La Expo 2015 en la ciudad de la moda

El nombre de la capital económica de Italia se asocia a las industrias automovilística, editorial, de diseño, moda y a las grandes ferias comerciales. Pero Milán seduce también por su vasto patrimonio artístico y un urbanismo diverso, en continua renovación, como corresponde a una ciudad tan vivaz y emprendedora. Del 1 de mayo al 31 de octubre acoge la Exposición Universal Milán 2015.

Isabel Urueña

La piazza del Duomo funciona como un imán para el visitante: la catedral, una de las más grandes del mundo, exhibe en su exterior 135 agujas y más de 3.400 estatuas que le confieren un fastuoso porte. Es un buen lugar para comenzar el paseo por lo imprescindible de Milán, ya que sus monumentos más emblemáticos se encuentran en un radio de 2 kilómetros La famosa Galleria Vittorio Emanuele -epicentro del comercio desde el siglo XIX, a cubierto bajo una maravillosa bóveda acristalada- comunica la piazza del Duomo con la de La Scala, el templo mundial de la ópera que alojó estrenos de los más grandes operistas de la historia, como Rossini, Bellini, Donizzeti, Verdi y Puccini.

Varios ejes radiales parten de la gran piazza y conducen a otros puntos del máximo interés; por la via dei Mercanti se accede a la piazza Mercanti, un encantador conjunto medieval formado por edificios civiles de los siglos XIII al XVI. Si se continúa por la via Dante, a medio kilómetro encontramos otro de los símbolos milaneses: el castello Sforzesco. Levantado en el siglo XIV por Galeazzo Visconti, fue destruido en el año 1447 y reconstruido por Francesco Sforza. Sus impresionantes proporciones permiten albergar una serie de museos históricos de visita imprescindible.

Aunque Milán acumula un incontable número de hermosas iglesias, dos de ellas -además de la catedral- atraen todas las miradas. Ambas se encuentran al suroeste de la piazza del Duomo, y se llega a la más famosa, Santa Maria delle Grazie, caminando por la laberíntica zona popular contigua a la via Torino, que surge de la misma piazza. El mayor mérito de esta iglesia del siglo XV es que aloja el famosísimo y misterioso fresco de Leonardo da Vinci La última cena, pintado sobre un paño del refectorio del convento por encargo de Ludovico Sforza. Un poco más al sur, pero no lejos, se ubica la basílica de Sant'' Ambrogio: un conjunto arquitectónico antiquísimo -su edificación se inició en el siglo IV y las últimas modificaciones datan del siglo XI- dedicado al obispo y patrón de la ciudad, que comenzó esta construcción hacia el año 379. En el gran atrio previo a la iglesia pervive un mágico aliento secular.

Por supuesto, la visita a Milán precisa dedicar una atención a sus museos, que custodian el rastro de muchos siglos de prosperidad económica conjugada con una notable vocación cultural y artística. Si hay que ir a lo fundamental, la Pinacoteca de Brera, con una espléndida colección que comprende más de quinientos años de arte italiano e internacional, es de obligada visita. En segundo lugar se sitúa el Museo Nazionale della Scienza e Tecnologia que lleva el nombre de Leonardo da Vinci. Exhibe planos, manuscritos y algunas de las sorprendentes máquinas y herramientas inventadas por el gran genio visionario.

Barrios y jardines

Además del centro histórico, otras zonas de Milán merecen un paseo tranquilo: el llamado Quadrilatero d''Oro, cuyas recoletas calles conservan un estilo armonioso tan elegante como las tiendas que albergan; el bohemio Brera, con sus galerías de arte y la gran pinacoteca; el popular barrio de Porta Ticinese, donde se reúnen los jóvenes al anochecer, con lo más cool en el corso Como, cerca de las innovadoras construcciones de Puorta Nuova, o las señoriales avenidas que confluyen en la piazza della Republica. Si de jardines se trata, Milán presume de varios estupendos parques -Lambro, Forlanini , jardín público Indro Montanelli...-, pero el más visitado es el Sempione, situado a las espaldas del castello Sforzesco. Es el lugar ideal para disfrutar de un bucólico descanso tras una larga jornada de caminata turística.

La privilegiada situación entre los dos ríos Tesino y Adda -el nombre de la ciudad procede del término mediolanum o tierra del medio- hizo de Milán un enclave ideal para los asentamientos humanos, por lo que su historia documentada se remonta al siglo VII a.C. Las fértiles tierras de la llanura cercana a los Alpes fueron codiciadas -e invadidas- por poderes foráneos, desde el Imperio Romano hasta los Habsburgo, pasando por Atila, Barbarroja, Carlos V de España y Napoleón. La definitiva expulsión de los dominadores austriacos sucedió en 1859. Pero fueron las familias Visconti y Sforza -siglos XIII al XVI- quienes dejaron improntas indelebles en la ciudad histórica que ahora conocemos, comprendida entre los límites marcados por las puertas Ticinese, Garibaldi, Venezia, Romana y Nuova, que perviven.

