El museo mallorquín de las maravillas: ¿aún no lo conoces?

El plan que no te esperabas en Alcúdia, Mallorca: un museo al aire libre en un entorno natural protegido que es patrimonio autonómico de las Islas Baleares. Te contamos nuestra experiencia en el Museo Sa Bassa Blanca entre criptas subterráneas, parques de esculturas XXL, la mayor colección de retratos de niños del mundo y un jardín con más de 100 variedades de rosas

María Escribano
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Foto: Museo Sa Bassa Blanca

Aterrizamos en el aeropuerto de Palma y nos recibe una de las obras del matrimonio Jakober-Vu, el Ánfora, un aperitivo de 15 metros de altura del tipo de arte que nos encontraremos en su base de operaciones, situada en ese impresionante bocado a la isla que es la bahía de Alcúdia, el Museo Sa Bassa Blanca (que se podría traducir como la Balsa Blanca).

En un paraje natural

Nos aproximamos a este inesperado lugar situado a ocho minutos de la población de Alcúdia, en la zona nordeste de la isla de Mallorca, a través primero de una carretera asfaltada y después, de una pista de tierra prensada que cruza un bosque. Estamos en territorio de la colina de la Victoria, donde las cabras salvajes mallorquinas salen a nuestro encuentro y los machos nos miran con sus impresionantes cuernos abiertos en espiral. Estamos en un paraje natural protegido, clasificado como Área Natural de Especial Interés en 1991, lo que imposibilita cualquier construcción futura. Y todo gracias a la fundación creada por Yannick Vu y Ben Jakober hace casi 30 años (en 2023 se cumple el aniversario).

La especial ubicación del Museo Sa Bassa Blanca.  | Museo Sa Bassa Blanca

Esta figura de protección no es la única con la que cuenta el museo. La finca Sa Bassa Blanca está clasificada como patrimonio autonómico de las Islas Baleares en 2016 y en su interior cuenta con un Bien de Interés Cultural, una cúpula mudéjar de madera dorada que viene de una antigua capilla de Tarazona de finales del siglo XV.

Esta pieza es una de las miles que el matrimonio de artistas formado por Yannick Vu y Ben Jakober ha ido adquiriendo a lo largo de 50 años y con las que han formado este lugar especial llamado Sa Bassa Blanca, que primero fue su residencia tras llegar a la isla balear en plena época hippy. “El coleccionismo es una horrible enfermedad que termina solo con la muerte o con la quiebra”, bromea, pero con seriedad Ben.

De Aljibe a refugio de 'Nins'

La historia de cómo pasó de casa a museo es más sencilla de lo que parece, nos cuenta el propio Ben Jakober. No hubo delirios de grandeza, simplemente fueron acumulando cuadros que ya no cabían en la casa. Las necesidades artísticas hicieron crecer el sitio. “Un día teníamos siete u ocho retratos de niños”, explica. Tras la muerte de su hija Maima a los 18 años en un accidente de moto, adquirir retratos de niños se convirtió en una manera de lidiar con el dolor de su pérdida. La colección fue subiendo hasta los 165 actuales, 50 de ellos expuestos en lo que era el antiguo aljibe de la vivienda, hoy transformado en espacio expositivo que alberga la colección Nins.

Colección 'Nins' en el antiguo aljibe de la finca.  | Museo Sa Bassa Blanca

La colección Nins es la mayor colección de retratos de niños del mundo, un recorrido por las principales casas reales y aristocráticas de Europa (hay una zona dedicada a Inglaterra, otra a Italia, a Francia, a España, a la familia Médicis…), un congelar en el tiempo esas “miradas de los niños que iban a reinar, sus intensas miradas”, nos explica Jakober.

Esculturas animales XXL para invitar a los peques a amar el arte

Salimos del aljibe expositivo para subir a un buggy que pilota el propio Ben y con el que recorremos el Parque de Esculturas, el verdadero museo al aire libre de este lugar. Esculturas de animales gigantes nos sorprenden entre cada árbol, casi todas realizadas por Ben y Yannick. Hay más de 50, de granito y bronce, entre las que destacan perros, toros, cabras, varios rinocerontes (el de 3D en bronce es espectacular) y hasta un kraken de siete metros. Y es que el matrimonio sigue creando a sus 91 y 79 años, respectivamente. “Seguimos haciendo obras, no las grandes, pero sí en maquetas que luego otros amplían”, nos explica Ben.

Escultura 'Elephant' realizada en 2007 por Ben Jakober y Yannick Vu.  | Museo Sa Bassa Blanca

También hay varias construcciones megalíticas, como las Estelas del Sol, a las que se accede tras traspasar unas puertas de granito recién instaladas de Michael Prentice, uno de los patronos honoríficos de la fundación como lo es también el actor Michael Douglas, visitante asiduo al museo junto a su mujer, Catherine Zeta-Jones. El lugar es un paraíso para los instagrammers y también para los amantes del pícnic, ya que es posible comer en algunas zonas.

