Perito Moreno, el hielo que truena

Puede parecer un destino turístico más, con esas pasarelas frente a la bestia de hielo. Da igual. Todo aquel que contemple el glaciar Perito Moreno, en la Patagonia argentina, lo recordará siempre. Y más si, como hace pocas semanas, vive en directo el espectáculo de la ruptura del glaciar.

David Granda
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Foto: Rafa Pérez

Sus dimensiones abruman. Un río de catedrales góticas de hielo de 30 kilómetros de largo y 60 metros de alto. Uno de los pocos del mundo que permanece en continuo avance, casi como un ser vivo. La nieve que transporta tiene más de 500 años. Ya estaba aquí antes de que Cristóbal Colón descubriera América para el Viejo Continente. Aquí todo es grande. Es un escenario de gigantes. El Perito Moreno se halla al pie de la cordillera de los Andes y del Lago Argentino, que, con una superficie de 1.415 kilómetros cuadrados y un perímetro de costa de 640 kilómetros, podría albergar siete ciudades como Buenos Aires. Pero más allá de su grandeza, la virtud radica en la rareza natural. Este paisaje es único: resulta muy extraño ver un glaciar desde tan cerca y a tan poca altitud en mitad de un valle poblado de árboles. En el hemisferio norte, de donde venimos, hay que escalar hasta los 3.000 metros de altitud para ver un fenómeno natural semejante.


El glaciar Perito Moreno se encuentra a 78 kilómetros de El Calafate, la ciudad que sirve como campamento base. El Calafate es una pequeña ciudad de unos 22.000 habitantes enclavada en el corazón de la pampa patagónica. Desde que en el año 2000 se inauguró el aeropuerto internacional, el turismo ha cambiado su fisonomía. Se conservan las construcciones bajas, pero la oferta hotelera se ha multiplicado y parece un pueblo de alta montaña junto a una gran estación de esquí. Si eres curioso, el taxista que te acerca desde el aeropuerto te va a contar historias célebres de la ex presidenta de Argentina Cristina Fernández de Kirchner, que mientras gobernó la Casa Rosada se escapaba en cuanto tenía ocasión.

Esos 78 kilómetros de distancia entre la población y el glaciar se agradecen. En el camino se suceden los paisajes inhóspitos de estepa patagónica, el peculiar azul lechoso del Lago Argentino y el colorido de los bosques de la Península Magallanes. Hay cóndores y águilas mora. Dicen, también, que se ven pumas con facilidad. Entonces cruzas la entrada del Parque Nacional Los Glaciares y te topas con una pared de hielo de cinco kilómetros de ancho y 60 metros de alto, tanto como el Obelisco de Buenos Aires junto al que caminabas hace un par de días, a 2.800 kilómetros de distancia. George R.R. Martin, el autor de Juego de Tronos, debió de encontrar su inspiración aquí para ingeniar el Muro custodiado por la Guardia de la Noche.

El viaje de Florence Dixie

Desde las pasarelas con diferentes alturas del mirador te parece osado que se organicen excursiones por el glaciar. Lo mismo debió de pensar el oficial de la Armada chilena que lo descubrió en 1879, Juan Tomás Rogers. Eran años de pioneros y expedicionarios y científicos aventureros, en los que buena parte de la Patagonia era territorio ignoto, se carecía de cartografía y Chile y Argentina estaban dibujando los límites de sus fronteras. Ese mismo año tuvo lugar un acontecimiento extraordinario. No muy lejos del Perito Moreno, pero al otro lado de la actual frontera, cuando estas montañas y campos de hielo eran desconocidos para el hombre blanco, se organizó el primer viaje turístico a la Patagonia. Y lo protagonizó una mujer, la aristócrata británica Florence Dixie, que inmortalizó su aventura en el libro Across Patagonia: "Lo escogí porque era un lugar exótico y lejano. Hastiada momentáneamente con la civilización y su entorno, quería escapar a algún lugar donde pudiera estar lo mas alejada de ella como fuera posible [...] En ningún otro lugar hay un área de 100.000 millas cuadradas sobre las que se pueda galopar y donde junto con gozar de un clima vigorizante se está libre de fiebres, amigos, tribus salvajes, animales dañinos, telegramas, cartas y todas las demás incomodidades a las que uno está expuesto en cualquier otro lugar". La expedición de Dixie arrancó de Punta Arenas en enero de 1879, antes de que el mundo tuviera noticias del Perito Moreno, y tras una ruta a caballo de más de mil kilómetros culminó con el descubrimiento del Macizo del Paine.

