Pueblos dorados y negros en la sierra de Guadalajara

La luz eléctrica no iluminó los pueblos de esta sierra, a 120 kilómetros de Madrid, hasta hace cuarenta años. Aparte de su aislamiento y de la ganadería lanar, de la que vive la comarca, hay otra peculiaridad de estas villas: la arquitectura de pizarra, única en su género. El recorrido sugerido nos pondrá en contacto con dos de los ejemplos más ilustrativos de la sierra pobre de Guadalajara: Valverde de los Arroyos y Majaelrayo.

Rafael Pola

La sierra del Ocejón reúne en su vertiente oriental los pueblos de la arquitectura dorada, cuyo ejemplo más emblemático sería la localidad de Valverde de los Arroyos, mientras que en su vertiente occidental agrupa a los de arquitectura más propiamente negra, cuyo ejemplo más característico sería Majaelrayo. En muchas guías de campo tienden a reunir todos los pueblos de la zona como ejemplos de arquitectura negra, pero no es así. Los expertos distinguen entre los pueblos de arquitectura genuinamente negra, o lo que es lo mismo, aquellos cuyas construcciones están realizadas masiva e íntegramente con pizarra, tanto para hacer las cubiertas de los tejados como los muros, y los que emplean las lanchas de pizarra únicamente para tejar las casas, mientras que para construir las paredes y paramentos utilizan mampostería de cuarcitas. Estos últimos pueblos se encuadrarían dentro de los pueblos de arquitectura dorada, ya que en las cuarcitas predominan los materiales de tonos blancuzco-amarillentos, a diferencia de las pizarras, que, como ya es sabido, poseen un dominante negruzco, aunque en ellas se den también los tonos azules, grises, violetas y plateados. Valverde de los Arroyos y Majaelrayo constituyen dos magníficos pueblos representativos de la mejor arquitectura dorada y negra de la región. Son dos lugares unidos por muchas circunstancias históricas, pero que están separados tanto por la sierra como por una serie de pequeñas rivalidades (cuestiones sobre cuál es el pueblo más bonito, el que posee las danzas más auténticas...). Prueba de estas pequeñas diferencias vecinales es el contenido del siguiente fragmento del poeta vecino de Majaelrayo, Inocencio Pola:

Seguro que a través de siglos
En tu ladera durmieron
Querida Peña Bernardo
Las cabras y los cabreros

Subiendo la cuesta arriba
Están las vacas de Sebos
Que son dos peñas aisladas
Y por eso las comento

Y ya en la cumbre, a dos aguas
El Collado del Hervidero
Así lo llama Valverde
Y Rescoldo los de mi pueblo

Por allí pasa el camino
Y casi siempre hace viento

Bosque de robles y encinas

El camino aconsejado para esta ruta de trekking se inicia saliendo por la parte alta de Valverde de los Arroyos, donde antiguamente estaban las eras y donde en tiempos había multitud de casillas y pajares destinados a guardar los aperos agrícolas y el ganado. Una serie de terrazas con huertas y apretados bosquecillos de robles flanquean el sendero. A lo largo del camino iremos viendo la vegetación característica de esta parte oriental de la sierra, de naturaleza más mediterránea que la parte occidental. Abundan encinas, quejigares y serbales.

Veinte minutos después de iniciar el recorrido contemplaremos uno de los parajes más impresionantes de toda la excursión. Se trata de las Chorreras de Despeñalagua, una espectacular cascada que se precipita 40 o 50 metros desde lo más alto de un magnífico cortado rocoso. A medida que progresamos en nuestra ascensión, dejarán de verse los cercados de pizarra que limitan los prados y las parcelas de forraje, los herrenes, para, poco a poco, ir apareciendo los chozos en los que antes se refugiaban los pastores de las tormentas y de los temporales. También nos toparemos con algún que otro resto de las antiguas tinadas que se utilizaban para guardar el ganado.

Esta vertiente oriental de la sierra del Ocejón está atravesada por infinidad de arroyuelos y regatos que favorecen la aparición de choperas y alamedas. Tanto en una como en otra parte de la sierra es frecuente ver plantas aromáticas como la lavanda, el cantueso, el espliego y el romero. Juncos y helechos adornan los pasos húmedos y las riberas de los pequeños arroyos que cruzamos. Huele a jara y tomillo, y el rumor de las torrenteras, el canto de las aves y el zumbido de las abejas ponen la banda sonora del trekking. Una alfombra de gayuba cubre la garganta por la que avanzamos y que miles de años atrás fue el lecho de una antigua lengua glaciar. La gayuba es una especie de hiedra rastrera que prospera por encima de los 1.500 metros de altitud y que recubre como una tupida piel verde las áreas y laderas más elevadas de los cerros.

Entre tres provincias

La subida al Ocejón desde Valverde es más larga, pero más cómoda que desde Majaelrayo. Es posible unir Valverde con Majaelrayo sin necesidad de coronar el Ocejón, pero la experiencia montañera resulta más completa si coronamos este emblemático punto de la sierra. En los días claros, desde esta privilegiada atalaya se puede divisar por el norte el pico de las Tres Provincias, situado en el vértice de las provincias de Segovia, Guadalajara y Madrid; hacia poniente, la Pinilla; hacia el sur, el Madrid de las cuatro torres, mientras que hacia el este la mirada se pierde en la amplia meseta.

Más cerca, desde lo alto del Ocejón se ve perfectamente el mapa de los pueblos negros y dorados. De una parte, y a vista de pájaro, los pueblos que representan la mejor arquitectura negra de la zona: Majaelrayo, Robleluengo, Campillo de Ranas, Roblelacasa, El Espinar, Campillejo.... Del lado este: Valverde de los Arroyos, Almiruete, Palancares, Zarzuela de Galve, Umbralejo... Muestras, todos, de la llamada arquitectura dorada.

