Mercados y casco histórico de Palermo

La capital siciliana no decepciona al viajero que busca pintorescos mercados y acogedoras trattorias. Pero hay más: esta urbe con 650.000 habitantes también esconde locales de diseño y lujosos hoteles.

Carmen Dorr

Para empaparse del espíritu de Palermo, nada mejor que un largo paseo por alguno de sus célebres mercados. El más típico es de la Vucciria (Piazza Caracciolo) (1), mientras que el de Ballarò (Via Ballarò) (2) es el preferido por los habitantes de la ciudad. Lo ideal es acudir a primera hora de la mañana, cuando los vendedores vocean ofreciendo sus mejores mercancías: lustrosos pulpos y peces espada, resplandecientes tomates y aromáticas especias que dan fe de la potente influencia árabe en el recetario de la mayor isla del Mediterráneo. Y con el apetito a punto tras el recorrido por el mercado, llega la hora de disfrutar de un almuerzo sencillo y típicamente siciliano en alguna de las populares foccacerie (tradicionales casas de comidas), donde lo más habitual es elegir entre los numerosos platos del día del mostrador y buscar un hueco, bandeja en mano, en los animados comedores. Compartir mesa con unos desconocidos forma parte de una experiencia suculenta y económica (el precio por comensal rara vez rebasa los 10 €).

La muy concurrida Foccaceria del Massimo (Via Bara all''Olivella, 76), (3) situada junto al magnífico teatro de la ópera, ofrece un estupendo bufé de antipasti y buenas recetas de pasta. Otra opción es la Antica Foccaceria di San Francesco (Via Alessandro Paternostro, 58) (4), una institución local que abrió sus puertas en el año 1834 y, según cuentan, llegó incluso a albergar reuniones del Parlamento siciliano. Aquí la especialidad son los bocadillos de tripa de ternera, muy apreciados por los lugareños. aunque no aptos para todos los paladares.

Con la caída de la tarde llega la hora del aperitivo, un ritual en toda Italia. La costumbre es pedir la bebida y picotear libremente de una amplia variedad de tentempiés. En el bar del Palazzo Riso, que alberga el Museo de Arte Contemporáneo (Via Sant''Anna, 21) (5), se da cita cada jueves en torno a las 19 horas lo más cool de la sociedad palermitana. El ambiente sofisticado y a la última, a menudo amenizado por los mejores dj''s, resulta ideal para disfrutar de un campari acompañado por taboulé y bocaditos de ricotta.

Es imperdonable abandonar Palermo sin explorar las trattorias del decadente casco antiguo, donde resulta recomendable atreverse con el variado recetario local. La Casa del Brodo (Corso Vittorio Emanuele, 175) (6), que sirve comidas desde hace ya más de un siglo, es el lugar perfecto para probar la pasta con sardinas y los sabrosos involtini (un plato que demuestra cómo el ingenio culinario puede paliar la escasez de materia prima), con una fina loncha de pez espada o ternera alrededor de un relleno de miga de pan y especias.

Una villa "art nouveau" con vistas al puerto
Espectaculares jardines -que incluyen un templete griego junto a la piscina-, fastuosos desayunos en la gran terraza sobre el mar y elegantes salones son algunos de los atractivos del Hotel Hilton Villa Igeia (www.hilton.com). Refugio de la jet set internacional desde su fundación a comienzos del siglo XX, esta mansión a tres kilómetros del centro es un remanso de paz. Además, las ofertas de temporada baja permiten gozar del lujo a precios razonables.

Cómo ir
Vueling (www.vueling.com) tiene vuelos directos entre Barcelona y Palermo. Para viajar desde Madrid, Iberia (www.iberia.com) y Alitalia (www.alitalia.com/es) vuelan con escala en Roma.