Cuando la destrucción es bella

El Perito Moreno nace en el Hielo Continental Patagónico, en la frontera con Chile en la cordillera de los Andes, y avanza lentamente hacia el Este como un colosal río de hielo de más de 30 kilómetros de largo hacia el Canal de Los Témpanos del Lago Argentino. En su desembocadura, su frente de cinco kilómetros de ancho se eleva hasta más de 60 metros sobre el nivel del agua. El momento más esperado por todos los que se arremolinan frente al glaciar es el de la destrucción. El derrumbe de gigantescos témpanos de hielo de la pared del glaciar genera un efecto hipnotizante similar al de las detonaciones controladas de grandes rascacielos. El glaciar Perito Moreno avanza 700 metros cada año y son habituales los desprendimientos de bloques de hielo con un estrépito que recuerda al latigazo de un trueno. Pero el momento estrella ocurre de forma impredecible cada cuatro o cinco años. En su avance hacia la Península Magallanes, el Perito Moreno forma grandes diques de hielo entre los canales del Lago Argentino a los que les siguen espectaculares rupturas (ver recuadro El Museo del Hielo). La última ocurrió el pasado 10 de marzo. Unos dos mil turistas disfrutaron del espectáculo en vivo mientras millones lo vieron en directo por televisión. El glaciar se puede contemplar desde las pasarelas del mirador o en barco, en alguna de las excursiones fletadas en el embarcadero del parque, a un kilómetro del mirador. El barco navega frente a la pared del monstruo de hielo y la perspectiva es totalmente diferente.

Pero, ¿por qué se llama Perito Moreno? Francisco Pascasio Moreno fue un científico naturalista argentino, explorador de la Patagonia. Desde 1872 y durante décadas, se adentró por áreas bajo dominio indígena y exploró sectores de la cordillera andina desconocidos en los despachos de Buenos Aires. Fue él quien bautizó al Lago Argentino en 1877. Su expedición también puso en el mapa los montes Frías, Buenos Aires, Moyano, Stokes, Fitz Roy y Punta Avellaneda. Gracias a su actividad exploratoria, Moreno fue designado como perito para dirigir la comisión argentina encargada de resolver los litigios fronterizos con Chile, porque el glaciar Moreno fue avistado por primera vez en 1879 por el oficial inglés de la Armada chilena Juan Tomás Rogers, dándole el nombre de Francisco Gormaz (director de la Oficina Hidrográfica de la Marina de Chile). Los argentinos dieron el nombre definitivo al glaciar en 1899 en busca de un reconocimiento doble, el del Perito Moreno y el del gobierno inglés, a la sazón árbitro de la demarcación efectiva de la frontera.

Las leyendas de la Patagonia

El Perito Moreno se encuentra en el suroeste de la provincia de Santa Cruz, la más austral del continente americano. Aquí, en la Patagonia, Bruce Chatwin escribió el libro de viajes más influyente desde la Segunda Guerra Mundial. Llena las vastas soledades geográficas de la región patagónica con gente, mitos y sucesos asombrosos. Entre las historias que el escritor inglés rescata en su viaje de cuatro meses a la Patagonia hace ya más de cuarenta años, se encuentra una del oeste americano, la misma que protagonizaron Paul Newman y Robert Redford en Dos hombres y un destino (George Roy Hill, 1969), pero a la que Hollywood le cambió el final. Butch Cassidy, perseguido por la justicia por las hazañas de su sindicato de atracadores de trenes, huyó a la Patagonia argentina acompañado de Sundance Kid -delincuente y fanático de las óperas de Wagner- y la bella Etta Place, donde compraron seis mil hectáreas de tierras vírgenes en Chubut, también al pie de la cordillera de los Andes, como El Calafate, pero más al norte. Allí, sin hacer ruido, se dedicaron a la cría de ovinos durante cinco años hasta que les entró la nostalgia de los viejos tiempos. "No eran muy sociables, pero su comportamiento era siempre correcto", decían sus vecinos. En la provincia de Santa Cruz desvalijaron un banco y tuvieron que huir de nuevo. Corría el año 1905. A partir de 1915 vieron a Butch Cassidy transportando armas para Pancho Villa en México; buscando oro con Wyatt Earp en Alaska; recorriendo el Oeste en un Ford o exhibiéndose en un espectáculo del Lejano Oeste para turistas en San Francisco.

Las leyendas son tan grandes como el continente americano, pero solo Bruce Chatwin parece resolver el enigma. Le sigue la pista hasta Circleville, Utah, donde la mismísima hermana de Cassidy le cuenta que el forajido había regresado a casa en 1925, donde compartieron tarta de arándanos, y que, años más tarde, a finales de la década de los 30, había muerto de neumonía en el Estado de Washington.