El collado del hervidero

En las inmediaciones del Ocejón, durante buena parte del invierno las cumbres y las laderas de la sierra todavía se pintan de blanco. En los lugares más elevados de estos montes las rocas pizarrosas toman un color verdoso-blanquecino, consecuencia de los líquenes y musgos que las colonizan. Las caprichosas formaciones geológicas dibujan por todos lados cuadros abstractos y constructivistas. En los campos más pobres de esta sierra pobre, la crisis ha obligado a poner en explotación algunas tierras de labor que desde lo alto dejan ver los inequívocos rastrojos dorados, como se veían en las viejas fotografías de Paisajes Españoles.

Iniciamos el descenso hacia Majaelrayo deshaciendo parte del camino andado hacia la cumbre. Cruzamos el Collado del Hervidero, bajando un tramo muy empinado hasta llegar a Peña Bernardo, un saliente rocoso de la ladera que es un perfecto balcón para divisar el valle de los pueblos negros.

Llegando ya a las puertas de Majaelrayo, con la espadaña de la iglesia perfilándose contra el cerro Cabeza Ranas, recuerdo otras noches de mi infancia en este que también es el pueblo de mi padre. Eran noches en las que en la localidad, todavía sin luz eléctrica y, por tanto, sin contaminación lumínica, el cielo nocturno era todo un espectáculo. Noches estrelladas como solo ahora pueden verse en los más remotos lugares del planeta. Después de cenar, tumbados en las eras, el mejor pasatiempo vespertino de aquellos años era mirar al cielo intentando localizar estrellas fugaces y al Eco, el primer satélite de órbita geoestacionaria.

Por aquel entonces, todas las noches llovían luces en el firmamento y veíamos infinidad de luciérnagas en el campo. Otras luces que contemplábamos en la lejanía aquellas mágicas noches eran las de los muchos fuegos que hacían los pastores en las laderas de la sierra. Todavía hoy, si te alejas lo suficiente del pueblo, es posible disfrutar de unos cielos difíciles de observar en otras partes de la geografía española.

Si tienes algo de tiempo, cuando llegues a Majaelrayo pasea tranquilamente por el municipio, disfruta de su incomparable arquitectura, pídele a algún anciano del lugar que te enseñe alguna de las viejas casas y anímale a que te cuente historias de antes. Te parecerá que estás viajando a un remoto pasado ya definitivamente perdido en el tiempo. Entre las historias que podrás oír habrá bastantes de pastores y lobos, y quizás te cuenten también la del propio origen del nombre del pueblo: hacia el año 1400 había en la zona una majada o cerrado para guardar los rebaños de ovejas en la que en numerosas ocasiones habían caído chispas, centellas o rayos, dándose a partir de entonces en llamar a aquella majada de ganado la majada del rayo (Majaelrayo).

fogonazos de luz. Los rayos son una constante en esta zona alcarreña, ya que los pueblos negros se encuentran emplazados en un valle que es una enorme olla donde, desde siempre, se han cocinado tremendas tormentas con un gran despliegue de aparato eléctrico. Anécdotas en relación con los rayos podrán referirte muchas: desde aquellas que cuentan cómo a veces los rayos entraban por las chimeneas y salían por las gateras, después de pasearse por toda la casa, hasta alguna otra más reciente cuyo protagonista aún vive. Es el caso de Bernardo Mínguez. Siendo aún muy joven, a Bernardo le sorprendió una gran tormenta en el campo. Llevaba las mulas uncidas y él avanzaba entre los dos animales. De repente, un enorme estruendo y un deslumbrante fogonazo de luz le conmocionaron. Instantes después, las caballerías aparecen muertas y Bernardo queda desnudo y chamuscado. Las suelas aislantes de las albarcas que calzaba le salvaron la vida (la albarca es una sandalia rústica que en aquellas épocas se hacían a partir de restos de viejos neumáticos de coches). Bernardo todavía llora cuando hay grandes tormentas.

Ficha técnica

INICIO. Desde Valverde de los Arroyos: el camino arranca en las antiguas eras del pueblo. Allí verás una placa informativa.

Desde Majaelrayo: hay que salir del pueblo en dirección Este (zona de Las Cabezadas).

DIFICULTAD. Media y media/alta. Desde Valverde de los Arroyos hasta el pico Ocejón el sendero está bien señalizado. En la bajada a Majaelrayo hay senderos y pistas forestales con algunas rampas exigentes.

DESNIVEL. Tanto desde Majaelrayo como desde Valverde, el desnivel a superar hasta alcanzar la cumbre del pico Ocejón es de unos 800 metros.

DISTANCIA. Incluyendo la cumbre del Ocejón, 11 km. Sin hacer cumbre, 9 km.

DURACION. Dependiendo del ritmo, entre 3 y 4 horas si no se corona el Ocejón. Incluyendo la ascensión al pico, entre 4,5 y 5,5 horas.

ÉPOCAS. Primavera y otoño.

DÓNDE COMER Y DORMIR

Para comer en Valverde: Mesón Despeñalagua (Tlf. 949 307 449) y Los Cantos (Tlf. 949 307 453).
En Majaelrayo: Mesón El Jabalí (Tlf. 949 859 025) y La Casona (Tlf. 949 859 208).
Para dormir en Valverde: Nido de Valverde (Tlf. 660 420 649), Hostal Valverde (Tlf. 949 307 423), El Carabo (Tlf. 949 307 456) y La Alquería (Tlf. 949 307 444). En Majarelrayo: El Callejón de la Gata (Tlf. 949 370 307), La Casona (Tlf. 917 428 955) y Las Cabezadas (Tlf. 949 859 010).