Soñar con Portugal: seguimos las vías de la Linha do Douro

El país luso cierra sus fronteras. Aquí una ruta de ensueño en tren para cuando las reabran

José Miguel Barrantes Martín
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El norte de Portugal contiene toda la esencia de los paisajes montañosos, abruptos y accidentados del país vecino. Abriéndose paso entre este relieve rugoso pero cargado de belleza, ondeando los valles encajados entre laderas repletas de vides, el río Duero avanza decidido en dirección oeste hasta alcanzar en Oporto el mar abierto y el descanso de su desembocadura.

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Junto a él, como si de un escudero se tratara, un camino de hierro y traviesas discurre paralelo durante kilómetros y kilómetros, regalando a nuestras miradas un marco incomparable en el que la naturaleza y el paciente hacer de los cultivos moldean hermanados el paisaje; hablamos de la línea ferroviaria del Duero, una ruta viaria con algunos de los tramos más espectaculares de toda Europa.

La Linha do Douro, el renacimiento de una ruta olvidada

La Línea del Duero responde a un proyecto de mayor envergadura de 1867 que nació para unir Oporto con la frontera española aprovechando las bondades del ferrocarril en el transporte de mercancías en detrimento del comercio vía fluvial. La obra, ejecutada entre los años 1873 y 1887, unió finalmente Oporto con Barca d’Alva a lo largo de 203 kilómetros por el norte de Portugal, tras salvar los obstáculos del terreno mediante 26 túneles y 30 puentes.

Hoy en día, esta línea férrea abarca únicamente la distancia comprendida entre las localidades de Ermensinde y Pocinho, en territorio luso, desde que en 1988 acabaran por quedar en desuso algunos otros tramos y abandonados en consecuencia.

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El trazado puede ser llevado a cabo partiendo tanto desde el mismo Oporto como desde Pocinho, en un trayecto que dura unas pocas horas. Sin embargo, lo más interesante de la ruta por este ferrocarril de ensueño se circunscribe al tramo entre la ciudad de Peso da Régua y la población de Pocinho, atravesando la región vitivinícola del Alto Duero, incluida desde 2001 en la lista de los lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Mucho más que un viaje en tren

Los escenarios que atraviesa la Linha do Douro, en especial los que podemos contemplar entre la estación de Régua y Pocinho, son sin lugar a dudas algunos de los más bellos parajes naturales modificados por la mano del ser humano que podamos encontrar en Europa.

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La acción de la vitivinicultura tradicional en estas laderas del Alto Duero a lo largo de dos mil años, dando lugar a caldos tan afamados como el vino de Oporto, ha dado lugar a un paisaje donde los viñedos cobran todo el protagonismo y dan buena fe de la intensa cultura que rezuman estas tierras gracias a los bancales que cortan las laderas, en los que se lleva a cabo un laborioso y meticuloso cuidado de las vides.

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Aprovechando el curso del río Duero, la vía férrea discurre junto a sus aguas, llegando en ocasiones a rodar a muy poca distancia del borde del cauce. Desde la pequeña freguesía de O Pinhão hasta Pocinho las sensaciones son realmente indescriptibles. La belleza del trayecto nos deja atónitos mientras abarcamos con la mirada las terrazas sobre el río Duero rodeados de un paisaje montañoso de absoluta belleza.

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El encanto de las paredes azulejadas de la estación de Pinhão nos da paso a continuar por una ruta que nos conduce hasta la estación ferroviaria de Tua, delimitando el tramo más impresionante de la Linha do Douro.

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No es casualidad que en estos kilómetros en concreto se concentren las mejores atracciones turísticas de la ruta. Por un lado, durante los meses de la estación veraniega podremos optar por montarnos en un tren histórico a vapor de 1925 que recorre el trayecto entre Peso da Régua y Tua, con parada en Pinhão, donde se suelen realizar visitas a los viñedos y bodegas; por otro lado, desde esta última podremos tomar un pequeño crucero para surcar las aguas del Duero desde este punto hasta el río Tua y contemplar los bellos paisajes con la lentitud que otorga este medio de transporte.

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