Esculturas 'What goes up', de M. Prentice, 1982; 'Doorway to Heaven', de Jakober y Vu, 2021; y 'Kraken', de Jakober y Vu, 2016. | Macià Puiggròs Noguera

Entre los olivos y otro tipo de árboles que nos dan sombra en este viaje en buggy nos topamos con un algarrobo que es en sí una obra de arte. Se trata del Árbol de los Deseos, una obra de Yoko Ono (que tiene varias piezas en el museo y que ha sido también visitante asidua), que invita a los paseantes a escribir sus deseos en un papel y atarlos a sus ramas.

Otra obra, The Shrine, ubicada en un antiguo molino de agua del siglo XIX, ahora sin aspas, invita a reflexionar sobre la conservación del medioambiente y el reciclaje, una de las grandes preocupaciones del matrimonio formado por Yannick y Ben. Dentro, y creada por un grupo de artistas de Marrakech llamado Z’bel Manifesto, incluye todos los desperdicios que genera la localidad de Alcúdia en un día.

Sokrates, el gabinete de curiosidades subterráneo

Llegamos hasta Sokrates, otro espacio bajo suelo en el que se propone un diálogo entre la antigüedad y la modernidad, una reflexión sobre el espacio-tiempo a través de la fórmula de Einstein que define la relación entre estas dos dimensiones.

Interior del espacio Sokrates.  | Gabriel Barceló

En Sokrates dialogan el esqueleto fosilizado de un rinoceronte lanudo siberiano del Pleistoceno Superior, que Ben trajo de Siberia, con una cortina de 10.000 cristales de Swarovski, donada por los dueños del imperio de joyas de lujo. A su vez, dicha cortina, a modo de cielo artificial, dialoga con el cielo real que se trasluce a través de las escaleras de entrada al espacio. Al fondo, una reflexión en azul para todo visitante: fundamental entrar en la sala oscura donde se encuentra la obra Juke Blue del artista James Turrell.

Huerto de la casa. | Museo Sa Bassa Blanca

Tanto Yannick como Ben buscan un lazo entre las piezas de su colección y esa unión es muy palpable en este gabinete. Ambos impregnan todas sus obras de su visión del arte creando su visión del mundo. Una visión del arte que tienen desde bien pequeñitos. Yannick nos confiesa entre risas: “Siempre pinté desde pequeñita. Ya vendía mis dibujos en la entrada de mi casa y pedía el dinero que me permitía comprar helados de pistacho”.

Vista aérea del espacio Sokrates.  | Museo Sa Bassa Blanca

Antes de entrar en la joya de la finca, la casa diseñada por el arquitecto egipcio Hassan Fathy en un periodo de algo más de 10 años (desde finales de los 70 hasta principios de los 90), pasamos por el huerto experimental y el jardín con más de 100 variedades de rosas (imaginen la fragancia), dos de los espacios que cuentan con el sello de Yannick. Desde que la artista llegara a la isla, en un mes de mayo, comenzó su pasión por la jardinería, pasión que hoy continúa, según nos cuenta: “Todas las mañanas hasta las 10:00 estoy en el huerto. Es algo que no se tiene que perder”. “En Saint-Paul-de-Vence [donde nació y se crio en la Costa Azul] tenía un jardín y ahí surgió mi afición. Había jardines de rosas en toda la zona”, añade.

Un edificio único

Entramos en la casa diseñada por Hassan Fathy, un tesoro en forma de ribat realizado por este pionero de la edificación sostenible y cuyos suelos de antiguos azulejos adquiridos por Yannick y Ben en lotes de mercadillos entremezclados con losas de terracota ya nos cautivan.

Vista aérea de la casa tipo 'ribat' diseñada por Hassan Fathy.  | Museo Sa Bassa Blanca

El matrimonio eligió al arquitecto egipcio tras leer un artículo en febrero de 1978 sobre Fathy en la revista francesa L’Architecture d’Aujourd’hui. Llamaron al director de la revista, Marc Emery, para preguntarle cómo contactar con Hassan y la casualidad o el destino quiso que el arquitecto estuviera justo en ese momento sentado junto a Emery. En sus primeras ideas sobre la casa, el matrimonio llegó a mandarle algunas premaquetas de sus ideas a Fathy, a lo que él contestó: “Están muy bien, pero yo creo que puedo hacerlo mejor”.

Sala de conferencias. | Museo Sa Bassa Blanca

“Empezamos a reformar la casa de payés en ruinas que había aquí en 1978”, nos explica Ben sobre el año de partida de la transformación. “La idea era hacer una construcción con patio interior”, añade. Y lo consiguieron. La mejor manera de acercarse al proceso de creación de este edificio es a través del libro Extravaganza, o el otro Hassan Fathy. Sa Bassa Blanca, escrito por la historiadora y arquitecta Leïla el-Wakil y que se puede adquirir en la tienda del museo. Ella es la que explica cómo la ubicación no está elegida al azar: “En las horas más calurosas del día, la brisa marina sopla en dirección a la tierra; por la noche, el fenómeno se invierte”. Comprobamos esta maravilla térmica nada más entrar en el edificio, un edificio que guarda grandes sorpresas.

