El otoño de punta a punta y a pie: rutas para senderistas (III)

Te desvelamos los lugares a los que dirigirte para encontrar los mejores senderos de España

Andrés Campos
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Foto: Andrés Campos

Cascadas de Puente Ra (La Rioja)

Montañas de Setas

Espectaculares saltos de agua, robledales y hayedos deslumbrantes y setas para aburrir... El Alto Iregua, en la Sierra de Cebollera, lo tiene todo para ser feliz en otoño.

Los hayedos y pinares de la Sierra de Cebollera, en el montuoso sur de La Rioja, reúnen condiciones excelentes para inflarse a coger setas en otoño. No hay que ser un profesional para llenar la cesta de boletos, níscalos, pies azules, negrillas y pardillas en los bosques de Villoslada de Cameros, donde nace el río Iregua. Especialmente rico y bonito es el entorno de la ermita de Lomos de Orio, a 8,5 kilómetros de Villoslada. En la ermita, un lagarto tallado en cuerno de vaca recuerda que, en el año 1824, la Virgen salvó a un pastor de ser devorado por uno gigantesco, que él mismo había criado.

Andrés Campos

De desagradecidos está el infierno lleno... En este enclave apartado, bucólico y milagroso arranca la senda circular que lleva a las espectaculares cascadas de Puente Ra, atravesando un hayedo precioso. Se tarda un par de horas, por camino bien señalizado. No debemos olvidar llevar una cesta para ir echando las setas que encontremos en el camino. La recolección en la Sierra de Cebollera está regulada, permitiéndose un máximo de buscadores por día y zona. Los permisos, de cinco euros por persona, se obtienen en la página web micocebollera.com.

Guía

Dónde: ermita de Lomos de Orio, a 8,5 kilómetros del municipio de Villoslada de Cameros. Tipo de ruta: circular. Duración: dos horas. Desnivel acumulado: 290 metros. Dificultad: baja. Comer: Corona (Villoslada de Cameros, teléfono: 941 46 80 05). Dormir: Hospedería Sagasta (en la localidad de Torrecilla en Cameros, hospederiasagasta.com). 

Alameda del Parral (Segovia)

El paseo favorito de Machado

Un paseo por la orilla del Eresma en la capital segoviana, bajo la fronda otoñal de los chopos y los plátanos. Por el camino se ve, además, una barbaridad de monumentos.

Esta sencilla ruta a pie por el valle que baña el río Eresma al norte de la ciudad de Segovia es el paseo preferido de muchos vecinos que se oxigenan lejos de la multitud de turistas que visita todos los días el famoso acueducto. Uno que aquí solía pasear era Antonio Machado, que estuvo 13 años en esta ciudad dando clases en el instituto y a obreros pobres. Otoño es una época espléndida para caminar por la orilla del Eresma, viendo cómo viran del verde al amarillo los álamos y los plátanos de sombra.

Andrés Campos

Comenzaremos nuestro paseo admirando el antiguo convento de Santa Cruz la Real, obra de Juan Guas. Rodeando el edificio, descenderemos rápidamente por una costanilla empedrada (calle Escali Hospicio) hasta un puente sobre el Eresma, donde una lápida recuerda a Machado. Aguas abajo, veremos el monasterio de Santa María del Parral, erigido en 1447 por el marqués de Villena; la Real Casa de Moneda, la primera mecanizada de España, del siglo XVI, hoy museo; la iglesia de la Vera Cruz (1208), templo dodecagonal que es uno de los edificios más singulares del románico español; el convento de los Carmelitas Descalzos, en el que reposan los restos de San Juan de la Cruz, y el santuario de Nuestra Señora de la Fuencisla, patrona de Segovia.

Guía

Dónde: antiguo convento de Santa Cruz la Real, en Segovia, sede de IE University. Tipo de ruta: lineal. Duración: dos horas (ida y vuelta). Desnivel acumulado: 50 metros. Dificultad: muy baja. Comer: Restaurante El Ingenio Chico (elingeniochico.com). Dormir: Casa Villlena (casavillena.com). 

