Palacios rurales: seis alojamientos en plena naturaleza para sentirte como un rey

Hoteles en el campo. Sí, pero a cuerpo de rey. Este bien podría ser el lema de los muchos hoteles que, repartidos por nuestra geografía, encuentran acomodo en palacios rurales que fueron construidos como residencia, habitual o de verano, de la antigua nobleza.

Silvia Roba
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Foto: Pablo Olivencia Ramos

Algunos fueron construidos para servir de residencia veraniega a los monarcas de turno. Otros para alojar a nobles (marqueses, duques, gente de postín), que marcaban territorio construyendo en aquel que dominaban una vivienda que pudiera reflejar bien su acomodado estrato social. Existen muchos palacios diseminados por toda España, algunos en medio de extensas fincas, otros en pequeños pueblos, quizá junto a la iglesia, todo un símbolo de poder.

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Este es el caso del Palau Macelli, un palacete del siglo XVII en el corazón de Castelló d’Empúries, en la comarca del Alt Empordà, en Girona. El nombre del hotel hace referencia a sus primeros propietarios, italianos de origen. Tras años de abandono hoy luce en todo su esplendor gracias a una cuidadosa rehabilitación. Se han podido conservar las arcadas del patio interior, especialmente romántico, en torno al cual se distribuyen 14 habitaciones.

El color blanco de las paredes y del mobiliario, de estilo mediterráneo, contrasta con el verdor del jardín. Es un lugar con historia, ya que se extiende sobre la acequia de un molino y el foso de las antiguas murallas de la villa medieval. Las plantas trepadoras tapizan los contrafuertes de la colindante Basílica de Santa María, a la vista de todos los que se decidan a pasar unas horas en la piscina, situada en la tercera planta. Las caballerizas del palacio, con sus muros de piedra, acogen hoy el spa que, bajo la tenue luz de las velas, transporta a los huéspedes a otras épocas.

Hospedería Teatrisso Cuzcurrita, Río Tirón (La Rioja) | Luis Abel Fallas

También ha sufrido un largo proceso de rehabilitación el hotel Mercer Torre del Remei, en pleno Pirineo catalán. Con vistas al Parque Natural del Cadí-Moixeró, sus 24 habitaciones y suites se reparten entre una masía y un palacete construido en 1910 por el arquitecto Calixto Freixa, discípulo de Antoni Gaudí, por encargo del banquero Agustí Manaut i Taberner, que se lo quiso regalar a su hija. Su exterior e interiores combinan elementos del neoclásico francés y del modernismo catalán. En su elegante restaurante, Carles Gaig reinterpreta la cocina tradicional con la mejor materia prima de la Cerdanya.

Casa de los Bates, Motril (Granada) | Pablo Olivencia Ramos

Respirar paz y naturaleza

El producto de proximidad manda en la cocina del restaurante Tella, en el Palacio de Luces, que fusiona recetas típicas de Asturias, donde se ubica, con sabores que nos transportan hasta las Indias. El motivo es sencillo: el edificio en el que se emplaza, del siglo XVI, perteneció durante muchas generaciones a la familia Victorero, que recibió el título de hidalguía por su participación en las batallas de la Reconquista. El descubrimiento de América llevó a algunos de sus miembros hasta México en busca de oportunidades y fortuna. Hoy es un hotel con mucho encanto, 44 habitaciones y estupendas vistas a la sierra del Sueve, Picos de Europa y el mar Cantábrico.

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A 40 kilómetros de Pamplona, Irurita es uno de esos pueblos que dan vida al mágico valle de Baztán. La naturaleza que lo envuelve y su extenso patrimonio artístico son los principales reclamos de esta localidad, que podremos conocer más a fondo alojados en el Hostal Palacio Jauregia, uno de los numerosos palacios cabo de armería construidos en Navarra entre finales del siglo XIV y principios del XV como hogar de los linajes más longevos del reino. Este en concreto es todo un monumento: a la torre medieval defensiva del siglo XIV se incorporó un palacio barroco cuatro centurias después. Los propietarios tienen documentada su titularidad desde el año 1437. Previa reserva realizan visitas guiadas por el interior del palacio, aunque lo mejor aquí es pasar la noche en alguna de sus tres luminosas habitaciones y desayunar después en el comedor, en la planta baja de la torre medieval.

JOSE ANTONIO CHAVERO MURILLO

Otro edificio con mucha historia es el Parador de Olite, en dicha localidad Navarra, que encuentra acomodo en la parte más antigua de uno de los conjuntos gótico-civiles más bellos de Europa, el llamado Palacio Viejo o de los Teobaldos. Su caprichoso y anárquico perfil, lleno de recovecos, torres, almenas, galerías y jardines es pura evocación de la Edad Media. El palacio, cuyos moradores eran los reyes navarros, estaba estructurado en torno a un patio interior, hoy reconstruido, al igual que los ventanales góticos de la fachada. Cuenta con 14 habitaciones, entre ellas la dedicada a Leonor de Trastámara, con dos camas con dosel y una chimenea original en piedra de mampostería y ladrillo, que dan a la estancia un auténtico ambiente medieval.

En el corazón de la Reserva de Urdaibai, el Castillo de Arteaga era solo, allá por el siglo XIII, una torre. Con el tiempo, el solar que ocupaba pasó a manos de Eugenia de Montijo, esposa del emperador Napoleón III, que quiso recuperarla en 1856 para, a partir de ella, construir una mansión de lujo para su hijo, Eugenio Bonaparte, reconocido como vizcaíno de origen. El resultado fue el palacio que podemos ver en la actualidad, obra de los arquitectos franceses Couverchef y Ancelet, con una espectacular torre neogótica, que se recorta, poderosa, en el paisaje sobre la ría de Gernika. Este es un alojamiento realmente especial, con siete habitaciones, seis suites y un restaurante que, a buen seguro, hubiera satisfecho el paladar de la emperatriz. En la carta encontramos sopa de cebolla, foie con toque de brasa, vieira a la sartén, rape negro…

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Con dos restaurantes —uno de cocina creativa, Bailara, y otro tradicional, Bistró IJH— cuenta el hotel Iriarte Jauregia, un palacio del siglo XVII ubicado en un precioso valle del interior de Guipúzcoa, a tan solo 30 minutos de la costa vasca. Un remanso de paz donde se funden todo lo viejo y lo nuevo, algo que también ocurre en dos alojamientos riojanos: la casa rural Palacio Condes de Cirac, un palacio del siglo XVI en piedra de sillería totalmente rehabilitado, que se puede alquilar entero, y la Hospedería Teatrisso, un palacete del siglo XVII que ha sido, además, teatro, cine, sala de baile y almacén de grano.

Mercer Torre del Remei, Bolvir (Girona) | Miquel Coll Molas

En la cima de una colina, desde la que se divisan Sierra Nevada y la vega de Motril, la Casa de los Bates, en tierras de Granada, nos regala una última estancia perfecta. En la casa principal, un palacete del siglo XIX de estilo italiano, se reparten sus cinco habitaciones, de nombres evocadores: Hierbabuena, Eucalipto, Ibiscus, Buganvilla y la junior suite Habana. Los salones, espaciosos y con chimeneas, son lugares ideales para la conversación y la lectura, aunque habrá quien prefiera pasear por su jardines, uno botánico del siglo XVIII y otro romántico, del XIX, conectados por una escalinata que culmina con dos grutas de coral. Por todas partes encontramos árboles centenarios —magnolios, araucarias— y tropicales. Hay mangos, caquis, aguacates… Atención, caprichosos: sus frutos pueden ser degustados al aire libre a la hora del desayuno. Un placer de reyes.