Nadie la visita, pero tiene las aguas más azules de España: así es la playa a la que todos deberían ir este verano

Esta impresionante playa de Asturias es poco conocida por su difícil acceso, pero el esfuerzo merece la pena al contemplar la impresionante postal de aguas azules.

Bañarse en esta preciosa playa es como estar en el paraíso en la Tierra
Bañarse en esta preciosa playa es como estar en el paraíso en la Tierra / Istock / FedevPhoto

Con el verano a la vuelta de la esquina, estamos ultimando los detalles de nuestras vacaciones. Lo que más apetece es encontrar un destino donde podamos refrescarnos con tranquilidady sin estar rodeados de cientos de turistas. España cuenta con unos 8.000 kilómetros de costa que se extiende en 10 comunidades autónomas, 2 ciudades autónomas, 25 provincias y 428 municipios. Con todo este litoral existen playas que todavía son prácticamente desconocidas.

Estar escondidos, infravalorados o ser completamente remotos son algunos de los motivos por los que sigue habiendo playas casi vírgenes repartidas por todo el territorio español. Algunos son auténticos paraísos de arena fina y aguas tan azules como las de destinos tan lejanos como Maldivas, Bali o Fiji. El Cantábrico esconde un precioso litoral donde suele reinar la paz y donde el mar se junta con un espectacular paisaje montañoso perfecto para disfrutar en verano.

Cómo llegar a la playa

Huimos de las urbes abrumadoras y las playas escandalosas para descubrir la conocida como playa del Silencio, del Gavieiru o Gavieriro en Asturias, concretamente en el concejo de Cudillero. Es precisamente este precioso pueblo el más cercano a ella, con sus casitas multicolores de antiguos pescadores y algunas de las mejores playas del Principado. Entre ellas destacan la de San Pedro de la Ribera o Bocamar, la de la Concha de Artedo o la de Campofrío y Aguilar.

Vista sobre Cudillero, uno de los pueblos más bonitos de Asturias

Vista sobre Cudillero, uno de los pueblos más bonitos de Asturias

/ Istock / LUNAMARINA

Pero la que nos ocupa es otra que se encuentra muy lejos de la concurrencia de las anteriormente mencionadas. Una de las razones por las que no suele haber demasiados bañistas es por su difícil acceso. Antes de disfrutar de la propia playa, sus visitantes tienen la posibilidad de deleitarse con el entorno que van encontrando por el camino. La senda que conduce hasta ella demuestra que se trata de un lugar prácticamente virgen que merece la pena conocer.

La playa del Silencio vista desde lejos

La playa del Silencio vista desde lejos

/ Istock / IMAG3S

La impresionante postal que se ve en las fotografías se puede obtener desde lo alto del acantilado antes de descender a ella. Hasta allí sí se puede llegar en coche, pero el último tramo sí debe hacerse a pie. La cobertura desaparece, la brisa del Cantábrico golpea en la cara y las temperaturas bajan levemente al entrar en la playa del Silencio. La costa cuenta con apenas 500 metros de longitud y es muy estrecha, pero sus aguas azules son dignas del esfuerzo previo.

Disfrutar con precaución

Aunque no es arena fina y dorada, sino cantos rodados lo que encontramos en la costa, y sus aguas están muy frías y solo son aptas para los más valientes, es un rincón mágico y con aires de paraíso. Además, se trata de un lugar con un enorme interés geológico, pues en la forma de sus acantilados y la media luna de playa son testigos directos del proceso que ha seguido la erosión del agua contra las rocas. Por eso, esta zona es Paisaje Protegido de la Costa Occidental.

La playa del Silencio al atardecer

La playa del Silencio al atardecer

/ Istock / DieterMeyrl

Debido a su naturaleza salvaje, se recomienda consultar la previsión de mareas en la web del Gobierno asturiano y acudir con un calzado adecuado para el descenso a la playa. También es útil saber que no hay chiringuitos, ni bares, ni siquiera socorristas, por lo que hay que ir con mucha precaución. Otras opciones cercanas a Cudillero -también poco masificadas todavía- son las playas de Gueirúa, Novellana, Garita de Punta Borona o Cabo Vidio.

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