Planes con niños para recibir el otoño con buen pie

Para que no se haga cuesta arriba la vuelta al cole, he aquí unas escapadas divertidas con las que apurar los días luminosos y preparase para el largo invierno.

Noelia Ferreiro
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A lo tarzán en un bosque de cuento

Nos referimos al Hayedo de Otzarreta en el Parque Natural del Gorbeia, en Vizcaya. Un auténtico bosque encantado en el que los árboles, además de una increíble belleza, gozan de una particularidad: las ramas no crecen en horizontal como el resto de su especie sino en vertical, apuntando al cielo como las agujas de las catedrales. Dicen que la razón se debe a que, en el pasado, estas hayas fueron podadas con frecuencia para obtener carbón con la leña, de tal manera que, por adaptación, han conservado esta forma. Realidad o no, lo cierto es que su imagen es mágica, especialmente en otoño, con el tinte cromático de las hojas. Además de activar la imaginación en un bonito paseo entre troncos gigantescos y raíces retorcidas, los niños disfrutarán de lo lindo con las ramas que hacen las veces de lianas con las que deslizarse.

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En tren por un paisaje marciano

Visitar con los más pequeños las Minas del Río Tinto, en Huelva, es hacer de pronto una excursión a una especie de sucursal de Marte. Y esto literalmente casi, puesto que la NASA ha realizado aquí algunos estudios por su supuesta similitud con las condiciones ambientales que podrían darse en el planeta rojo. En realidad, se trata del mayor yacimiento minero a cielo abierto de Europa, que viene siendo explotado desde los remotos tiempos de los tartesios. Un paisaje con un río de color sangriento (de ahí el nombre) y tonalidades ocres en las orillas que da lugar a una belleza misteriosa. Para descubrirlo, se puede  recorrer a pie, en bici o en una de esas viejas locomotoras que utilizaban los ingleses que llegaron a explotar estas minas a finales del siglo XIX. Toda una aventura.

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Un poco de ciencia y adrenalina

Es lo que se vive en Futuroscope, el parque temático a las afueras de Poitiers (Francia) que se distingue por un concepto innovador: la unión de la diversión con el aprendizaje. Por eso es ideal para que los niños disfruten, como han venido haciendo este verano, y a su vez se preparen para los rigores del cole. Aquí hay experiencias para todos los gustos: atracciones inmersivas con técnicas 4D, trepidantes recorridos interactivos, tecnología robótica, animación futurista, proyecciones, experimentos, emociones fuertes... La dimensión tecnológica de sus atracciones, la vertiente pedagógica de sus espectáculos y su vinculación con la ciencia y la investigación lo erigen en el parque del futuro, altamente recomendable.

Un regreso a la Edad Media

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Para jugar a sentirse como caballeros y princesas no hay mejor lugar que el Castillo de Loarre, en Huesca. Y no sólo porque se trata de la fortaleza románica mejor conservada de Europa, sino también porque es un lugar cuyo perfil conforma una de las estampas más bellas de la península. Imponente y majestuoso, sus torres y almenan dominan la hoya oscense desde su elevada posición sobre un peñasco. Por eso, mientras los niños corretean por sus estancias, los padres soñarán que retroceden en el tiempo en un paraje que está barnizado de leyendas y por el que, dicen, que hasta puede verse transitar a los fantasmas. Con un poco de suerte, se podrán contemplar a los buitres que sobrevuelan este rincón del Prepirineo aragonés, añadiendo más magia al momento.

Entre tiburones en la propia ciudad

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Aunque no hace falta escapar de nuestras fronteras para visitar un acuario (que para eso tenemos el L'Oceanogràfic de Valencia, el mayor de Europa) hay que reconocer que el de Lisboa resulta igual de fabuloso. Una experiencia inolvidable para los niños de cualquier edad y que los propios padres agradecerán si después se tiene ocasión de explorar esta bonita ciudad. En el Oceanario de la capital lusa, que es a su vez una suerte de museo de biología marina, cohabitan más de 15.000 ejemplares de más de 450 especies diferentes. Tiburones, rayas, mantas, barracudas, tortugas, peces tropicales…  Y todo, en el Parque de las Naciones, dentro de un singular edificio que está flotando en el agua y al que se accede por pasarelas.