Las noches en blanco de Rueda

En la temporada de la vendimia nocturna en la D.O. Rueda, la caída del sol deja paso a un excepcional paisaje donde las luces que parpadean en los viñedos se confunden con las constelaciones de la noche cerrada vallisoletana.

Estela Pérez
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Foto: Estela Pérez

El final de las noches de verano se acerca, sigiloso, a las extensas llanuras de Castilla y León. Las primeras brisas del otoño se deslizan entre los campos de La Seca, Rueda, Serrada y Rubí de Bracamonte, recordando a viticultores y enólogos que es hora de vendimiar. Las temperaturas bajas se han rezagado este año, pero las uvas avisan: jugosas, dulces y frescas están listas para dejar el terruño y dar lo mejor de sí mismas en mosto para bodega. La variedad verdejo reina sobre todas las demás en los viñedos que pueblan el paisaje rural de Valladolid. Esta uva blanca, esencia de los vinos de la D.O. Rueda, es tan compleja como delicada y necesita un trato especial. Desde finales de agosto a principios octubre -según cómo se haya portado el tiempo ese año-, la verdejo se prepara para una vendimia muy peculiar. El equipo al completo de las bodegas de la D.O. Rueda coge fuerzas para los días insomnes que tienen por delante, ya que el trabajo se intensifica cuando se esconde el sol. Comienza la temporada de vendimia nocturna en la D.O. Rueda, una peculiar dinámica que nació hace más de 15 años.

Los caprichos nocturnos de la verdejo

Estela Pérez

Una vez que los racimos alcanzan su momento óptimo, las bodegas de la D.O. Rueda esperan a que comience la noche. En la Bodega Diez Siglos, cuando llega el ocaso, dirigen las enormes cosechadoras a los viñedos. Las gigantescas ruedas avanzan por los suelos cascajosos, de cantos rodados procedentes de la acción del río Duero, y atraviesan las hileras de las viñas en espaldera. Sandra Martín Chivite, enóloga de la bodega, va dando el visto bueno al paso por cada hilera. Antes de que llegue la cosechadora, prueba las uvas. La cepa tiene que estar limpia y las hojas deben seguir verdes. Las uvas idóneas son jugosas, presentan un verde brillante y la piel debe desprenderse con facilidad. Cuando su experto paladar da el visto bueno, una por una, las máquinas van recolectando la fruta, con una asombrosa precisión que deja los racimos limpios, sin apenas tocar el resto de la cepa. Antonio de Iscar, viticultor y director general de Diez Siglos, recuerda como hace años la vendimia estaba en manos de cuadrillas de mozos del pueblo y alrededores, llevando a cabo el duro trabajo a mano. Durante todo el proceso, un veedor del Consejo Regulador de la Denominación de Origen se asegura de que todo el procedimiento de vendimia se hace correctamente, conforme a las normas establecidas que garantizan la calidad de los vinos, cumpliendo las condiciones sanitarias, sin exceder la producción permitida y con un transporte adecuado. Las jornadas de vendimia nocturna pueden durar hasta las 10 de la mañana, siempre y cuando el sol no sea muy incisivo. Bajo la omnipresente oscuridad, las cosechadoras repiten viajes constantes desde los viñedos a las bodegas, donde descargan las enormes bañeras de kilos y kilos de verdejo. Una vez allí, se recogen y comienza el ‘sangrado’, un proceso en el que se quiebra la fruta y se obtiene el primer mosto para su maceración. Dependiendo de las hectáreas y la producción de la bodega, los días de vendimia nocturna pueden alargarse de siete días a un mes. En estos días, las bodegas nunca cierran. Por las noches, se vendimia y durante el día se hace el vino

Estela Pérez

Si hay algo que caracteriza a la verdejo son los contrastes. Su expresión en el vino es un conseguido equilibrio entre una envolvente dulzura frutal que perfilan con matices ácidos. El azúcar llega a la uva con la calidez del sol, la acidez lo hace con el frío de la noche. Un clima mediterráneo, con un marcado salto térmico, que cumple a la perfección la meseta vallisoletana. Pero eso no es todo. La uva, por su tipo de piel y color, es muy sensible a la luz. Además, desde su recogida hasta que se lleva a prensa, requiere una atmósfera inerte para mantener sus propiedades organolépticas, si bien el frío impide su oxidación, garantizando que pervivan los aromas primarios de la uva -los inconfundibles herbáceos y anisados-, para que no dejen de aportar frescor en copa. 

Estela Pérez

El resultado final de este singular trabajo se decantará directamente en copa. La añada de esta cosecha, que enólogos y bodegueros auguran como Excelente, se podrá probar en unos meses, en función de la crianza que se quiera dar al vino. Los verdejo jóvenes, serán los más rápidos en descorcharse, llegando a la mesa entre noviembre y diciembre de este mismo año.