¿Dónde quedan las personas? La Inteligencia Artificial expone arte en Gijón

La exposición D3US EX M4CH1NA, en La Laboral de Gijón hasta el 16 de mayo, muestra obras de arte creadas por robots

Luis Meyer
 | 
Foto: Luis Meyer

El matemático Marvin Minsky, padre de la inteligencia artificial a mediados del siglo pasado, defendía que el cerebro era una máquina como cualquier otra, y que por tanto bastaba con aprender su funcionamiento, llegar a lo más hondo de  su extrema complejidad para poder emularlo de manera artificial. 

Las convicciones de Minsky derivaron en su ardua defensa del transhumanismo: un movimiento científico-filosófico que considera que es necesario que nos aprovechemos de la tecnología para potenciar nuestras capacidades, desterrar conceptos como sufrimiento o la vejez y, llevado a su máxima expresión, evitar la inmortalidad. "Las máquinas podrán hacer cualquier cosa que hagan las personas, porque las personas no son más que máquinas", dijo el matemático en una entrevista.

Esta instalación interactiva predice los gestos que va a hacer el visitante a través de una pantalla | Luis Meyer

Y esto nos lleva a un debate inevitable: ¿qué pasa con aquello que nos diferencia, a día de hoy, de las meras máquinas en particular y del resto de los animales en general? ¿Dónde queda nuestra capacidad creativa? ¿Dónde queda el arte?

Proyectos como Iamus, del doctor en Informática de la Universidad de Málaga Francisco J. Vico, ya son capaces, por ejemplo, de componer miles de piezas de música clásica en décimas de segundo. Desde cero. Y existen robots con la virtud de crear cuadros impresionistas, como el alemán e-David, desarrollado en la Universidad de Constanza.

Un ordenador capta con su cámara la cara de un humano y crea, en menos de 30 minutos y con un brazo robótico, un retrato meticuloso | Marcos Morilla

Yo, robot. ¿Yo artista?

Esta y otras disquisiciones a las que nos confronta la Inteligencia Artificial son las que se presentan en la exposición D3US EX M4CH1NA, en La Laboral de Gijón hasta el 16 de mayo. Una serie de obras de arte de casi todas las disciplinas imaginables se valen de la robótica, o la utilizan como pretexto. La idea es, por medio de estas creaciones de indudable valor artístico, hacernos entender que la Inteligencia Artificial no es algo del futuro, sino que tiene presencia en nuestra vida cotidiana y eso tiene consecuencias en nuestra manera de vivir y de plantear el mundo. 

"Cada vez que empleamos un ordenador, smartphone o tablet para consultar un mapa, publicar contenidos en redes sociales, buscar información en Internet o encontrar nueva música o series, estamos suministrando datos a las empresas que nos facilitan estos servicios", contaba en la presentación de la exposición uno de sus comisarios,  Pau Waelder.  "Cuando damos órdenes a Siri o Alexa, enseñamos al sistema a entender lo que decimos y memorizar nuestras acciones. Cuanto más aprendemos gracias a los ordenadores, más aprenden estos de nosotros. Todos los datos que generamos, sin ni siquiera saberlo, ayudan a los sistemas de inteligencia artificial de las grandes empresas a entender tanto nuestra actividad presente como nuestros deseos, y a tratar de predecir lo que haremos o querremos hacer en el futuro". Así exponía una de las problemáticas de la Inteligencia Artificial, aunque también daba su reverso positivo: "Su función última es lograr crear una máquina capaz de pensar por sí misma para hacernos la vida más fácil, predecir nuestras necesidades y así optimizar nuestra interacción con el mundo, resolver nuestros problemas cotidianos y ayudarnos a navegar en un entorno cada vez más complejo".

La obra 'Nihil Ex Nihilo' plantea un ordenador que transforma los e mails recibidos en ordenadores hackeados en auténticos diálogos | Luis Meyer

En La Laboral de Gijón se exponen todos estos y otras dudas a las que nos expone el imparable avance de la tecnología. Y a través de algo que, al menos de momento, todavía nos hace humanos: el arte.