Por un lado están las obras de Domenico Gnoli, el artista casado con Yannick hasta la muerte prematura de este con 37 años, y las del padre de Yannick, el también artista Vu Cao Dam. Yannick ha querido recrear sus recuerdos junto a su padre en una de las salas de la casa, de ahí que además de sus cuadros sobre papel de seda y sus famosas esculturas se encuentre también su caballete de pintura original y su silla. Junto a ellos, una gran alcoba marroquí, salas de estar y antiguos comedores repletos de cuadros realizados por aborígenes, referentes africanos, genios como Miquel Barceló (y su también una obra de su hija Marcella), Joan Miró, Rebecca Horn… En general, una completa colección de arte contemporáneo compuesta por obras de diferentes continentes.

Sala África, con el misterioso zapato... | Museo Sa Bassa Blanca

Un enorme zapato capta nuestra atención en una de las salas, zapato que guarda un secreto que merece la pena desvelar in situ, pero todo el interés se lo lleva el artesonado mudéjar del XV que decora el techo del que era el dormitorio de la pareja, en el torreón, Bien de Interés Cultural del Patrimonio de las Islas Baleares. También es de interés cultural, aunque no esté catalogado como tal, la biblioteca de la casa. Distribuida en dos niveles, cuenta con una gran colección de libros entre los que vuelven a intercalarse obras de arte, como los dos obeliscos hechos con chips de ordenadores por Ben y su rueda de libros que giran llamada Leer con prisa.

Celosías de 'mashrabiya'.  | Macià Puiggròs Noguera

En varias salas de la casa las celosías de mashrabiya, que permiten ver sin ser visto, transportan al visitante a la arquitectura árabe tradicional. Las celosías del balcón en el antiguo comedor son, junto con el artesonado, las obras maestras de la casa y las que más demuestran la importancia del trabajo artesanal que tanto Hassan Fathy como Yannick y Ben defienden.

El patio mudéjar

Salimos a la terraza de esta casa encalada al estilo mediterráneo para encontrarnos con la sorpresa final, su patio interior, que admiramos desde la altura con sus fuentes no alineadas adrede (solo Alá es perfecto), sus estanques, sus albercas, un pequeño teatro al aire libre en la zona oeste, sus palmeras, sus jacarandas, sus limoneros, sus plantas aromáticas… Un jardín mudéjar al más puro estilo Generalife. Este patio es uno de los sitios favoritos de Ben: “Al atardecer me voy al patio, miro su arquitectura y digo: ‘Gracias, Hassan, gracias, Hassan’, porque es un genio”.

Patio del edificio Hassan Fathy. | Museo Sa Bassa Blanca

Un 'brunch' entre espejos

Finalizamos la visita con una comida en su recientemente inaugurado Café La Paloma, una terraza de espejos con zona cubierta y otra descubierta que ahora permite completar la visita al museo con sus delicias gastro. Aquí el concepto de kilómetro cero pasa a convertirse en metro cero, ya que muchos de los platos se elaboran con las verduras que se cultivan en el huerto contiguo.

Café la Paloma.  | Museo Sa Bassa Blanca

Y damos fe de ello, ya que el propio chef nos enseñó a primera hora los rábanos, lechugas y tomates que luego incorporó en una ensalada ideada por la propia Yannick, que también pone su arte al servicio de la carta del restaurante… y le añade su toque vietnamita a través de un encurtido hecho con rabanitos, unos pickles. Lo ideal, y gustoso, es ir a probar los platos al museo, pero Yannick ya prepara un libro de recetas para compartir todo su saber culinario más allá de estos muros.

Vista del Café la Paloma y entrada de la casa.  | Museo Sa Bassa Blanca

Mientras abandonamos el recinto, nuevas piezas de porcelana (unos jarrones inmensos y pesados) llegan para ser colocados en una de las salas del museo, un ejemplo más de que Sa Bassa Blanca nunca descansa y está en continua evolución, como Yannick y Ben.

CÓMO VISITAR LA CASA Y EL MUSEO

El museo se puede visitar de miércoles a sábado de 10:00 a 18:00 (las salas de exposiciones cierran de 14:00 a 15:00), y los domingos, de 10:00 a 15:00. El edificio Hassan Fathy solo se puede ver con visita guiada. Y hay algunas instalaciones más que requieren una pequeña excursión hasta el Observatorio, a unos 15 minutos del museo. Dentro de este, una Cámara Oscura le refresca al visitante cómo nacieron el cine y la fotografía. Más info en visitas@msbb.org.