Oleoturismo en hoteles singulares

El oro líquido marca nuestros pasos en un viaje que nos lleva a través de España para descubrir paisajes de olivos y antiguas almazaras hoy reconvertidas en hoteles que no se olvidan de su pasado. Historia, cultura y gastronomía conviven en ellos. Son lugares para descansar pero también para aprender: todos los secretos que guarda el aceite nos serán revelados.

Silvia Roba
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Foto: PHOTO ALBERTO PAREDES

Primero, unas nociones básicas. El oleoturismo consiste en descubrir rincones especiales y destinos a través de uno de los productos que mejor define nuestra gastronomía. El aceite es una de las grandes riquezas de España, que cuenta con el mayor número de olivos del mundo, en total, 340 millones, repartidos por buena parte de su geografía.

Estos viajes temáticos, llenos de sabor y aromas, nos permiten también conocer todo su proceso de elaboración. Así lo explican en LA Organic, marca pionera en la producción de aceite de oliva ecológico en nuestro país, que ofrece un recorrido por sus olivares de Ronda, además de la posibilidad de recoger la aceituna en temporada, ver en directo cómo se trabaja y participar en una cata.

Masía La Mota, Alcoy (Alicante) | D.R.

Todo ello con un aliciente añadido: dormir en un cortijo del siglo XIX, restaurado por Stefano Robotti, arquitecto y colaborador de Philippe Starck, quien ha diseñado una almazara ecológica, con un gran cuerno y el ojo de Picasso, que espera estar en funcionamiento en 2023. El hotel cuenta con habitaciones deluxe y suites, de estilo minimalista, y un gran porche desde donde se contempla una estupenda panorámica de la sierra de Grazalema. También LA Organic dispone de olivares y de alojamiento en Mallorca.

En medio de la naturaleza, en el centro de la isla, abre sus puertas Finca Son Miranda, un agroturismo lleno de arte, con interesantes obras de artistas contemporáneos. Las suites aquí tienen nombres de maestros universales (Velázquez, Tàpies, Sorolla…) a los que seguro que les hubiera encantado visitar su molino y participar en alguna cata de aceite al aire libre.

La Torre del Visco, Fuentespalda (Teruel) | D.R.

Seiscientos olivos tiene otro agroturismo del archipiélago balear, Can Domo , que produce un aceite de oliva virgen extra ecológico de categoría superior, elaborado con aceitunas de las variedades arbequina y picual. Perfecto para todos esos “exploradores de placeres” a quienes abre sus puertas este alojamiento, con habitaciones de marcada esencia mediterránea y un restaurante cuya carta varía en función de las estaciones.

Para iniciarse en el mundo del oleoturismo una buena idea es visitar el Museo del Aceite, abierto en 2004, del Molino del Medio, en la sierra de Gata (Cáceres), una almazara medieval que hoy es una casa rural. Conserva la maquinaria original, sistemas de medida, lámparas y aceiteras de todas las épocas, tinajas y útiles para la recolección de aceitunas. Muy cerca nos espera Hábitat Cigüeña Negra, acogedor refugio de 12 habitaciones rodeado de encinas, alcornoques y olivos. Cuenta con su propia almazara, que produce aceites de oliva virgen extra ecológicos que se pueden degustar in situ.

Tossal d'Altea, Altea (Alicante) | Lars ter Meulen

En la sierra de Loja, entre Granada y la Costa del Sol, La Bobadilla es lo que hoy podríamos definir como un hotel destino, uno de esos alojamientos que justifican cualquier escapada. Situado justo en medio de un inmenso olivar, sus estancias nos recuerdan a las de un palacio nazarí. Es uno de los mejores representantes de la filosofía slow travel de España, donde lo mismo puedes disfrutar del menú degustación Artesanos del Sabor, elaborado por el chef Pablo González en el restaurante La Finca, que de una de sus apetecibles experiencias.

Molino La Nava, Montoro (Córdoba) | D.R.

Una de ellas es Oil Tasting, que permite a los huéspedes asistir al proceso de producción del aceite y participar de todas sus fases, desde plantar un olivo hasta la cata final. Incluye la posibilidad de experimentar los beneficios del aceite de oliva en la piel a través de tratamientos como el Olive Supreme, a base de aceite de oliva hojiblanca y sal marina. Los paisajes del olivar de Andalucía esperan ser reconocidos en 2023 como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En Molino La Nava, en Montoro, Córdoba, podemos profundizar aún más sobre el tema. Construido en el siglo XVIII, lo que hoy es un hotel en su día fue un molino aceitero. Para recordarlo están sus habitaciones, con nombres de variedades de aceituna (picudo, royal, cornicabra…).

La Caminera Club de Campo, Torrenueva (Ciudad Real) | D.R.

Otra opción muy recomendable es dormir en la habitación Aceite de La Garriga de Castelladral, una masía en Barcelona que aún conserva la prensa de su vieja almazara, o en las suites penthouse Hojiblanca y Picual del Hotel Cresol, un antiguo molino de aceite del siglo XVIII situado precisamente en Calaceite (Teruel).

En la comarca del Matarraña a la que pertenece se produce un aceite de oliva virgen extra procedente de aceitunas de las variedades empeltre y arbequina que se puede saborear a la hora del desayuno. Para saber más sobre este exquisito bien gastronómico de la zona podemos apuntarnos a la Experiencia del Aceite de La Torre del Visco, con sesiones en las que nos explican desde cómo se realiza la cosecha hasta el momento del prensado.

Molino del Medio, Robledillo de Gata (Cáceres) | D.R.

Los secretos del oro verde es el nombre de la experiencia que ofrece a sus huéspedes La Caminera Club de Campo, en Ciudad Real. Un paseo guiado por un experto para descubrir los secretos de los olivos de la finca y sus variedades —arbequina, picual y cornicabra— que incluye visita privada y cata a una almazara de la zona y acceso al Elaiwa Spa by L’Occitane, donde es posible recibir el masaje del Olive Oil Spa Sommelier. Imprescindible: llevarse a casa una botella de aceite como regalo. Algo que también podemos hacer en otros hoteles con producción propia como Mas La Boella , en Tarragona, y la Masía La Mota, junto al Parque Natural de la Font Roja (Alicante).

Rumbo al mar, una última recomendación: Tossal d’Altea, instalado en una casa de labranza que ejercía como almazara con 300 años de antigüedad. Un molino, con su piedra de molido, preside el salón principal del hotel, que además conserva dos prensas. En la carta del restaurante predomina la cocina mediterránea. Como entrante siempre, olivas variadas.