Más que modernismo en el corazón de l'Eixample

Miles de turistas desembarcan cada día ante los portales de las joyas modernistas del Paseo de Gracia, pero el núcleo del barrio del Ensanche merece un paseo propio para descubrir la elegancia propia que le caracteriza y otras paradas al más puro estilo "made in Barcelona".

Nuria Cortés
La Casa Milá y la llamada Manzana de la Discordia, donde se levantan las casas de Lleó Morera, Amatller y Batlló, brillan con tanta intensidad en los itinerarios de la ciudad que pueden ensombrecer el encanto mismo del corazón del barrio de l'Eixample. Dispersadas por las illes, las manzanas que se alinean en una cuadrícula perfecta, existen otras paradas que permiten alargar el paseo más allá de las estrellas del modernismo catalán. El edificio de la Universitat de Barcelona (1), (Gran Vía de les Corts Catalanes, 585) es un ejemplo de ello. Inaugurada en 1882, esta construcción neorrománica esconde en su interior dos soberbios patios con aires de claustro y salas magnífi cas como el aula magna, el paraninfo y la biblioteca, sin olvidar sus encantadores jardines posteriores. Una manzana más allá se encuentra Monvínic (2) (Diputació, 249), un excelente centro cultural del vino en cuyo bar se ofrecen alrededor de 3.000 etiquetas procedentes de 23 países del mundo. En el 250 de la misma calle, la Fundació Francisco Godia Fran- (3) muestra la interesante colección de arte medieval, cerámica española y pintura y escultura del siglo XX que reunió este singular empresario que en 1951 se convirtió en el primer piloto español en correr un Gran Premio de Fórmula 1. En la manzana paralela, las galerías Senda (nº 337), Rene Metras (nº 331), Manuel Barbie (nº 321) y Carles Tache (nº 290) ponen en evidencia por qué el carrer Consell de Cent (4) se ha convertido en parada obligatoria de los amantes del arte contemporáneo nacional e internacional. Un poco más allá, en el carrer Aragó, el viajero ha de decidirse por el recetario regional o el japonés. En el número 214 se encuentra Gaig, (5) uno de los mejores restaurantes de la ciudad y templo de la alta cocina catalana, que desde hace tres años tiene su versión más tradicional en la Fonda Gaig (Còrsega, 200), mientras que en el nº 207 la taberna japonesa Izakaya (6) se ha convertido en la nueva cita para los amantes de los sabores nipones, con platillos como croquetas de shitake o wok de sepia al teriyaki con ajos tiernos. Además, en el número 225 del carrer València se encuentra desde el año pasado Cornelia and Co (7) , muy al estilo del nuevo concepto que fusiona tienda y restaurante.Un local para gourmets. En la esquina con la Rambla de Catalunya existe también otro de esos detalles que mantienen viva la curiosidad del viajero que pasea por l'Eixample. Es la centenaria Farmacia Bolós (8), con un bello portal modernista. Otras soberbias entradas en las que detenerse son las de Casa Comalat (Avinguda Diagonal 442) y Casa Ramón Casas (Passeig de Gràcia, 96).El calificativo "de toda la vida" se puede aplicar sin duda a las siguientes paradas, clásicos indiscutibles del corazón del barrio. En la primera, La Bodegueta Bode- (9) (Rambla de Catalunya, 100), que empezó en los años 40 vendiendo hielo y vino a granel, se va a tomar el vermut y probar tapas basadas en productos regionales como los tomates de Montserrat con atún. Un portal más allá, en el 102, se encuentra la segunda, la Pastisseria Mauri (10). Abierta desde el año 1929, hay que ir a media mañana o a primera hora de la tarde si no se quiere esperar para sentarse en una de sus mesas. Son famosas sus croquetas de rape, pollo o bacalao -dicen que son las mejores de la ciudad- y su tarta Sacher. Y como punto final, el Dry Martini (11) (Aribau, 162), la coctelería por excelencia de Barcelona junto al Boadas. Entre su centenar de combinaciones se puede encontrar el Yuzu Martini, con vainilla, mandarina, ginebra y yuzu, un cítrico asiático de un intenso aroma.