La Rue Crébillon de Nantes

La Rue Crébillon, con el célebre Passage Pommeraye, y sus calles adyacentes son el centro del shopping, la cultura y la maravillosa gastronomía francesa, irresistibles encantos por los que el visitante debe dejarse seducir.

Regina Buitrago

Para recorrer el corazón comercial de Nantes, la capital del Loira Atlántico y del oeste de Francia, tomaremos como referencia el imponente castillo de los Duques de Bretaña en la Plaza Marc Elder, al que podremos llegar tomando la línea 1 del tranvía.

Del Quartier Cathèdrale, en el que, como su nombre indica, se encuentra la Catedral de San Pedro y San Pablo, sale la rue de Verdun, que ya ofrece en sus escaparates algunas de las exquisiteces nantesas, como los famosos rigolettes nantaises (18 rue du Verdun), uno de los tradicionales dulces que existen desde 1902, y, aunque sólo sea para sorprendernos la vista, enfrente, el espectáculo de la Boulangerie d''Antan (19 rue du Verdun), con atractivas especialidades en panes y dulces. Si buscamos regalos, ropa y las mejores firmas de cosmética, las tradicionales Galeries Lafayette, en el 2 de la rue de la Marne.

Ya en la próxima rue des Carmes podremos recuperar fuerzas en el Café Restaurant du Cult, ubicado en una antigua maison du change del siglo XV. Cruzando la histórica Cours des Cinquante Otages, dejaremos atrás los tipismos turísticos para adentrarnos en el lujo y el clasicismo nantés a través de la rue d''Orléans, con joyerías y firmas de diseño internacional. Desde allí llegamos a la Place Royale, un clásico punto de encuentro, desde donde parte la chic rue Crébillon, que comparte espacio, en el Quartier Graslin, con la galería comercial Passage Pommeraye , del siglo XIX.

Concediéndole el tiempo que se merece, encontraremos en el sustancioso deambular por sus suelos de madera y escaleras de forja establecimientos originales y selectos como la Maison Carnicol, maestro confitero desde 1785 y donde se pueden encontrar los delicados macarons y los tradicionales forchettes, que no se pueden dejar de probar.

Otras de las delicadas boutiques de esta imprescindible visita comercial son Passage 31, con velas, perfumes y bisutería de diseño, o Vía Maris, con ropa, artículos marineros, jabones y azúcar de la Isla de Ré.

Desviándonos ligeramente, no podemos dejar de visitar la selecta confitería Georges Gautier (9 rue de la Fosse), que mantiene la decoración de la época decimonónica y con deliciosos chocolates como especialidad. Recuperando la rue Crébillon, llegamos a la Plaza Graslin, donde podremos disfrutar con un estupendo brunch, almuerzo o cena en la archiconocida brasserie modernista La Cigale (2 Place Graslin) o en la próxima rue Jean Jacques Rousseau, en el concurrido restaurante La Nouvelle Hèloise.

Si lo nuestro son los mercados, el de Talensac es el más antiguo y grande de Nantes, donde debemos perdernos entre sus más de 200 puestos de mariscos, hortalizas, cestería, ropa y mucho más.

Las máquinas de la isla: mundo abisal en movimiento
Una de las visitas imprescindible es a la Isla de Nantes, que acoge en los antiguos astilleros un impresionante taller de máquinas que conforman un bestiario de seres que parecen sacados de la imaginación de Julio Verne o Leonardo Da Vinci. El más popular es el Gran Elefante, un ingenio de 12 metros de alto, 8 de ancho y 40 toneladas de madera y carcasa hidráulica que desplaza a sus 45 pasajeros a un cuarto de kilómetro a la hora. www.lesmachines-nantes.fr