La nueva cara de Varsovia

La capital polaca, que será el escenario de la inauguración de la Eurocopa de Fútbol 2012, así como de uno de los decisivos partidos de cuartos de final y de una semifinal, luce ahora, tras su total reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial, edificios de arquitectura futurista y rascacielos vanguardistas.

Pedro Javier Díaz-Cano
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Foto: Eduardo Grund

El flamante Estadio Nacional de Varsovia, que acogerá el partido inaugural de la Eurocopa 2012 de fútbol entre las selecciones de Polonia y Grecia el 8 de junio, ya es uno de los nuevos símbolos de la capital polaca. El estadio parece desde lejos una canasta gigante con los colores de la bandera de Polonia, el rojo y el blanco, y se ha puesto mucha atención a la cubierta, en donde los cables de acero suben hasta un pico que se halla a 30 metros por encima del círculo central. El campo de fútbol está situado en la ribera del Vístula, al lado de donde estaba el viejo Stadion Dziesieciolecia. Con capacidad para albergar a unos 55.000 espectadores, se da la circunstancia de que el de Varsovia es uno de los tres campos polacos que han sido construidos expresamente para este torneo, junto con el Arena de Gdansk y el Estadio Municipal de Wroclaw.

Y es que Varsovia es hoy una de las capitales de la antigua Europa del Este más modernas, tras su ingreso en la Unión Europea el 1 de mayo de 2004. En concreto, las inversiones se han materializado en modernos edificios de arquitectura vanguardista como el Metropolitan, en la Plaza Pilsudskiego, proyectado por Norman Foster; el Warsaw Trade Tower, en la calle Chlodna; los edificios Atrium y PZU; el hotel Westin, situado a lo largo de la avenida Jana Pawla II; la Rotonda de la ONU (Rondo ONZ); el rascacielos de Daewoo en la calle Towarowa; el FOCUS en la avenida Armii Ludowej, así como el hotel InterContinental, en la calle Emilii Plater, y, en sus proximidades, el gigantesco centro comercial y recreativo Zlote Tarasy (Terrazas Doradas).

Mención aparte merece la vanguardista construcción de la nueva Biblioteca de la Universidad de Varsovia, en la calle Dobra, con su fachada de vivos colores, así como su entrada de azulado cristal transparente. Pero si su exterior desprende este halo de cuento de hadas, no menos sorprendentes son las estatuas sobre columnas en su interior y su mirador en la azotea. Construido sobre el tejado de cristal proyectado por Marek Budzynski y Zbigniew Badowski -por encima del cual se puede caminar gracias a una pasarela-, el mirador es una de las nuevas atracciones para los turistas ya que permite contemplar una de las mejores vistas panorámicas de la ciudad.

Arquitectura futurista. La otra visita obligada se encuentra cerca de la boca de metro de Centrum, que es la zona más moderna de Varsovia, y no es otra que el ya citado centro comercial Terrazas Doradas, cuya arquitectura futurista le ha convertido en el principal icono de la nueva Varsovia. De hecho, junto con los rascacielos de oficinas a su alrededor, representa la imagen del cambio experimentado por la urbe, que ha cambiado su perfil de ciudad histórica y cultural por uno mucho más poliédrico de capital cosmopolita, con tiendas a la última y precios muy competitivos para atraer también el turismo de compras.

El nuevo icono del centro comercial Terrazas Doradas contrasta con el cercano símbolo arquitectónico del pasado: el Palacio de la Cultura y de la Ciencia, un regalo de la URSS al pueblo de Varsovia. Curiosamente, nada más salir de la boca de metro nos damos de bruces con esta auténtica mole, el mejor exponente del realismo socialista, que sigue siendo el edificio más grande y alto de Polonia, con un volumen de casi un millón de metros cúbicos y 242 metros de altura. Conocido por su abreviatura de PKiN (Palac Kultury i Naujk), en la actualidad alberga más de 3.000 locales con una superficie total de 124.000 metros cuadrados, entre los que se encuentran las sedes de bancos, agencias de seguros o empresas extranjeras, además de varios museos, bibliotecas y tres teatros...

