Ribera del Duero o cómo empaparse de naturaleza

Airear la cabeza y disfrutar del paisaje: el combo perfecto para aprovechar los días de primavera: en la Ribera del Duero te esperan 50 senderos para disfrutarlos a pie o en bici y por los que te adentraras en sabinares milenarios, viñedos exultantes y villas medievales... Escapa de la rutina recorriendo la Ribera del Duero burgalesa como nunca antes lo habías hecho. 

Redacción VIAJAR
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Foto: LuisPinaPhotogrpahy / ISTOCK

Practicar senderismo y cicloturismo siempre es buena idea, pero aún es mejor cuando se practican en un entorno de postal, con paisajes exuberantes de primavera, pueblos bonitos o una rica gastronomía como compañía. 

Así sucede en la Ribera del Duero Burgalesa, al sur de la provincia de Burgos, donde cualquier ruta nos regala bucólicas imágenes de viñedos, campos de cereal relucientes bajo el sol mesetario y bosques, algunos pequeños y otros de enormes dimensiones, que atesoran un verdadero santuario ecológico.

Puesta de sol en la Ribera del Duero | juanorihuela / ISTOCK

Una inmensa parte de este encanto se debe al río Duero y a sus arterias fluviales. Son los artífices de tanta riqueza y diversidad natural, con su paisaje característico de ribera, un bosque de gran belleza e importante riqueza ornitológica. Recorrer sus llanuras, sus lomas onduladas, cerros y los desniveles que se superponen entre regadíos, cereal, viñedos y montes son la mejor invitación para que cualquier amante del senderismo, el cicloturismo y el outdoor se deje llevar por esta comarca.

Otra parte del atractivo de la Ribera del Duero Burgalesa la ha puesto la mano del hombre durante siglos de historia. Aquí se encuentran asentamientos prehistóricos, yacimientos romanos, castillos fronterizos, palacios, arquitectura religiosa como conventos, colegiatas, iglesias y ermitas de todos los estilos arquitectónicos. 

Puente medieval en Burgos | JackF / ISTOCK

10 planes que solo podrás hacer en la provincia de Burgos

La Ribera del Duero Burgalesa se puede disfrutar a través de 48 senderos ciclables, aptos para recorrer a pie o en bici, que conducen a una inmersión inolvidable en este espectáculo natural y cultural. A continuación, dibujamos solo tres de estas rutas, imprescindibles para conocer a fondo los secretos que atesora esta atractiva comarca:

1. Sendero del Sabinar del Arlanza

Aquí se halla uno de los sabinares más extensos del planeta, donde se encuentran ejemplares milenarios de este árbol, muy emblemático y con un gran simbolismo en Castilla y León. 

Este sendero se encuentra al pie de las Lomas de Cervera, en la cabecera del Valle del Esgueva. La acción tectónica y la erosión de los cursos de agua han modelado un paisaje donde se dibujan crestas y desfiladeros con redondeadas bóvedas anticlinales, un espectáculo en sí mismo.

Ribera del Duero | OGphoto / ISTOCK

La ruta comienza junto a las ruinas de una de las tres ermitas que hay en Espinosa de Cervera, la de San Roque, continuando por un impresionante bosque de robles centenarios hacia la segunda de las ermitas, la de San Ginés. Avanza el camino a través de una senda poco definida que atraviesa una antigua dehesa de robles donde se encuentra la “Encina Milenaria”, un árbol de enorme tamaño escondido en el interior del monte.

Entre sabinas, la senda continúa hacia el alto del Picacho, a cuyos pies se encuentra la tercera y más importante de las ermitas de Espinosa de Cervera, la de la Virgen de la Talamanquilla, patrona del pueblo. La siguiente meta, el alto de la Matalarruda, ofrece unas increíbles vistas del desfiladero del Arroyo Mayor.

2. Sendero de los Humedales del Carrascal

Gracias a una capa freática y a la pérdida de agua de acequias, que han ido inundando estas antiguas graveras, hoy existe este sendero que discurre por humedales permanentes, refugio para la variada flora y fauna que habitan estos ricos ecosistemas, un magnífico observatorio de aves.

Humedales de la Ribera del Duero | D.R.

Para explorar esta maravilla natural, el visitante parte desde Villalba de Duero tomando el camino de Eras de Abajo hacia la ribera del río Duero. El paisaje va cambiando de huertos y tierras agrícolas a un encinar, continuando hasta la Cañada del Montecillo. 

Es el lugar ideal para pasear en los días más calurosos, gracias a la sombra que regalan pequeñas encinas, sabinas y algún chopo, y al frescor del río Duero, oculto tras la espesura.

Según avanza el sendero se pierde de vista el río Duero y es ahí donde los humedales empiezan a salpicar el paisaje, entre choperas, viñedos, almendros y saucedas, que ofrecen un bonito contraste cromático y de texturas. 

atardecer en la Ribera del Duero | angeluisma / ISTOCK

Hacia el monte El Carrascal, poblado de pinos resineros y encinas, se ocultan algunas trincheras y galerías construidas en la Guerra Civil, y saliendo de este bosque aparecen de nuevo los humedales, los últimos del sendero.

3. Sendero de las Aromáticas

Para muchos, éste es el sendero que define a la Ribera del Duero. El trazado discurre por varias zonas diferentes que recogen en uno solo casi todos los paisajes que se pueden encontrar en la comarca. 

Campiña con viñedos, fincas con almendros, campos de cereal y bosquetes de pino se alternan con bosques mediterráneos de encina y sabina, zonas de regadío y paseos junto al río Duero y su bosque de ribera. Más aún, el paisaje también está compuesto de bodegas, todo un ejemplo de arquitectura popular ribereña

Ribera del Duero | D.R.

Comienza en Fresnillo de las Dueñas, una localidad que debe su nombre a una planta medicinal semejante al orégano que crecía allí, y continúa hasta la orilla del Duero, donde las aguas calmas y remansadas invitan a caminar por un bosque de ribera formado por chopos, fresnos, álamos, sauces y alisos.

Es un camino marcado por la agradable fragancia de tomillos, jaras estepas, salvias, mejoranas y botoneras, que cubren el suelo entre encinas y sabinas, en un denso bosque mediterráneo. Desde él se accede a la parte superior del monte, que ofrece unas buenas vistas de los alrededores.

Paisaje en la Ribera del Duero | Tino Lopes / ISTOCK

Es a la salida donde aparecen los cultivos de secano junto a algunos viñedos, almendros y bosquetes de encinas. Siguiendo el itinerario se pasa junto a la fuente de Hontanilla y poco después se alcanza el camino hasta Fuentespina, donde las bodegas se agolpan una tras otra formando un verdadero entramado de callejas.

El retorno a Fresnillo de las Dueñas conduce entre almendros, viñedos, pequeños pinares y eriales, dominando el paisaje el canal de Guma y los cultivos de regadío hasta el fin de la ruta.