Praga, 300 años de cafés, arte y talento

En 2014 se cumplen 300 años de la inauguración del primer café en la capital checa. Estos establecimientos históricos de Praga, como el Imperial, el Savoy o el Slavia, representan la excelencia de la cultura centroeuropea del café como lugares de inspiración literaria y artística. Además de escritores y poetas como Kafka y Rilke, también eran frecuentados por pintores, por grandes compositores como Smetana y Dvorák e incluso por científicos como Einstein.

Pedro Javier Díaz-Cano
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Foto: Eduardo Grund

Como ya sucediera poco antes en Viena, fue un oriental quien introdujo el café en Praga, precisamente tras el asedio de la capital austríaca y de la victoria sobre los turcos en la batalla de Kalhenberg, en 1683. Sería en 1714 cuando el armenio Georgius Deodatus Damascenus, alias El árabe, se convirtió en el primer vendedor de café de Praga, por lo que en 2014 se cumplen 300 años del primer café en la capital checa. El introductor de la nueva y estimulante bebida calentaba las jarras en plena calle sobre una sartén al carbón y, con el dinero ganado, abrió el primer café de Praga en la casa gótica de U Zlatého Hada (La Serpiente Dorada), situada en la Vía Real de Karlova, donde ofreció aromatizadas tazas de café hasta su muerte, acaecida en 1730. Trescientos años después todavía se puede saborear una taza de café (aunque ahora de la marca italiana Illy) en el mismo lugar, cerca del Puente de Carlos, pues se conserva el establecimiento con el mismo nombre, aunque con una pátina contemporánea.

En el siglo XIX los cafés de Praga no tenían nada que envidiar a los lujosos templos de la inteligencia de Viena, frecuentados por la alta sociedad, con la gran diferencia de que en la capital de Bohemia los asiduos de los cafés eran realmente los intelectuales, artistas, literatos, músicos y hasta científicos como el mismísimo Albert Einstein. De facto, fue en el ya desaparecido Café Unión donde un grupo de poetas y pintores, entre los que se encontraban Karel Capek, Jaroslav Seifert, Nezval y Teige, fundaron en 1920 el movimiento del Devetsil, un Despertar que a principios del siglo XX convertiría a estos cafés literarios en la segunda casa de la bohemia artística.

Casa Municipal, el café modernista de Alfons Mucha

El café de la Casa Municipal (Obecní Dum) posiblemente sea el más bello de Praga. Inaugurado en 1912 y situado dentro del edificio multifuncional que se halla en la Plaza de la República, junto a la Torre de la Pólvora, está decorado en estilo modernista, con grandes ventanales que dejan pasar la luz natural, techos altos, espejos y preciosas lámparas que le proporcionan un empaque imponente. A ello hay que añadir la aportación de un artista plástico tan original y personal como el célebre Alfons Mucha, cuyos diseños de musas eslavas ya están implícitos en la portada de la carta del menú con un hermoso retrato femenino portando una cesta de frutas entre sus brazos, en la que resaltan las peras y las uvas rojas tintas.

Construido entre 1905 y 1912, el emblemático edificio es un símbolo de la madurez de la sociedad civil checa, privada de gobierno propio pero ansiosa de poseerlo, como muestra el mosaico de la fachada principal, titulado Homenaje a Praga. La Casa Municipal fue concebida como un centro multifuncional destinado a albergar todo tipo de actividades culturales, desde conciertos en la llamada Sala Smetana a exposiciones o conferencias. En el ámbito de la restauración, el café -de refinado estilo art nouveau- resulta un lugar inmejorable para sumergirse plenamente en la atmósfera de aquella época de principios del siglo XX. Su decoración es similar a la del aledaño Restaurante Francés, en el que se rodaron secuencias de la película Yo serví al Rey de Inglaterra, basada en la novela de título homónimo del escritor checo Bohumil Hrabal.

Orient, el único café cubista del mundo

Fundado en 1912, el Orient es el único café de estilo cubista en el mundo, ubicado en la Casa de la Virgen Negra (1911-1912), el primer edificio cubista de Praga, que alberga el Museo del Cubismo. Esta construcción es del arquitecto Josef Gocár (el mismo que levantó el banco CSOB, en el número 24 de Na Poricí) y se considera el mejor ejemplo de la corriente que llevó el ideario cubista de geometrización de la forma a la arquitectura. De hecho, la Casa de la Madonna Negra (Ovocny trh, 19) es hoy un modelo de integración de la arquitectura de vanguardia en el centro de la ciudad.

