Renacer de las cenizas en Sumbawa

Carlos Hernández
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Foto: Carlos Hernández

Una música estridente y machaconamente repetitiva resuena en las calles de Maluk. Medio centenar de hombres bailan con un ritmo un tanto absurdo mientras balancean sobre sus hombros unos coloridos palanquines. En ellos van montados cinco niños, cada uno acompañado por un familiar de mayor edad. Pese a que parece claro que se trata de una celebración, el rostro de los pequeños es sorprendentemente serio. Su rictus tenso, obedece a que sólo tienen entre 4 y 7 años y, sobre todo, a que saben que el alegre paseo por todo el pueblo terminará de una forma más dolorosa. Están a punto de se circuncidados y pasar, al menos teóricamente, de la niñez a la etapa adulta. Es una ancestral tradición practicada por los musulmanes de la vecina isla de Lombok. En Sumbawa apenas hay ritos propios o tradiciones milenarias... La historia de esta isla terminó en abril de 1815 cuando el volcán Tambora, más que entrar en erupción, estalló en mil pedazos. Su cumbre de más de 4.000 metros de altura, se redujo hasta los 2.800 metros. La lava, las rocas y los seísmos acabaron con la vida de miles de personas. Cuando el gigante se calmó, la ceniza expulsada provocó un verdadero cambio climático con descensos de temperatura en todo el planeta. Tanto fue así que 1816 fue bautizado como "el año sin sol". Sumbawa era para entonces una isla semidesierta y el Tambora había quedado inscrito para siempre en los libros de vulcanología por protagonizar una de las erupciones más catastróficas de todos los tiempos.

Hoy esta isla indonesia es un pequeño paraíso multicultural en el que habitan los descendientes de los escasos supervivientes de la catástrofe y una mayoría de tataranietos de los inmigrantes, provenientes de Lombok, Sulawesi, Bali y Java, que la repoblaron. Por eso es fácil comenzar el día asistiendo a la ceremonia de la circuncisión que celebran los ''sasaks'' de Lombok, continuar recorriendo pueblos tradicionales con sabor javanés y terminarlo en un templo balinés repleto de fieles presentando sus ofrendas.

Este tesoro al Este de Bali permanece oculto para la mayoría de viajeros, salvopara los aficionados al surf. Sumbawa aparece en un lugar destacado en todas las webs, revistas y foros de surfers. En la costa suroeste se encuentran algunas de las olas más famosas del planeta: Scar Reef, Supersuck, Yo Yo''s, Hook o Supershit. Rompientes de derecha y de izquierda que, incluso los experimentados surfistas australianos, consideran inigualables. Para un viajero que prefiera la playa a la tabla, o que quiera combinar ambas, la mejor opción es detenerse en Jelenga. Dos pequeños hoteles dan a una de las playas más hermosas y vírgenes de la isla. Varios kilómetros de arena blanca flanqueada por exuberante vegetación, aguas cristalinas y un gran jardín de coral en el que unas gafas y un tubo permiten contemplar estrellas de mar e infinidad de peces de colores. A pocos metros de la playa se encuentra Scar Reef, una imponente ola en la que se celebran diversos torneos internacionales de surf.

El mapa del surf (y de las impresionantes playas) de Sumbawa se prolonga portoda la costa sur. En el centro de la isla se encuentra otro mito para los surfistas: Pantai Lakey. Siete grandes rompientes permiten cabalgar las olas, prácticamente, cualquier día del año.

Para evitar el empacho de agua, lo mejor es perderse por el interior de la isla y disfrutar de sus paisajes cegadoramente verdes. Los pequeños pueblos que atraviesan la agujereada carretera principal que atraviesa la isla, ofrecen hospitalidad a los escasos visitantes extranjeros que se detienen en ellos. Un tímido y a la vez emocionado "hello mister" sale de los labios de cada niño o adulto que aparece en el camino. Un camino que puede terminar donde acabó la historia de la antigua Sumbawa y surgió la actual: en el volcán Tambora. El destructivo gigante permanece dormido, permitiendo que los viajeros coronen su cima, admiren su cráter de cerca de 6 kilómetros de diámetro y puedan contemplar la belleza de una isla que, pese a todo, su furia devastadora no consiguió aniquilar hace ahora 200 años.

Aquí os dejamos el vídeo de la ceremonia de la circuncisión.