Tienes hasta mayo para disfrutar de esta maravilla campestre a un paso de Madrid

Acaba de empezar y en invierno nos regalará los mejores momentos…

José Miguel Barrantes Martín
 | 
Foto: Cavan Images / ISTOCK

Una parte de las comarcas de la Alcarria y de la Serranía Alta de Cuenca se transforma durante una parte del año dejando una huella indeleble en nuestras retinas. Cuando el frío aprieta y los árboles se muestran desnudos en los campos, estas tierras conquenses se mudan al color rojo al albor de las primeras nieves. Llega el momento en el que las finas varas del mimbre acaparan el protagonismo tiñendo con las tonalidades del fuego los espacios rurales. Un espectáculo que comienza su función a finales del mes de noviembre y se prolonga hasta el principio de la primavera.

Cavan Images / ISTOCK

El colorido de un saber hacer artesano

A finales del otoño, coincidiendo con la entrada de los meses más gélidos, en una porción de la provincia de Cuenca se yerguen los mimbres mientras la planta adquiere su característico color rojizo y púrpura. El paisaje se cubre en la serranía de un manto de vivas tonalidades, al amparo de las vegas de los ríos Trabaque, Guadiela y Escabas, que parecieran acudir con sus cursos de agua a tan insigne cita natural.

Cavan Images / ISTOCK

El mimbre, la fibra que se obtiene de los sauces, sirve de materia prima para un oficio ancestral que desde hace siglos elabora con él diferentes utensilios como cestas, canastos, asientos u otros muebles. La humedad de los ríos y el clima de la sierra favorecen el crecimiento de una planta que, tras el paso del invierno, será cortada y secada para ser posteriormente apilada en una especie de matojos o, verticalmente, en chozos o carboneras. El mimbre descortezado y cocido listo para ser trenzado es la base de una actividad tradicional con solera que demuestra toda la sabiduría de la experiencia artesana de estos lugares. No obstante, más de las tres cuartas partes de la producción nacional se recoge y elabora en estas tierras.

Una ruta para empaparse de los colores del mimbre

Contemplar los campos de mimbre teñidos de rojo, maravillarse ante la armonía de los chozos en mitad de las eras secándose tras la siega, admirar la actividad del trenzado o los enseres ya terminados es posible adentrándose por las comarcas conquenses donde se produce esta preciada materia prima que, aunque en declive por la pérdida de los antiguos usos tradicionales, continua sacando pecho y renovándose para pervivir con el paso del tiempo. Ya sea de manera puntual o siguiendo escrupulosamente la conocida como «Ruta del mimbre», en cualquiera de los casos disfrutaremos de una experiencia campestre evocadora que nos ayudará a poner una intensa nota de color al frío del invierno.

Cavan Images / ISTOCK

El municipio de Cañamares es el mayor centro de producción del mimbre de la zona, a pesar de su nombre, que apunta hacia el antiguo cultivo de cáñamo que se daba en sus límites. Un lugar ideal para conocer tanto el proceso de producción como para maravillarse con los coloridos campos. Mientras, Priego, célebre en el pasado por su importante actividad en torno a la cestería de mimbre, es la villa más monumental de toda su comarca, con el Palacio de los Condes de Priego, hoy el Ayuntamiento, como principal muestra.

Ya a las afueras de la orgullosa ciudad natal del famoso ciclista Luis Ocaña, el torreón musulmán de Despeñaperros nos marca el camino para avanzar hacia el impresionante Estrecho de Priego, por donde avanza el río Escabas, un paraje al que no se puede renunciar. Más allá, a escasa distancia, nos espera Villaconejos de Trabaque, que nos vuelve a sumergir en la producción agrícola del mimbre con la visión de sus campos. Una localidad donde, además de sus conocidas cuevas-bodega, abundan los artesanos y los talleres, dando muestra de ello en el Museo del Mimbre, ubicado desde 2018 en las antiguas escuelas.

time99lek / ISTOCK

Muy próximo a Villaconejos, Albalate de las Nogueras nos vuelve asombrar con los campos de mimbre al tiempo que nos deslumbra con la silueta de su iglesia románica de Nuestra Señora de la Asunción, con casi mil años de antigüedad, asentada sobre una antigua mezquita. Tampoco podemos olvidarnos en nuestra ruta del mimbre, ya inmersos en la sierra, de las localidades de Fuertescusa, Cañizares, Beteta o Puente de Vadillos, todas ellas fieles ejemplos de los paisajes donde las mimbreras sobresalen ante nuestros ojos para deslumbrarnos en estas fechas con sus colores.