A lo largo de los Andes australes se oyen las historias de los forajidos norteamericanos. Una de las fuentes principales de Chatwin para escribir En la Patagonia es el historiador anarquista Osvaldo Bayer, también periodista -entrevistó al Che Guevara- y responsable del guión de la película La Patagonia rebelde, premiada en la Berlinale de 1974. Se trata de una figura clave que nos conduce a Francisco Pascasio Moreno. Para Bayer, el científico Perito Moreno, como otros grandes ídolos argentinos del siglo XX, tiene su lado oscuro. Así, el historiador denuncia que, pese a sus buenas intenciones, cuando Moreno fue responsable del Museo de la Plata transformó los sótanos del centro en un zoológico humano, donde varios indígenas originarios de la Patagonia fueron recluidos para su estudio científico y acabaron muriendo y exhibidos en vitrinas. Osvaldo Bayer, por cierto, acusó a Chatwin, tras leer su obra, de robos intelectuales y robos materiales: aseguraba que el escritor inglés le había hurtado libros cuando le fue a visitar a su casa de Buenos Aires.

La Patagonia es una tierra de gigantes repleta de historias de pioneros, expedicionarios y aventureros, y con un monumento natural que adquiere la condición merecida de ídolo: el Perito Moreno.

El Parque Nacional Los Glaciares

Es uno de los paisajes más extraordinarios de Argentina, Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1981. Sus hielos continentales y glaciares están protegidos desde 1937 tras la creación de un Parque Nacional de 726.000 hectáreas en la frontera con Chile. Se extiende a lo largo de 360 kilómetros de norte a sur en la provincia de Santa Cruz y más del 30 por ciento de su superficie se encuentra ocupada por hielo. De este gran campo de hielo se desprenden hasta 48 glaciares. Además del Perito Moreno, otro de los protagonistas es el glaciar Upsala, ubicado sobre el Brazo Norte del Lago Argentino. Es un glaciar más grande que la ciudad de Buenos Aires y el de mayor tamaño de los que descarga en este lago, pero, a diferencia del Perito Moreno, está en drástico retroceso (en los últimos 30 años ha perdido casi 60 kilómetros cuadrados de hielo). De su frente se desprenden témpanos de hasta un kilómetro y medio de largo, auténticas islas flotantes. Fue descubierto en 1901 por H. Prichard, aunque su nombre definitivo se lo puso el geólogo P.D. Quensel en 1908 en homenaje a la ciudad sueca de Upsala. Pero el glaciar más grande de Argentina es el Viedma, que nace en el volcán Lautaro y descarga en el lago también llamado Viedma. Un coloso de 70 kilómetros de largo. Se encuentra cerca de El Chaltén, un pueblo de apenas 600 habitantes emplazado a 220 kilómetros de El Calafate y toda una mina para los aficionados al alpinismo. De aquí parten las expediciones al Fitz Roy y el cerro Torre y numerosas excursiones con diferentes niveles de dificultad. Es un pueblo joven, fundado en 1985, y no merece mucho la pena salvo por el fabuloso entorno que le rodea, por lo que no se aconseja ir y volver a El Calafate en el día. Las rutas a la Laguna de los Tres (base del Fitz Roy) y a Laguna Torre son una maravilla.

El Museo del Hielo

En mitad de la hermosa desolación patagónica, en un paisaje estepario con el imponente Lago Argentino de fondo junto a los Andes australes, aparece un edificio de arquitectura vanguardista. Es el Glaciarium, un centro de interpretación glaciológico, uno de los pocos museos de su especie en el mundo. El edificio, cuentan en el centro, tiene un lenguaje arquitectónico que propone una imagen emblemática, contundente y expresiva, y remite a la estética glaciaria. Se encuentra de camino al Perito Moreno, a diez minutos de El Calafate en la Ruta 11. Uno sabe que esto va en serio cuando te confirman que su director científico es Pedro Skvarca, uno de los glaciólogos más importantes del continente americano, con más de cuarenta años de investigación en la Patagonia y la Antártida. En una de sus últimas investigaciones para predecir el comportamiento del Perito Moreno ante el cambio climático dirigió unas perforaciones de 515 metros de profundidad hasta el lecho glaciar, donde más del 60 por ciento del hielo se encuentra por debajo del nivel del lago. En este museo multimedia explican, entre otras cosas, por qué se rompe el Perito Moreno. A diferencia de lo que ocurre con la mayoría de los glaciares del mundo, que están en retroceso, el Perito Moreno está en equilibrio desde 1917, siempre en el mismo lugar. Sin embargo, en su avance hacia la Península Magallanes forma diques naturales de hielo en el canal del Lago Argentino que, con el proceso paulatino de la erosión del agua, se transforman en túneles con bóvedas de hasta 50 metros hasta el colapso final, con el derrumbe del arco y la desaparición del dique. Tras la ruptura, todo un espectáculo ansiado por cada visitante al glaciar y celebrado como si se tratara del gol de Iniesta en la final del campeonato del mundo, la pared comienza a avanzar de nuevo hacia la península y se repite el fenómeno en un futuro impredecible de entre tres y cinco años. El Glaciarium cuenta, además, con el GlacioBar Branca, el típico bar de hielo de glaciares con vasos de hielo, barra de hielo y suelo y paredes de hielo donde pasas un buen rato congelándote a 10º bajo cero.