De San Sebastián a Pasajes (Guipúzcoa)

Ir a pie y volver en barco

A un lado del monte Ulía, la capital de Guipúzcoa. Al otro, su pueblo marinero más bello. Por el camino, la factoría Albaola y su réplica de la nao San Juan, del siglo XVI.

Entre Donostia y Pasaia (o, lo que es lo mismo, entre San Sebastián y Pasajes), por el monte Ulía, discurre un sendero de gran recorrido (GR 121) que también es camino jabobeo y geo-ruta. Hay letreros y señales de las tres cosas. Imposible perderse. El camino comienza subiendo por la calle Zemoriya hasta su final. Al desembocar en el peatonal Arbola Pasealekua, la exuberante vegetación se abre un poco, lo justo para obtener una vista tremenda de San Sebastián, con la playa de la Zurriola en primer término, detrás el Kursaal, detrás la isla de Santa Clara, detrás la Concha, detrás el monte Igueldo y detrás... Hasta el Ratón de Getaria, que dista 19 kilómetros, se ve.

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A medio camino se pasa por el faro de la Plata. Luego, por la factoría marítima Albaola (albaola.com), donde están construyendo una réplica fiel de un ballenero vasco del siglo XVI. Y, cruzando la ría en lancha, se termina en Pasai Donibane (Pasajes de San Juan), que es un pueblo marinero vasco de postal y un lugar idóneo para comer. A San Sebastián podemos volver en autobús (ekialdebus.eus) o, si el tiempo y nuestro presupuesto lo permiten, en el velero Lucretia (ostartesailing.com).

Guía

Dónde: calle Zemoriya (Zemoria Kalea), en San Sebastián. Tipo de ruta: lineal. Duración: dos horas y media (solo ida). Desnivel acumulado: 600 metros. Dificultad: baja. Comer: Casa Cámara (Pasai Donibane, casacamara.com). Dormir: Villa Soro (San Sebastián, villasoro.es). 

De Segóbriga a El Hito (Cuenca)

No es el Tíber: es el Cigüela

Un paseo por los campos que rodean los restos de la ciudad romana de Segóbriga, admirando la hoz del Cigüela y una laguna donde en otoño se reúnen miles de grullas.

Un circo para carreras de cuadrigas, un teatro para 2.000 espectadores, un estadio para 5.500, dos termas… Segóbriga era la ciudad romana más boyante de la Meseta Sur. Impresiona lo que se ve dentro del recinto vallado del parque arqueológico. Pero también vale la pena, y tanto, pasear por los campos del contorno, disfrutando de unos paisajes milenarios, intactos, que en esencia siguen siendo romanos. Eso sí: el río que los riega no es el Tíber. Es el Cigüela. Para ello, seguiremos el sendero PR-CU 63. No tiene pérdida: está señalizado con letreros y paneles informativos desde la puerta del yacimiento.

Andrés Campos

A cuatro kilómetros del parque, nos adentraremos en la hoz del Cigüela, un precioso cañón de roca caliza asombrado por álamos, fresnos y plátanos. Es un paraje sorprendente, de roca vertical y selva ribereña, más propio de la Serranía que de La Mancha conquense, muy conocido y frecuentado por los escaladores. En otros 7,4 kilómetros (12 desde Segóbriga y unas tres horas de camino, solo ida), llegaremos a la laguna de El Hito, humedal salino donde recalan e invernan infinidad de grullas y aves acuáticas. A finales de otoño, la laguna alcanza una superficie de 291 hectáreas, como 600 campos de fútbol. En verano se esfuma, como se esfumó la formidable Segóbriga.

Guía

Dónde: Parque Arqueológico de Segóbriga, a cuatro kilómetros de Saelices y 76 de Cuenca. Tipo de ruta: lineal. Duración: tres horas (solo ida). Desnivel acumulado: nulo. Dificultad: media-baja (lo único es que es una ruta larga: 12 kilómetros, sin contar la vuelta). Comer: El Vasco (Villarrubio, elvasco.es). Dormir: Finca La Estacada (Tarancón)

Dehesa de Somosierra (Madrid)

La más bonita del centro

Robles, abedules, mostajos, acebos y avellanos forman un bosque en el extremo norte de Madrid que no tiene nada que envidiar a los del Cantábrico. Dehesa Bonita la llaman.

