Phuket, la sonrisa de Andamán

Hay quien considera a Phuket el destino turístico más importante del sureste asiático. Y la verdad es que nada se necesita para disfrutar de los encantos de esta isla situada al sur de Tailandia y bañada por las cristalinas aguas del Mar de Andamán. Nada, excepto olvidarse de los problemas cotidianos para dejarse absorber por la sonrisa de este pueblo y cerrar los ojos bajo un cielo inmenso, siempre azul, en una maravillosa playa rodeada de altos cocoteros que casi besan el mar.

Oriol Pugés
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Foto: Álvaro Arriba

Desde siempre, las islas han fascinado a los hombres. Su soledad y misterio son promesas de una armonía por fin recuperada. Uno viaja y desembarca en una isla para conocerla, pero también para reconocerse, para ser uno mismo, para encontrar de nuevo la parte perdida, la inocencia y la libertad. He aquí por qué las islas no son solamente lugares de veraneo, microcosmos folclóricos y divertidos, sino territorios en los que es posible, más que en otras partes, reconquistar una vida en la que el tiempo se mide en lo cotidiano y en lo eterno.

Quienes se consideran amantes de las islas saben que éstas, en Tailandia, resultan apasionantes, porque conservan un rostro que sólo a ellas pertenece. Todos, quien más quien menos, hemos soñado alguna vez con perdernos en una isla para relajarnos con la pura y simple contemplación de su naturaleza mágica. Todo esto pasaba por mi mente mientras sobrevolaba el Mar de Andamán rumbo a un destino desconocido para mí: la isla de Phuket. Atrás habían quedado mil y una vivencias de tierra adentro. Si las grandes rutas del interior y norte de Tailandia acercan al viajero a la historia y a su cultura, el sur, y muy en concreto la isla de Phuket y sus alrededores, le abren las puertas de un paraíso natural.

La isla de Phuket y toda la costa tailandesa de Andamán fue una de las zonas más castigadas por el terrible tsunami del año 2004. Sin embargo, la importancia que el sector turístico ejerce en la economía del país hizo que las autoridades tomaran rápidamente conciencia del grave problema que se les venía encima. Hoy las huellas de aquel azote de la naturaleza sólo son visibles en los rostros de los que perdieron a algún ser querido. Cierto es que después de lo ocurrido uno llega a Phuket esperando encontrar algo muy diferente al hechizo que atrajo no hace mucho a estas playas de película a numerosos personajes europeos. Sin embargo, uno necesita poco tiempo para disipar sus dudas. Algunos de los hoteles más lujosos del mundo están de nuevo a pleno rendimiento.

Situada en el extremo sur deTailandia y unida a la península de Malaca por un puente, Phuket es la mayor isla del país y la que posee mayor diversidad, con sus grandes playas de fina y blanca arena y sus coquetas calas rocosas, a lo que se suma un interior de belleza inigualable, mezcla de colinas boscosas y extensas plantaciones de piña, caucho y cocoteros. Su riqueza le viene dada por sus minas de estaño y la producción de caucho, aunque el desarrollo del turismo, a mediados de los años 70, la convirtieron en el destino mimado del sureste asiático.

Cuando Tailandia inició su expansión comercial en el siglo XIX, las minas de estaño atrajeron a miles de trabajadores chinos, muchos de los cuales acabaron convertidos en ricos propietarios de minas. Muy pronto fueron mayoría en la isla, y hoy se pueden recorrer algunos de sus templos pintados en unos chillones colores, como el de Put Jam, junto al mercado de Ranong, que como otros muchos santuarios chinos está dedicado a Kuan Yin, la diosa de la misericordia.

