Un día con los niños en el Serengueti manchego

El Parque Nacional de Cabañeros, a menudo comparado con la sabana africana, es una excursión perfecta para pequeños y mayores

Noelia Ferreiro
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Foto: Vicente Méndez / GETTY

No es tan salvaje ni tan abrumador como el parque de Tanzania, icono por antonomasia de los famosos safaris. Tampoco tiene, obviamente, familias de elefantes ni furtivas manadas de leones al acecho de cebras y ñus. Pero por sus sus extensas llanuras de matorrales dispersos, por su conmovedor paisaje salpicado de acacias solitarias recortando el horizonte y por sus atardeceres de fuego tan similares a los que acontecen en África, al Parque Nacional de Cabañeros se le ha denominado el Serengueti manchego.

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Encajado entre Ciudad Real y Toledo, sus 40.856 hectáreas protegidas lo convierten en uno de los espacios naturales más relevantes de la Península Ibérica. Y no sólo por tratarse del mayor representante del bosque mediterráneo, sino también porque en él habita otro tipo de fauna acaso menos exótica, más de nuestras latitudes, pero no por ello menos bella y valiosa. Hablamos de jabalíes, corzos, jinetas y gatos monteses que caminan entre la espesura, mientras que por los aires aletean rapaces tan emblemáticas como los buitres negro y leonado  la majestuosa águila imperial, la más protegida, puesto que se trata de una especie única en España.

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Escenario de la berrea del ciervo

Con todos estos ingredientes, Cabañeros es el lugar perfecto para pasar un día emocionante en familia. Especialmente ahora en otoño, cuando el parque registra su estación álgida puesto que en él se puede puede disfrutar de uno de los grandes espectáculos de la naturaleza: la berrea del ciervo.

Porque lo que no hemos dicho aún es que el venado es el auténtico amo del parque, puesto que existen en torno a unos 3.500 ejemplares. Y ahora que tiene lugar su periodo de celo, da comienzo de las escenas más impactantes del mundo animal. Aproximadamente hasta mediados de octubre, los visitantes podrán asistir al bellos cortejo amoroso de los machos para ganarse el favor de las hembras y poderse perpetuar.

Los ciervos compiten entre sí a través de un estruendo sonoro. Y nada puede resultar más privilegiado para los niños que escuchar los bramidos de sus atronadoras gargantas que retumban por toda la llanura. En ocasiones incluso se enzarzan en feroces refriegas con los cuernos, pero sin llegar a matarse.

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Visitas guiadas

En Cabañeros se puede asistir fácilmente (y muy de cerca) a esta escena visual y auditiva. Porque en estas fechas existen visitas guiadas, acompañadas por un intérprete experto, y a bordo de vehículos todoterreno con los que la familia al completo puede acceder a las mejores zonas. Un recorrido de tres horas por las entrañas de este parque que es ideal para descubrir, tanto en 4x4 como caminando a través de sus rutas de trekking, en cualquier época del año.

A sus dehesas de encinas y alcornoques y a sus vastas extensiones de coscoja, enebro, jara y tomillo, que compiten en perfumar el ambiente, se suman las dos grandes formaciones que hacen de este rincón un enclave único: los montes de suaves ondulaciones que dibujan crestas y pedrizas con el naciente de arroyos y riachuelos; y la raña, que son inmensas llanuras a las que la acción del hombre ha transformado en cultivos de cereal, de tal modo que han adquirido una identidad propia.

Es precisamente este paisaje de arbolados dispersos, bajo el que prosperan los pastizales, el que se ha ganado su comparación con la sabana africana.

 

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