Al sur del pueblo de Somosierra, en la umbría del cerro de la Cebollera Nueva, al húmedo arrimo del arroyo de la Dehesa, crecen más robles albares, abedules, mostajos, acebos y avellanos de los que pueden verse juntos en ningún otro paraje de la sierra madrileña. Paseando por esta magnífica floresta, que por momentos recuerda las masas nemorales de la cordillera Cantábrica, veremos yeguas blancas sesteando en el corazón de un rodal de acebos, frío y oscuro como una cripta; deambularemos bajo las bóvedas de crucería que fingen las ramas entrelazadas de miles de avellanos y admiraremos los troncos plateados de los abedules deslizándose hacia el sol por entre los brazos hercúleos de los robles, cual espadas refulgentes e inasibles de alguna leyenda artúrica.

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Dehesa Bonita la llaman, y no es vana lisonja. El camino arranca frente a la depuradora de Somosierra, tras un portillo peatonal que hay al otro lado de la antigua N-I. A los 150 metros se trifurca, debiendo seguir el ramal del centro para cruzar el arroyo de la Dehesa e incorporarnos a una pista forestal por la que subiremos hasta la Fuentefría. Aquí crecen algunos de los árboles más llamativos de la dehesa, incluido un abedul que se recuesta lánguidamente en el suelo, como un artístico banco. Y aquí nace el arroyo de la Dehesa, que seguiremos aguas abajo, por veredas de ganado, para volver al punto de partida.

Guía

Dónde: estación de aguas residuales de Somosierra. Tipo de ruta: circular. Duración: dos horas. Desnivel acumulado: 240 metros. Dificultad: baja. Comer: La Posada de los Vientos (La Acebeda, laposadadelosvientos.es). Dormir: Artesa Suites & Spa (Santo Tomé del Puerto, artesasuites.com). 

Desfiladero de las Xanas (Asturias)

El cares, en miniatura

Un camino tallado en la roca vertical permite avanzar por este desfiladero de la sierra del Aramo. La comparación con la garganta más famosa de Asturias, la del Cares, es obligada.

Las ninfas de la mitología asturiana, las xanas, dan nombre a un desfiladero que ha sido labrado por el arroyo del mismo nombre sobre la masa caliza de la sierra del Aramo, en la zona central de la región, cerca de Oviedo. Es una garganta no muy larga, de dos kilómetros, pero bien profunda, de hasta 500 metros, con un único camino que la recorre a media altura, esbozo de una carretera que quedó inacabada en los años 30 del pasado siglo para goce y disfrute de los actuales senderistas. Ni se acerca a los 2.000 metros de profundidad de la famosa garganta del Cares, pero tiene un aire. Y no la visitan multitudes: no es una romería. Por eso, y porque es ideal para andar con niños, al desfiladero de las Xanas se le conoce como el mini Cares. En otoño, avellanos, fresnos, tilos, mostajos, olmos, hayas y castaños lo hacen aún más guapu.

Andrés Campos

El paseo se inicia en el área recreativa de las Xanas, entre Villanueva y Tuñón, y concluye en la aldea de Pedroveya dos horas después, buena parte de ellas siguiendo un camino horadado cual galería de carcoma en la alta pared, al borde del precipicio, sin posibilidad de pérdida ni atajo. Y sin más distracción que escuchar las rugientes cascadas en que se desmelena, allá abajo, el autor de tanta belleza: el arroyo de las Xanas.

Guía

Dónde: área recreativa de las Xanas, entre Tuñón y Villanueva, a 20 kilómetros de Oviedo. Tipo de ruta: lineal. Duración: dos horas (solo ida). Desnivel acumulado: 400 metros. Dificultad: baja: Comer: L’Esbardu (Proaza, lesbardu.es). Dormir: Casona de Don Santos (casonadedonsantos.es).