La Sierra del Enmascarado en Alicante

A tan solo un paso de la costa alicantina se alza, vigorosa, la Sierra de Bèrnia. Desde esta mole de 10 kilómetros de largo se aprecian unas vistas asombrosas. Su accidentada orografía dio cobijo a moriscos y, según la leyenda, refugió al Enmascarado de Bèrnia, un famoso bandido que asaltaba a ricos viajeros.

Irene González
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Foto: Irene González

La imponente sierra de Bèrnia discurre perpendicular al Mar Mediterráneo y, como la columna vertebral de un gigante mitológico, divide las Marinas Alta y Baja de Alicante. Combina asimismo unas afiladas crestas con desfiladeros cuajados de la más variada flora mediterránea, donde a sus pies se erigen las encantadoras localidades de Altea, Callosa d''En Sarriá, Calpe, Benissa y Jaló. Es una cordillera agradecida ya que, a pesar de sus escasas lluvias, en sus faldas y acantilados se ha tejido un tapiz de espliego, lavándulas y romero que rodean carrascas, pinos, tejos y arces. Esta cadena montañosa que supera los 1.100 metros de altura es famosa por el agua que mana de sus populares fuentes, por su historia y por sus leyendas. Nuestra ruta circular de 10 kilómetros es la más representativa de la sierra de Bèrnia, ya que recorre Las Casas de Bèrnia, la Font de Bèrnia, el Forat, el Fuerte, y baja por el collado para terminar de nuevo en Las Casas de Bèrnia. Surcar estos altos senderos supone disfrutar de cambiantes y singulares paisajes, donde el Forat, el pasadizo natural por el que se atraviesa la sierra de la cara norte a la sur, es un auténtico regalo de la naturaleza, un mágico paseo por las nubes.

A Bèrnia se llega desde Jalón por una carretera sinuosa, estrecha y cuajada de curvas hasta la zona conocida como Casas de Bèrnia, donde empieza la ruta por la pista de tierra hasta llegar al cruce señalizado PRV-7, donde tomaremos la pista de la izquierda que lleva a la famosa Fuente de Bèrnia. El popular manantial está incrustado en una colosal pared cubierta por una formidable hiedra, y hasta aquí se acercan desde antaño lugareños y forasteros para aprovisionarse de agua por su gran calidad. Por la parte superior izquierda de la fuente hay unas escaleras que subiremos para continuar por el sendero PRV-7 señalizado con dos líneas, una amarilla y otra blanca. A partir del ancestral caño, el camino se va estrechando hasta convertirse en un cerrado sendero que asciende por la ladera norte de la sierra.

El abrigo y la Marina Alta

La subida a estas colinas y montañas ofrece una panorámica verdaderamente sensacional de la Marina Alta. Si nos centramos en la línea del horizonte, podremos ver, a lo lejos, el perfil montañoso de la isla de Ibiza; si lo hacemos hacia la falda de la sierra, entonces se avistan los innumerables bancales construidos en tiempos por los moriscos, ya que durante su expulsión les arrebataron las mejores tierras y tuvieron que aprovechar cualquier terreno para subsistir. Una vez que fueron desterrados de la Península, estos huertos aterrazados se abandonaron, hasta que el gran crecimiento demográfico del XVIII hizo que se recuperaran de nuevo. A principios del siglo XX se plantaron viñas, pero la dañina filoxera diezmó la cosecha y nunca más se han vuelto a sembrar.

Seguimos camino por la pista, cada vez más pronunciada y angosta, hasta que casi se cierra justo debajo de impresionantes paredes cuajadas de zarzales y hiedras. Aquí hay que estar alerta para no perder de vista las marcas del sendero. En la subida encontramos arces y un pino solitario, y la pendiente se hace tan pronunciada que en algún momento es necesario trepar casi a gatas ayudándonos con las manos. En este tramo se encuentra un gran abrigo natural con abundante vegetación, que en tiempos se usaba para proteger al ganado del sol. Estas cuevas se adaptaban con pequeños muros para resguardar a los animales que ya no eran útiles para la agricultura, pero si valiosos para abonar y fertilizar estas tierras pobres.

Dejamos la cueva y seguimos con el ascenso por la sierra, que cada vez resulta más pronunciado, con lugares donde el desnivel casi obliga a una escalada en toda regla. La vía avanza pegada a las gigantescas paredes ubicadas a nuestra derecha, y el impresionante azul del Mediterráneo a nuestra izquierda. A casi 900 metros de altitud se contempla toda la Marina Alta, la Sierra del Ferrer, El Montgó y La Solana. También las poblaciones de Benissa, Benitachell y Teulada Moraira, y en los días claros hasta la isla de Ibiza. Con este extraordinario paisaje llegamos a la entrada del Forat.

