Parques Naturales de Guadalajara

Parecen decorados de película. Fascinantes, vírgenes, diversos entre sí, a pesar de compartir el coto de una provincia: los parajes trenzados de agua y roca en Alto Tajo, el cañón cobrizo del río Dulce, el umbrío y misterioso Hayedo de Tejera Negra. Y pronto se sumará a estos tres un nuevo Parque Natural, el más extenso, el de la Sierra Norte.

Carlos Pascual
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Foto: Lucas Abreu

El más amplio (por ahora), la joya de la corona, es el Parque Natural del Alto Tajo. El sistema de hoces fluviales más extenso de Castilla La Mancha. Pero los datos técnicos, a veces hasta las meras palabras, enmascaran o ensombrecen la pura emoción que destilan esos paisajes primigenios. Un mundo señero, amasado por los ríos, las rocas y los siglos, un hogar de plantas y animales acosados fuera de ese reducto, un refugio pretérito de hombres y de oficios: carboneros, caleros, yeseros, tejeros, mineros, molineros, salineros, piñoneros, resineros, agricultores, ganaderos, madereros...

Estos últimos, y más concretamente los gancheros (los que sacaban la madera a través del río, sirviéndose de pértigas o ganchos), han sido en buena parte responsables de la fama adquirida por esta comarca. Y es que el catedrático y novelista José Luis Sampedro publicó en 1961 un relato,El río que nos lleva, que con ese mismo título fue llevado al cine en 1989, siendo la película presentada en Cannes y apadrinada por la Unesco. Es la historia de gancheros que, durante seis meses, arrastran por el río, hasta Aranjuez, la ultima maderada, allá por los años 50. Unos años de plomo, todavía, reflejados con un punto de acidez en lo que resulta una especie de road movie, en la cual el agua sustituye al asfalto, pero la rabia y la rebeldía están muy presentes.

Aquellos "gancheros" mesetarios, aparentemente marginados y abocados a la extinción, formaban parte, sin embargo, de una hermandad universal. La que unía, sin ser ellos conscientes, a los raiers del Pirineo catalán, a los almadieros navarros y aragoneses, a los hombres que ejercían idéntico oficio en países de media Europa. Libros como el de Sampedro (y otros menos célebres, como el Viaje de los ríos de España, de Pedro de Lorenzo) alentaron un cierto sentir, una conciencia ecologista, cada vez mayor, que ha supuesto que en los últimos seis años (desde que hay registros) hayan visitado el parque más de 175.000 excursionistas.

El parque fue creado en el año 2000 y es, de momento, el mayor de la provincia, con 105.721 hectáreas (que se convierten en más de 176.000 si se tiene en cuenta la llamada Zona Periférica de Protección). Las guías señalan cinco enclaves singulares: el nacimiento del río Cuervo, las lagunas de Taravilla y Valtablado y las salinas de Armallá y Saelices. Pero son muchas más las estampas singulares que se apegan cual un vaho a la memoria, como las cascadas de La Escaleruela y del Campillo, cerca de Zaorejas, el Hundido de Armallones (uno de los cañones más briosos, cerca de Ocentejo), el Huso (monolito) del Barranco de la Hoz, por Corduente, el Salto de Poveda, vecino a Peralejos...

Para acceder a estas maravillas hay cuatro puertas o puntos de información: Zaorejas, Poveda de la Sierra, Peralejos de las Truchas y Taravilla. Y para digerirlas, tres Centros de Interpretación de la Naturaleza: el primero que se abrió (en 2006) fue el de Corduente, toda una referencia y el más grande, un airoso pabellón de madera a fin de evocar precisamente el bosque. Un año después se construía el de Orea, sobre un antiguo sequero de piñas, orientado a los oficios del parque. El último se inauguró el año pasado en Zaorejas y está dedicado al río como alma y motor de la vida que bulle en derredor. A estos centros habría que sumar también el Museo de la Ganadería Tradicional del Alto Tajo, abierto también el pasado año en las antiguas escuelas de Checa; pueblo que recibe el apodo de la Ronda molinesa por sus casas asomadas al Cabrillas. Un total de once rutas generales y un sendero GR-10 están referidos al terreno a través de unos cuarenta paneles, más otras tantas placas. Además de nueve Georutas bien documentadas en sendos folletos muy cuidados.

También debe mucho a la pantalla el Parque Natural del Barranco del Río Dulce. Aunque esta vez a la pequeña pantalla: ahí rodó Félix Rodríguez de la Fuente muchas escenas de su serie televisiva El hombre y la tierra. El parque, creado en 2003 con una extensión de 8.481 hectáreas, consiste en una hoz labrada por el río en la Alcarria Alta, cerca de Sigüenza, formando escarpes y caprichos pétreos: abrigos, tormagales, setas, agujas...; no hubieran desentonado en sus perfiles algunos indios de Cine de barrio. No apaches, pero sí animales singulares y en peligro pueblan discretamente el barranco; entre los más esquivos, el águila perdicera (¡sólo queda una pareja!), el buitre leonado, el halcón peregrino... Por no hablar de zorros, corzos, jabalíes, garduñas, ginetas, tejones, nutrias...

Hay un Centro de Interpretación en Mandayona; uno de sus atractivos es que puede verse, en tiempo real, lo que ocurre en sendos nidos de águila perdicera y buitre, vigilados día y noche por cámaras espías. Y no hay que olvidar la componente humana; en este caso, la densa presencia de templos románicos o incluso poblaciones enteras de sabor medieval, como Aragosa y Pelegrina (entre las cuales discurre la garganta), o las más alejadas Palazuelos, Carabias o la propia Sigüenza.

El Hayedo de Tejera Negra fue el primero de la provincia en ser declarado Parque Natural (en 1978) y algo tuvo también que ver en ello el celo de Félix, y su serie. El parque, en términos de Cantalojas, es chico (1.641 hectáreas) y está conformado por los ríos Lillas y Zarzas, que nacen en el valle glaciar de la Buitrera. Encajonadas por afiladas cresterías, sus vaguadas abrigan entre otras cosas el bosque de hayas del Barranco de Tejera Negra, uno de los más sureños del continente europeo debido al microclima y al secular aislamiento del enclave. Hay un Centro de Interpretación y Educación Ambiental en la localidad de Cantalojas.

Este espacio pionero pronto quedará pegado al Parque de la Sierra Norte, que está en tramitación, y será el mayor de todos (124.637 hectáreas). Con él lindará también la actual Reserva Natural del Macizo del Pico del Lobo, e incluirá la Reserva Fluvial del río Pelagallinas. El futuro parque contará entre sus activos con el totémico Pico Ocejón y la llamadaRuta de los Pueblos Negros, conjunto de arquitectura de pizarra propuesto ante la Unesco para ser declarado Patrimonio de la Humanidad. Y es que resulta difícil separar los aspectos puramente naturales o geográficos del factor humano, de la ocupación del territorio. Aguas, piedras, árboles y plantas, animales y hombres son grumos de la misma masa orgánica, viva, agónica -en el sentido más unamuniano de lucha-; es lo que viene a decir Sampedro, al final del guión de la película (no en la novela): "Una cosa aprendí, que la vida y la muerte son los labios de la misma herida".