El arquitecto Josef Gocár también diseñó todo el equipamiento del espacio del Grand Café Orient, incluida la barra bufé cubista y las lámparas. Tras una importante renovación, hoy día está decorado igualmente con fotografías en blanco y negro. Su singularidad no consiste solo en su fachada sino también en la entrada con su característica escalera de caracol. Después de una reconstrucción, reabrió en 2005 y su especialidad es el Grand Café Orient (85 coronas checas), que consiste en un expreso, dos centilitros de ron Bacardí, dos centilitros de licor Kahlúa y nata montada, así como la tarta conocida comocorona de crema (110 coronas checas), que curiosamente es cuadrada, pese a su denominación.

Café Slavia, templo de intelectuales y artistas

El Café Slavia es el más antiguo que sigue abierto hoy en día. En la esquina de la calle Národní y el muelle Smetana, abrió sus puertas en 1881, dos años antes que el emblemático Teatro Nacional, que se halla a su vera. Con más de 130 años de historia, continúa siendo uno de los más populares por su bonita decoración art decó y sus vistas panorámicas al Castillo de Praga. No en vano, este emblemático café se convirtió en el tradicional lugar de encuentro de literatos como Franz Kafka, Rainer María Rilke y Jaroslav Seifert (poeta que fue galardonado con el Nobel de Literatura en 1974), y de los grandes compositores nacionales Antonín Dvorák y Bedrich Smetana. En honor a este último, el maestro Moravec interpreta al piano una versión de la célebre Moldava, que el músico de Litomysl compuso inspirándose en el curso del río que surca la capital checa.

Frecuentado asimismo por los actores del Teatro Nacional, en la pared del fondo cuelga el cuadro original de El bebedor de absenta (1901), obra del pintor checo Viktor Oliva (el Café Slavia era su favorito), en el que la fantasmagórica imagen femenina del hada verde, difuminada y de espaldas, representa al apodo metafórico de la absenta. El colorido de la pintura, realzado al atardecer por la luz natural que penetra por los grandes ventanales con vistas al Moldava, queda tamizado por la noche con la iluminación en tonos verdes del propio café, que así rinde homenaje a la absenta.

Precisamente el café con absenta (licor de hierbas, ajenjo principalmente, con un altísimo contenido alcohólico que ronda los 72 grados y ligero sabor anisado) es una de las especialidades de este histórico establecimiento, que ofrece 45 tipos de cafés y doscientas variedades de pasteles y tartas. A propósito de la absenta, este licor contiene una pequeña dosis de la droga thujon, que sería la causante del dopaje y las alucinaciones de pintores como Van Gogh y Gauguin, y del propio Kafka, al que quizás podría haberle inspirado para escribir su famosa novela La metamorfosis. Sea como fuere, según el gerente del Café Slavia, el contenido de la sustancia thujon en la absenta está demasiado sobrevalorado como alucinógeno y no pudo haber causado este efecto en los pintores y escritores mencionados anteriormente. En todo caso, sepan los lectores que el café con absenta del Café Slavia contiene solo 0,2 centilitros del hada verde (fée verte) y que absenta no es la raíz de la palabra absentismo (que deriva del término latín absentare).

Café Louvre, el predilecto de Albert Einstein

Fundado en 1902 y situado en la segunda planta de un inmueble art nouveau, el Café Louvre también es de estilo modernista y pertenece al legado de la Primera República. Además de Kafka y de Rilke, entre sus ilustres visitantes se encontraba el científico Albert Einstein (Premio Nobel en el año 1922), el célebre físico que desarrolló la Teoría de la Relatividad. Durante la época comunista, sus instalaciones acogieron las oficinas de la empresa pública de gas. Como curiosidad, a su entrada hay un gran panel con un plano de Praga en el que están localizados todos los antiguos cafés de la ciudad (hasta 160, diez veces más de los que actualmente quedan), de forma que se pueden marcar y escuchar su historia a través del auricular de un teléfono de época. Traspasado el umbral, los techos altos, las arañas, los estucos y los periódicos nos transportan a la edad de oro de los cafés literarios, cuando constituían el epicentro intelectual y el punto de reunión de la bohemia artística. A este respecto, se cuenta incluso que había cafés centroeuropeos que ofrecían hasta 300 periódicos de todo el imperio austro-húngaro.

Aquí recomendamos tomar el Grand Cappuccino Louvre (45-55 coronas checas) junto a una porción de la tarta Louvre, especialidad de la casa consistente en una tarta de requesón con melocotón. A este amplio y luminoso café, que cuenta con mesas de billar para que los que no sean tan tertulianos puedan jugar una partida a modo de casino estirando su visita, también acudía el dramaturgo Karel Capek (1890-1938), quien acuñó el concepto y la propia palabra de robot en su primera obra de teatro R.U.R. (iniciales de Robots Universales Rossum) en 1920, y que fuera candidato a obtener el Premio Nobel de Literatura.

