Los mejores rincones para besarse

Largos, húmedos, robados, de tornillo… En el Día Internacional del Beso repasamos los mejores escenarios para el gesto que encarna la más pura expresión del amor.

Noelia Ferreiro
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Foto: Olmoroz / ISTOCK

Dicen que un beso apasionado activa unos 34 músculos, que potencia el sistema inmunitario y que funciona como antidepresivo natural. También que adelgaza al acelerar el metabolismo, que dispara la producción de endorfinas, que refuerza como nada la autoestima. Busquemos, pues, un marco perfecto para celebrar este 13 de abril el Día Internacional del Beso. Un gesto que acerca a las personas en la más universal (y tierna) expresión de afecto de la humanidad. 

Cinque Terre, Italia

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Hay besos y besos, pero los que tienen como escenario este rincón de la riviera italiana en ningún caso resultarán indiferentes. Y es que esta zona escondida en la región de Liguria, este tramo de costa mediterránea al abrigo de colinas y viñedos, regala uno de los parajes más bellos del país de la bota. Tanto que en 1997 fue declarado en su conjunto Patrimonio de la Humanidad. En realidad se trata de cinco pintorescos pueblos (Monterosso, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore) encaramados sobre una ladera que se precipita hacia el mar. Pueblos con calles estrechas y porticadas, fachadas de vivos colores y una atmósfera seductora y cargada de romanticismo. Será por eso por lo que el camino que los une en el más idílico paseo se llama Vía dell Amore. ¿Hacen falta más motivos para darse un beso detrás de otro?

Roca de Afrodita, Chipre

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Besarse con toda intensidad allí donde vino al mundo la diosa del amor no sólo es respaldar el mito sino también hacer alarde de un cosmopolitismo sin igual. Porque en las rocas de Petra tou Romiou, frente a la costa de Pafos, donde cuenta la leyenda que Afrodita emergió de la espuma, todo parece irreal. Por algo la magia que desprende no sólo ha inspirado la Venus de Botticelli (y la de tantos otros pintores del Renacimiento) sino que además ha convertido el lugar en una suerte de paraje sagrado. Nadie que recala en la isla de Chipre se resiste a contemplarlo al atardecer bajo una luminosidad dramática, o incluso a nadar tres veces alrededor de las piedras confiando en que las fuerzas mitológicas le otorgarán la juventud eterna. También dicen que besarse aquí convierte el amor en duradero.

Puente de los suspiros de Lima, Perú

Puente de los Suspiros. | ManuelGonzalezOlaecheaFranco / ISTOCK

Porque este rincón ha sido testigo de amores en todas las épocas y también porque su nombre remite a un estado amoroso, lo incluimos entre los parajes más propicios para entregarse a los besos con fervor. Para ello hay que viajar hasta la capital peruana y más concretamente al barrio de Barranco donde se da cita la bohemia limeña. Aquí, discreto y diminuto, yace un sencillo puente de madera construido en 1876 para unir los extremos de una quebrada. Un lugar que ha sido retratado por artistas, inmortalizado por escritores y servido de inspiración para músicos y compositores. La razón es su poder de atracción para los enamorados, que a menudo lo escogen para iniciar su relación. Cuenta la tradición que quien logra atravesarlo aguantando la respiración verá cumplido cualquier deseo que pida.

Taj Mahal, La India

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Como no iba a ser un buen lugar para besarse si se trata del más grandioso monumento al amor, del gesto más extravagante que se haya hecho en su virtud. Porque el el Taj Mahal fue el regalo póstumo de un hombre a su esposa fallecida, la tumba que prometió erigirle como símbolo de su eterna pasión. El emperador musulmán Shah Jahan ordenó su construcción cuando su mujer Mumtaz Mahal murió en uno de sus partos y consagró su vida entera a verlo terminado en 1653. Para ello se emplearon los mejores materiales: mármol, jade, turquesas, lapislázulis, crisolitas, corales… sin importar su lugar de procedencia. Todo era poco para su amada en este lugar que, mucho tiempo después, sigue pidiendo a gritos un beso.

Frente a El Beso, de Rodin, París

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Es verlo y, claro, querer emularlo. La más bella representación de dos amantes disfrutando de su momento más íntimo tiene en esta famosa escultura cierta carga de fatalidad. En realidad representan a Paolo y Francesca, personajes de La Divina Comedia, que al ser sorprendidos in fraganti por el marido de ella, fueron asesinados y condenados a errar en los infiernos. Aun así, su presencia invita a besarse esperando correr mejor suerte que en la obra de Dante Alighieri. Para contemplarlo hay que visitar el Museo Rodin en la siempre romántica ciudad de la luz.