Sin embargo, no son los chinos ni las minas de estaño lo que atrae cada año la atención de millones de turistas a Phuket. Sus maravillosas playas y sus paisajes son sus mayores atractivos. La zona de la bahía de Phang Nga, por ejemplo, es quizá la más espectacular de todas. En un escenario que a muchos recuerda la bahía de Halong, en Vietnam, Phang Nga muestra curiosas y espectaculares formaciones rocosas que surgen verticalmente del mar, algunas de las cuales llegan a sobrepasar los 300 metros de altura. Este lugar fue hace miles de años parte integrante de la isla, pero tras el retroceso de la última glaciación, hace más de 10.000 años, quedó cubierto por el mar. Este juego visual se hace especialmente atractivo si se hace desde un barco.

En el pueblo de Phang Nga, concretamente en el embarcadero de Tha Don, es fácil alquilar una piragua a motor y un guía para explorar este laberinto de islotes, precipicios, cuevas y bahías escondidas. No cabe la menor duda de que la excursión estrella por la bahía es la que se dirige a Koh Phing Kan, la famosa roca de James Bond, así llamada porque en la isla se rodaron algunas de las escenas más famosas de la películaEl hombre de la pistola de oro, protagonizada por Roger Moore. Y ahí sigue, en pie, este pedazo de piedra fotografiado hasta la saciedad en los folletos turísticos de Phuket. Pero hay algo que llama la atención y que merece un capítulo aparte: los habitantes de Phang Nga son los chao lei, los "gitanos del mar", que llevan viviendo en las costas orientales del Mar de Andamán desde hace cientos de años. De piel oscura, se cree que este pueblo es de origen malayo. Lo que más atrae de ellos es su gran resistencia cuando se sumergen bajo el agua, pues bucean a pulmón libre durante varios minutos a 60 metros de profundidad en busca de perlas y caracolas. En tierra firme son igualmente diestros. Se conocen al dedillo todas las plantas de la jungla, llegando a usar 80 especies distintas para comer y 30 con fines medicinales.

Phuket recibe cada año más de tres millones de turistas, pero la urbanización sólo ha afectado la costa oeste, y en todas partes el buen gusto es el común denominador. Junto a sus encantos playeros, las partes más remotas de la isla, sobre todo en el interior, aún son un caramelo. Sin ir más lejos, Phuket, la misma capital, es una joya. No debe uno pasarla por alto si lo que se quiere es conocer el ambiente de una auténtica ciudad tailandesa. Aquí se encuentran las mejores tiendas de artesanía, los mejores ejemplos de arquitectura colonial y algunos lugares de visita ineludible, como un maravilloso criadero de mariposas y los templos de Jui Tui y Wat Phra Thong, que alberga en su interior el poderoso Buda de Oro. Igualmente, hay que acercarse al barrio chino-portugués, con vistosas casas del siglo XIX, que pertenecieron a los ricos mercaderes dedicados al comercio del estaño.

El interior de la isla ofrece unos paisajes de vegetación lujuriosa y grandes extensiones de plantaciones de piña. Los apasionados al senderismo tienen en el Parque Nacional de Phra Taew un marco propicio donde dar rienda suelta a su afición favorita y descubrir una naturaleza de una belleza sin parangón, pues aún contiene lo poco que queda de la selva tropical que antaño cubría Phuket. Es el hábitat natural de macacos y jabalíes y alberga las cascadas de Bang Pae y Ton Sai, magníficas para regalarse un relajante baño.

Los viajeros tienen de Phuket una idílica imagen plasmada en sus inmensas playas de arena blanca, sus aguas cristalinas, sus peces de mil colores y sus hoteles de lujo. Si hablamos de playas, las hay para todos los gustos. Las mejores se encuentran en la parte occidental, en la costa del Mar de Andamán. Las más famosas empiezan en Mai Khao y se extienden hasta Hat Rawai, en el extremo sur de la isla. Esta última es muy frecuentada por los turistas, que acuden allí a ver las puestas de sol del cabo Promthep. Todas son distintas: las hay diminutas y apenas accesibles en coche, otras son largas y extensas y en ellas se han construido enormes hoteles de lujo... La misma playa de Surin, por ejemplo, que está situada al pie de una escabrosa colina, resulta muy popular entre los propios tailandeses, que suelen acudir allí los fines de semana. Junto a ella se encuentra Haad Yang, una cala donde está uno de los hoteles más elegantes del sur del país: el Amanpuri.

