Otoño de senderismo y bicicleta en el Puerto de la Ragua

Desde el Puerto de la Ragua, situado a dos mil metros de altura sobre el nivel del mar, se divisa en días claros la mansa lámina del Mediterráneo. El mar se hace visible por un vértice minúsculo, como un triángulo pequeño dibujado en el horizonte.

Manuel Mateo Pérez
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Por las mañanas, cuando el sol se refleja sobre sus aguas, el Mediterráneo brilla como una plancha de plata. Por la tarde, con el sol más apagado, las aguas parecen manchadas por colores violetas y azulados, propios del atardecer. El mar es visible por mitad de un lugar donde el hombre trazó una frontera política que desde mediados del siglo XIX divide Almería y Granada. Estos días de principios de otoño el Puerto de la Ragua es un bosque de pinos cicatrizado por un puñado de caminos muy transitados por los amantes del senderismo y la bicicleta de montaña.

Del puerto, que constituye desde la antigüedad un paso natural entre las comarcas de la Alpujarra y el Marquesado del Zenete, parten dos carreteras hacia el sur. La carretera derecha conduce hasta los pueblos alpujarreños de Granada, y la carretera de la izquierda corre paralela al duro barranco por donde descienden las aguas de Sierra Nevada, camino de Bayárcal, el pueblo más alto de la provincia de Almería.

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Hay senderos bien señalizados que bajan hasta allí. Otoño es una buena estación para echarse al monte porque los calores han desaparecido y los fríos aún no han hecho acto de presencia. La nieve tampoco. Blanco y aterrazado como sus pueblos hermanos, Bayárcal se eleva por encima de los mil doscientos cincuenta y ocho metros de altura. En días de bruma y frío las nubes quedan por debajo del caserío, creando lo que los vecinos dan en llamar la ‘boria bayarquera’. Los alrededores del pueblo están salpicados de huertas y campos de frutales. Madura el manzano, el cerezo y el castaño, y en las paratas que el hombre ha conseguido equilibrar entre esta tortuosa naturaleza crecen frescas verduras y hortalizas que es costumbre vender en los mercados de estos pueblos. Incluso arraigan las vides cuyas uvas regalan un vino de mucho cuerpo y alta graduación, muy propio para beber en vaso corto siguiendo la costumbre del chateo.

Las casas de Bayárcal están unas encima de otras. Comparten techos planos y pizarrosos de donde florecen como llamas blancas chimeneas encaladas cuyos rompehumos –dos lajas juntas– constituyen un ejemplo que hermana toda la tradición arquitectónica alpujarreña. También es común en éste y otros pueblos de la comarca las iglesias de tradición mudéjar. Bayárcal posee una cuyo torreón aún muestra los balazos que los moriscos sublevados asestaron a la hora del asedio del templo, refugio de cristianos viejos.

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La Alpujarra de Almería, mucho más desconocida e ignota que la de su vecina Granada, se extiende en torno a una carretera que en sentido este conduce hasta los primeros brazos sedientos de Tabernas. Los senderistas que recorren este rincón del interior andaluz a pie o en bicicleta de montaña contemplan el contraste que conduce del verdor y la fertilidad del agua y de la alta montaña a las ramblas, barrancos y farallones sedientos que presagian las tierras áridas del único desierto de Europa. Paterna del Río aún pertenece al reino del agua y el verdor. Se halla a un lado de la carretera que desciende hasta Laujar de Andarax y se eleva por encima de los mil cien metros de altura, entre tupidos y valiosos bosques de encinas y alcornoques.

Paterna del Río posee cuatro barrios, fruto de su disposición medieval. En tiempo de los árabes la ciudad trazó calles y plazuelas mínimas que aún han derivado en el nombre de Barrio Alto, Barrio de Enmedio, Fuente del Castaño y Barrio de los Castillos. Un puñado de arroyos alimenta al río Paterna, cuya pendiente, superior al veinte por ciento, ha cincelado un valle encajonado, con forma de V. Al lado está la Fuente Agria donde el caminante recobra la fuerza de sus piernas con unas aguas ricas en hierro. A partir de aquí los caminos se multiplican, pero los más bellos bajan hasta Laujar de Andarax que es la capital de la comarca, tan blanca como sus pueblos vecinos, pero más grande y populosa. El senderista ha llegado a su destino.