El irresistible atractivo turístico del Palacio de la Cultura y de la Ciencia reside ahora en su terraza panorámica en la planta 30, desde donde se puede admirar un magnífico panorama de Varsovia a una altura de 114 metros. Construido entre 1952 y 1955 según el proyecto del arquitecto Lew Rudniew, el PKiN sobrevivió a la caída del comunismo. Su añeja sala de la Congresowa fue el más surrealista de los clubes comunistas, por el que desfilaban bailarinas de striptease, magos o domadores de leones.

El ave Fénix y la sirena protectora. El nuevo traje de diseño de la capital polaca no debe hacernos olvidar su trágica historia durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la ciudad quedó reducida a escombros. Pero la posterior reconstrucción del centro histórico tal y como era antes del conflicto bélico ha sido encomiable. Los arquitectos se inspiraron en los cuadros de Canaletto (sus célebres vedutas), pintor de la corte del rey Estanislao Poniatowski, además de en fotografías, grabados antiguos y su propia memoria, y en solo tres años miles de voluntarios levantaron de nuevo la ciudad, renaciendo de sus cenizas como el Ave Fénix. Los palacios barrocos y las mansiones renacentistas fueron reproducidos con tanta fidelidad que la Ciudad Vieja (Stare Miasto) fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1980.

El mejor ejemplo de ello es la emblemática Plaza del Mercado, el centro neurálgico del casco antiguo, con sus coloristas casas burguesas y presidido por su Monumento a la Sirena de Varsovia, cuya imagen se encuentra en el escudo de la ciudad recordando la leyenda de la creación de la urbe por dos hermanos pescadores, llamados Wars y Sawa, a los que una sirena ordenó fundarla en ese punto a orillas del Vístula y de los que procede su denominación en polaco (Warszawa). La Sirena de Varsovia porta una espada y un escudo para proteger a la ciudad. La Plaza del Mercado es una visita obligada, pues además es un hervidero de vida con sus animadas terrazas en cuanto llega el buen tiempo y un salón cultural al aire libre, donde los pintores callejeros exponen sus dibujos de la propia plaza para vender como souvenir, o donde jóvenes buscavidas hacen las delicias de los niños creando gigantescas pompas de jabón.

La calle más hermosa de Polonia. Tras reponer fuerzas en alguno de los restaurantes de la Plaza del Mercado como U Dekerta, uno de los más indicados para degustar especialidades como el bigos (el plato nacional, un guiso de col fermentada con carne), desde la Ciudad Vieja se impone dar un paseo por el Camino Real, considerada "la calle más hermosa de Polonia". Se trata de la ruta que une el Castillo Real, la antigua residencia de los reyes de Polonia, con los palacios de Lazienki y de Wilanów. Esta arteria puede caminarse desde la Plaza del Castillo, donde la estatua del rey Segismundo III sostiene una cruz y una espada, dos símbolos de la historia de Polonia, una nación fervientemente católica y casi siempre enzarzada en guerras debido a su situación geográfica.

Recorrer el Camino Real es un viaje en la máquina del tiempo, una transición de siglos en apenas una hora de paseo que permite descubrir palacios e iglesias de todas las épocas flanqueando la calle Krakowskie Przedmiescie, donde perdura el recuerdo de algunos polacos insignes en las estatuas de Adam Mickiewicz (el poeta nacional) y Nicolás Copérnico (el gran astrónomo).

Entre las suntuosas construcciones se encuentra el Palacio Presidencial, la residencia del presidente de la República y edificio donde se firmó el Pacto de Varsovia. Entre los lugares de culto cabe destacar la iglesia de la Santa Cruz, un templo barroco de obligada visita para los melómanos, pues aquí se halla en una urna el corazón del compositor y pianista Federico Chopin. El corazón le fue extirpado para tal fin antes de su entierro en París.