Forat, el paso secreto

Esta sensacional cavidad natural es el paso desde la cara norte a la sur a través de una pequeña oquedad de unos 20 metros de largo y menos de un metro de alto. El paso resulta algo complicado y hay que atravesarlo a gatas, casi reptando. Tras cruzar el angosto y casi claustrofóbico Forat, ante nosotros se abre, como un regalo, un asombroso balcón natural sobre la Marina Baja. Desde este espectacular horizonte abierto al mar, completamente diferente al de la vertiente norte, se admira una vasta extensión de la Marina Baja, sus emblemáticas montañas Aitana, Puig Campana, Ponoig y Sierra Helada, y las poblaciones turísticas de Altea y Benidorm. Y en los días claros de invierno se alcanza a ver toda la costa hasta Santa Pola e incluso la isla de Tabarca. Desviando la vista hacia la derecha están las serranas Callosa d´En Sarrià, Polop y La Nucía. En el Forat hay que detenerse para contemplar la combinación entre el azul claro del cielo y el azul marino del Mediterráneo, sin duda un paisaje exclusivo y singular.

El fuerte de Felipe II

Desde el insólito Forat seguimos camino por la derecha, descartando las sendas de bajada que salen a la izquierda, para llegar al Fuerte de Bèrnia, en una impresionante bajada que discurre entre grandes cortados, bloques de roca y pedregales. Aquí la vegetación es bastante escasa y solo hay palmitos, la única palmera autóctona del continente europeo, y encinas achaparradas entre las que a saltos trasiegan algunas cabras celtibéricas. Antes de llegar a la fortaleza, a unos 50 metros por debajo de nuestro camino está la Font del Fort, otra interesante fuente que quizá sirvió en tiempos para abastecer a los soldados del fuerte. De vuelta al camino principal, tras un pequeño remonte se llega directamente a las espectacularesruinas del Fort de Bèrnia, de extraordinario encanto por su sensacional ubicación. Lo construyó Felipe II a mediados del siglo XVI para defender la costa de los ataques de los piratas berberiscos y para sofocar las revueltas de los musulmanes que vivían en la zona. Sus bóvedas, torreones, murallas, fosos y bastiones lo convierten en un icono de la arquitectura militar. En el interior de la fortaleza se encontraba la cocina, la capilla, los dormitorios, el comedor, los establos y el polvorín que habitaban medio centenar de soldados. Al parecer, durante la rebelión mora de 1609 los sublevados se apoderaron del fuerte, donde se atrincheraron durante un año, hasta que, agotados y desmoralizados, prefirieron morir despeñándose en los precipicios de la sierra antes que rendirse y ser expulsados. La fortaleza que fue diseñada por el ingeniero Giovanni Battista Antonelli tuvo muchos detractores y, tras la expulsión de los musulmanes, fue abandonada, así que solo estuvo operativa durante cincuenta años. Esta ciudadela tiene un gran encanto por su historia, y aún más por su bella panorámica, desde la que se controla visualmente la línea costera desde el Cabo de la Nao hasta el puerto de Alicante.

De vuelta por el desfiladero

Desde la parte superior izquierda del Fort se continúa hacia el oeste para llegar hasta un pequeño collado desde donde se enfila el descenso. La bajada resulta espectacular ya que transcurre entre el desfiladero que forma el pico el Morro de L''Aspre y la sierra de Bèrnia. Desde aquí es impresionante la panorámica de la Sierra del Ferrer y las localidades de Bolulla y la blanca Tàrbena. Al final del desfiladero se llega a una pista forestal que termina en los viñedos y frutales de las Casas de Bèrnia. Una ruta muy recomendable en una sierra única frente al Mediterráneo.

La leyenda del bandolero

Desde tiempos inmemoriales Bèrnia ha tenido una intensa actividad humana que ha dejado su huella por toda la sierra. Esta belicosa frontera natural esconde mágicas y antiguas leyendas de la época en la que árabes y cristianos batallaban por controlar sus dominios. También ha sido tierra de bandoleros, ya que en los siglos XVIII y XIX, e incluso ya entrado el siglo XX, era lugar de refugio de legendarios bandidos. Según cuenta la leyenda, uno de los más famosos fue el Enmascarado, que asaltaba a los viajeros poderosos para favorecer a los pobres. Nadie supo nunca realmente quién era este Robin Hood, aunque la historia local asegura que se trataba de un joven apuesto de la Vall de Laguar que desapareció sin dejar huella. Muchos años después, un cuerpo sin vida apareció en la puerta de la casa donde dicen que nació el bandolero. El cuerpo estaba vestido de negro e iba encapuchado. Cuando los vecinos le quitaron la máscara contemplaron, horrorizados, un rostro que con seguridad antaño había sido bello, pero que se les mostraba horrible y desfigurado por la enfermedad de la lepra.