña y pueblos del interior se puede poner rumbo a las colinas de Castelli Romani, que incluyen localidades como Frascati, Marino, Albano, Grottaferrata... en cuyos campos se elabora el vino de Frascati, que se degusta tradicionalmente en las fraschetta, unos modestos restaurantes típicos de esta zona donde se come de maravilla a precios anticrisis. Otra interesante ruta hacia el interior es la de Tivoli, dueña de imperdibles visitas como la reina de las villas imperiales romanas -Villa Adriana- o la hermosa residencia y jardines de Villa d''Este, y de una serie de baños termales que aparecen por el camino. Por otra parte, la zona del norte de la capital destaca por la herencia etrusca, los pueblecillos enrocados y una naturaleza muy verde que se ve en localidades como Cesano, Campagnano, Napi, Sutri y Capranica. También abundan los lagos de origen volcánico, como Bracciano, Martignano y Vico. Y algo más al norte despuntan dos joyas del Lazio: Viterbo y Bolsena. La primera es conocida como la ciudad de los Papas (fue sede papal en el siglo XIII, hecho que la enriqueció arquitectónicamente de forma notable) y, más allá de sus lógicas visitas de interés, los romanos acuden atraídos por la calidad de sus aguas termales. Por otra parte, Bolsena crece a la orilla del lago del mismo nombre y posee una fortaleza -Rocca Monaldeschi della Cervara- con hermosas vistas.