Patong, sin embargo, es todo un mundo aparte. Es la playa más conocida y famosa de la isla. Aquí todo está concebido para que el turista, a quien se le considera el rey, se lo pase en grande y vacíe por completo sus bolsillos. Hoteles, restaurantes, locales musicales, tiendas o masajes en cada esquina convierten Patong en la meca del turismo internacional. El antiguo pueblo de pescadores ha desaparecido dejando paso a modernos hoteles, supermercados y tiendas. Por lo tanto, las ofertas para la práctica de los deportes acuáticos son amplias: lecciones de buceo por la mañana y windsurf por la tarde o, simplemente, bañarse en las cálidas aguas con un equipo de buceo...

Un poco más hacia el sur se encuentra Kata. Es una buena playa, con dos cabos frondosos que incorporan la montaña como fascinante telón de fondo. Muy cercana a ella se encuentra la pequeña isla de Ko Phu, donde también se practica el buceo con tubo y a la que se llega alquilando pequeñas embarcaciones.

Pero si lo que se busca es soledad, mejor dirigirse al norte. Allí están las playas de Mai Khao y Hat Noi Yang, más de 12 kilómetros de fina arena en un espacio relativamente virgen. Está en el mismo Parque Nacional Sirinath, donde las tortugas marinas gigantes ponen sus huevos.

Poco, muy poco de isla solitaria tiene ya Phuket, pero aún conserva la serenidad y la belleza de un paisaje que mantiene a esta isla de Tailandia como un destino imprescindible del sureste asiático.

Cualquiera que viaje a Tailandia se habrá topado miles de veces con ellas. Los tailandeses creen fervientemente en los espíritus. Los ven por todas partes y forman parte de su religiosidad cotidiana. Con el fin de que no molesten, no hay edificio, ni público ni privado, que no tenga su "phra phi" o casa de los espíritus. Se trata de pequeños altares levantados casi siempre sobre una peana y situados en lugares estratégicos para mantener contentos a los espíritus. Estas casitas adoptan los más singulares diseños: desde réplicas de las tradicionales casas "thai" hasta templos budistas decorados con todo tipo de detalles. Quemando incienso o encendiendo velas, los tailandeses logran apaciguar sus ánimos y encaminar con alegría un nuevo día.

La isla de Phuket está considerada como un paraíso donde realizar toda clase de actividades deportivas. La oferta resulta de lo más variada: rutas de senderismo en elefante -un animal de gran importancia en el país por su destacado papel económico y cultural-, golf, itinerarios a caballo... Sin embargo, casi todos los viajeros se decantan por el submarinismo. Y es que los arrecifes de corales, con una rica vida marina, y las islas que se encuentran a poca distancia de Phuket se cuentan entre los escenarios más espectaculares del mundo para la práctica de este deporte.También en los mismos hoteles y en las playas de la costa oeste es posible descubrir numerosos centros de buceo donde alquilar todo el equipo necesario.

Phang Nga es, sin duda, una excursión obligada desde Phuket y uno de los lugares más hermosos de la región. La bahía y sus alrededores están a 64 kilómetros de la ciudad por carretera y a unas tres horas en barco. Fueron declarados Parque Marítimo en 1981. El parque consta de más de 40 islas, algunas a 300 metros sobre el nivel del mar, con increíbles grutas marinas y recónditas playas. En las inmediaciones de la bahía, una red de canales atraviesa densas extensiones de manglares y cuevas. Todas las excursiones por la bahía incluyen la visita a Koh Panyi -un pueblo de pescadores musulmanes de unos 4.000 habitantes que está situado al pie de una enorme piedra caliza- y a Koh Phing Kan, donde se encuentra la famosa "roca de James Bond".