La memoria de Chopin también está presente en el parque de Lazienki, el más bello de Varsovia, donde se halla el gran monumento en el que se le representa bajo un sauce llorón, el emblemático árbol de su tierra natal de Mazovia, un recuerdo de su infancia y juventud que le sirvió de inspiración durante su exilio en París. Una recomendación para los que viajen a Varsovia con motivo de la Eurocopa (o sin él) es asistir a uno de los conciertos dominicales que tienen lugar aquí gratuitamente entre los meses de mayo y septiembre, en los que destacados pianistas interpretan las obras de Chopin junto a su estatua en este auditorio al aire libre. Tras este descanso, escuchando la música sentados en uno de los bancos o relajados sobre el césped alrededor de un pequeño estanque, ya estaremos en disposición de descubrir el Palacio sobre el Agua, la antigua residencia real de verano, e incluso de dar un paseo en barca en su lago para abordarlo desde el líquido elemento.

La memoria judía. Varsovia guarda muchas otras bellezas y museos por descubrir, como el Museo Chopin, un centro inaugurado hace dos años coincidiendo con el bicentenario del nacimiento del compositor. Pero, sin duda, el Camino de la Memoria Judía, una vía formada por bloques de granito negro con los nombres de los que participaron activamente en el gueto de Varsovia -el más grande de Europa, con 400.000 residentes- durante la invasión nazi es un recordatorio perenne de las cicatrices que perviven en Varsovia. Este camino parte de la Umschlagplatz (Stawki, 10), el lugar desde donde se deportaba a los judíos del gueto hasta el campo de exterminio de Treblinka, y termina en el Monumento a los Héroes del Gueto (en el parque de la calle Zamenhoffa), obra de Natan Rapaport y el arquitecto Leon Marek Suzin.

Para los viajeros más puristas que no se conformen con el encanto de la Ciudad Vieja y el Camino Real por considerar que la reconstrucción sesga su autenticidad (hay quien opina que la belleza del casco histórico no deja de ser un decorado), una sugerencia más real y lúdica es la visita al barrio de Praga, la parte más antigua de la margen derecha del Vístula, que sobrevivió a las destrucciones de la guerra y en la actualidad es un lugar elegido por los artistas para establecer sus estudios y talleres, como antaño lo fuera la margen izquierda del Sena (rive gauche) en París para Picasso o Giacometti. Esta rive droite (orilla derecha) de Varsovia se encuentra a un cuarto de hora a pie desde el casco antiguo, cruzando el puente Slasko-Dabrowski y alberga clubes, galerías y teatros alternativos.

El Centro Artístico Fabryka Trzciny, un complejo de ocio que se halla en una antigua fábrica restaurada, es uno de los sitios cool de la movida varsoviana, un lugar donde vanguardia y tradición se fusionan en un entorno contemporáneo. Totalmente recomendable y en sintonía con el moderno Estadio Nacional de Varsovia, donde quién sabe si los seguidores de La Roja celebrarán el pase de España a la final de la Eurocopa de Fútbol 2012, a disputar en Kiev, si le toca jugar aquí la semifinal prevista el 28 de junio. Sin duda, un buen destino para festejarlo.

El levantamiento de la capital polaca
El edificio de la antigua central eléctrica de tranvías acoge hoy el Museo de la Insurrección de Varsovia (calle Przyokopowa, 28. www.1944.pl), inaugurado en 2004. El levantamiento, que estalló el 1 de agosto de 1944, duró 63 días y, tras su fracaso, Varsovia fue condenada al exterminio, pues los nazis destruyeron un 84 por ciento de los edificios de la ciudad, incluido el Castillo Real. En una superficie de más de 3.000 metros cuadrados, el museo exhibe 750 objetos y unas mil fotografías, películas y documental sonoro que narran la historia de los días precedentes al estallido de la Insurrección, sus fases sucesivas hasta la salida de los insurgentes de Varsovia y las posteriores vicisitudes por las que pasaron. Se da la circunstancia de que hasta la propia cafetería del museo se presenta con el mobiliario y la decoración de la época. Otra de las atracciones más llamativas es una réplica del bombardero Liberator B-24J.