Café Savoy, hombres de negocios y gente guapa

Cerca de la isla de Kampa, cruzando el puente frente al Slavia, otra parada obligatoria es el Café Savoy, otro de los refugios favoritos de Franz Kafka. Abierto en 1893 -acaba de cumplir su 120 aniversario-, está situado, como el Café Louvre, en un inmueble de estilo art nouveau. El interior del establecimiento constituye una verdadera joya neorrenacentista, con techos de siete metros de altura y una monumental lámpara de araña. Su especialidad es la tarta Savoy (105 coronas cada porción), elaborada con crema de chocolate y mermelada de grosella recubierta con mazapán, y el Cafè au lait Savoy, un café con leche, canela y chocolate (75 coronas).

El Café Savoy se convierte al mediodía en un punto de encuentro de hombres de negocios, como el conocido banquero checo Petr Kellner, considerado el hombre más rico del país. Por la tarde y ya entrada la noche, el público del local cambia considerablemente y es entonces cuando se da cita la gente guapa y jóvenes a bordo de lujosos automóviles que aparcan junto a su renovada fachada.

Café Imperial: la "batalla de los bollos"

Fundado en 1914, el Café Imperial abrió sus puertas va a hacer ahora cien años, cuando el imperio austro-húngaro iba a despedazarse a raíz de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). De estilo art decó y con elementos cubistas, tras la amplia reconstrucción a la que fue sometido el Hotel Imperial, el café fue reabierto en 2007 mostrando de nuevo sus bellas columnas de inspiración persa y sus singulares paredes con motivos árabes de plantas y animales, que ya causaron furor allá por 1914. En cuanto a su oferta, destacan sus bollos rellenos de mermelada y su chocolate imperial, con pan de jengibre rallado y nata montada. Su cocina también raya a gran altura. No hay que salir del café sin hacer una visita a sus aseos para comprobar la original grifería de sus lavabos, en forma de cisnes dorados.

Este café se hizo famoso durante la época comunista porque en él se libraban las batallas de los bollos. Y es que los dulces que no se vendían se podían comprar el mismo día por la tarde para quelos clientes que quisieran participar en estas contiendas se los pudieran tirar entre ellos... El plato de los bollos para tirar se vendía solo a las personas no ebrias mayores de 21 años, y la batalla se anunciaba de manera visible en la barra del local. Esta tradición fue abolida por el nuevo propietario hace nueve años. Ahora bien, si usted entra y no ve los platos de bollos en la barra, pregunte o abandone rápidamente el establecimiento so pena que quiera participar, pues si sufre algún bollazo durante su estadía será bajo su absoluta responsabilidad... Por cierto, solo añadir que todos estos cafés centenarios tienen espacios para fumadores, pues el consumo de tabaco aún es libre en Praga, quizá como reminiscencia por los años vividos sin libertad durante el período comunista.

La Ruta de los Cafés Históricos

Los siete magníficos...

Esta ruta, que comenzaría en el emblemático café de la Casa Municipal y terminaría en el goloso Café Savoy -todos ubicados en el Distrito 1 de la Ciudad Vieja, salvo el Café Savoy, que está en el Distrito 5 de Malá Strana-, se podría seguir por este orden:

Casa Municipal. Námestí Republiky, 5 (Plaza de la República, 5). Tlf.+420 222 002 763. www.obecnidum.cz

Café Imperial. Na Poricí, 15. Tlf.+420 240 011 440. www.cafeimperial.cz

Grand Café Orient. Casa de la Virgen Negra. Ovocný trh, 19. Tlf.+420 224 224 240. www.grandcafeorient.cz. Miércoles a sábado, de 16:00 a 19:00 h. Música de piano en directo.

La Serpiente Dorada. Karlova, 18, y Liliová, 17. t+420 222 222 160. www.uzlatehohada.cetis.cz

Louvre. Národní, 22. Tlf.+420 224 930 949. www.cafelouvre.cz

Café Slavia. Smetanovo nábrezí, 1022. Tlf.+420 224 218 493. www.cafeslavia.cz

Café Savoy. Vítezná, 128. Tlf.+420 257 313 562. www.ambi.cz

...y los tres cafés más modernos

A los locales históricos, preferidos de poetas y literatos como Nezval, Seifert o Kafka, se han sumado ahora modernas cafeterías de diseño y espacios de filosofía "bio". En el siglo XXI todavía hay espacio para la innovación en el mundo de los cafés. En Al Cafetero lo preparan en cafeteras de vacío de cristal, para que la bebida esté libre de impurezas y potencie sus aromas y sabores naturales. Sus cafés orgánicos "bio" recién tostados proceden de microplantaciones de todo el mundo. Una mezcla de culturas es lo que proponen en el Siddharta Café, situado en el exótico Buddha-Bar Hotel, y en el Ethiopia Café, que ofrece variedades procedentes de Senegal, Malí, Angola y Ruanda en el barrio de Vinohrady, donde se extienden actualmente las áreas comerciales de la Ciudad Nueva.