La huella de Leonardo Da Vinci

Ludovico Sforza recibió en Milán, más como ingeniero que como artista, a Leonardo da Vinci (1482), enviado desde Florencia por Lorenzo de Médici como señal de amistad. Los veinte años que Da Vinci residió en la ciudad fueron enormemente productivos tanto en lo artístico como en los ámbitos científico y técnico. Como no podía ser de otro modo, Leonardo da Vinci también se interesó por el urbanismo en su función de consejero de los Sforza. Desde el siglo XII, Milán contaba con canales de agua como medio de transporte y comunicación que llegaban hasta el mismo centro de la ciudad, pero eran insalubres y deficientes en muchos sentidos. Leonardo redefinió el trazado de los canales, los dotó de esclusas perfeccionadas que posibilitaban una más fácil navegación y propuso otras mejoras urbanísticas -como la disminución de la densidad poblacional o la circulación a distintos niveles- que adelantaron criterios aún vigentes. Sus sorprendentes diseños y bocetos para la ciudad de Milán se conservan en el Museo dei Navigli, en la via San Marcos.

Zona de moda

Los antiguos canales milaneses, muy útiles durante cuatro siglos (por ejemplo, el mármol con el que se construyó el Duomo llegó por este medio), quedaron obsoletos con la aparición de otros medios de transporte más eficaces. La mayoría de los canales fueron soterrados a principios del siglo XX, pero perduran dos ramas -el Naviglio Grande y el Naviglio Pavese- que configuran uno de los barrios más cautivadores de Milán: Il Navigli. Con la innata visión comercial de los milaneses, en las inmediaciones de Il Navigli se han establecido anticuarios y pequeñas tiendas de moda vintage o de diseño emergente, además de una buena cantidad de restaurantes y locales para el ocio nocturno. Una inteligente gestión ciudadana se preocupa de preservar la fisonomía del barrio, que constituye su mayor baza turística en competencia con otras zonas más céntricas. Las pequeñas casas coloridas se reflejan en el agua y resulta delicioso pasear por los antiguos caminos de sirga o navegar en las barcazas contemplando un panorama que retrotrae varios siglos atrás.

Moda, pero no sólo moda

Milán es, por antonomasia, la ciudad de la moda y las compras, una meca para los aficionados a las grandes marcas y un espectáculo de elegancia para cualquiera. Las más importantes casas de moda del mundo -con especial presencia de las italianas- se citan en sus calles y los escaparates compiten por la mirada asombrada del paseante, que se sentirá hipnotizado por sus atractivos diseños y originales presentaciones. Si nuestro bolsillo es de los que dan de sí con el uso, encontraremos las tiendas dedicadas al lujo y al glamour en el llamado Quadrilatero d''Oro. Está delimitado por las calles Manzoni, Montenapoleone, Sant'' Andrea y della Spiga, con acceso desde la estación de metro Montenapoleone. La lista puede ser interminable: Armani, Valentino, Dior, Cavalli, Trussardi, Versace, Moschino, Ungaro, Gucci, Fendi, Kenzo, Prada, Blumarine... También en la fastuosa Galleria Vittorio Emanuele se ubican algunas de estas marcas, como DolceGabbana, Prada o Louis Vuitton.

Por suerte, en Milán no hay que ser un potentado para acceder a estas firmas exclusivas: la venta outlet es una práctica habitual. Hay tiendas especializadas en saldos de primeras marcas fuera de temporada, como Outlet 2000 (en la Via Marghera 24, cerca del metro De Angeli) o Salvagente Outlet (en Via Fratelli Broonzetti 16, cerca del Corso Indipendenza). Las tiendas de precios medios se concentran en el larguísimo Corso Buenos Aires -Benetton, Timberland, HM, Zara...- y en la Via Torino que une la plaza del Duomo con Porta Ticinese, en cuyos alrededores proliferan pequeños locales de diseñadores emergentes.

Varios grandes almacenes completan la oferta para los compradores de moda; destacan Coin, bastante económico, que cuenta con diversos emplazamientos por todo Milán, y La Rinascente, que precisa unas palabras más. Este enorme establecimiento de ocho plantas, ubicado en la plaza del Duomo, debe su nombre a su resurrección tras un incendio ocurrido a principios del siglo XX, y es un emblema de Milán. No resulta precisamente barato, pero en las últimas plantas tiene zonas de bar y restaurante que merecen una visita para disfrutar de la panorámica sobre la ciudad.

En Milán destacan también otros tipos de comercio que atraen a visitantes y curiosos: el de las antigüedades y el arte. El barrio de Brera -contiguo a la famosa pinacoteca-, que conserva un cierto aire bohemio, está plagado de pequeñas galerías de arte y tiendecitas de restauradores y anticuarios. El tercer sábado de cada mes los anticuarios de Brera salen a la calle en la Via Madonina para mostrar y vender sus artículos.

También en los márgenes del Naviglio Grande se establecen anticuarios y pequeñas boutiques, además de un estupendo rastro los domingos en el que hacerse con curiosos objetos o con ropa de segunda mano, todo ello a precios asequibles.

Para completar el panorama, Milán celebra otros mercadillos a lo largo y ancho de la ciudad. El más famoso es la Fiere de Sinigaglia, que tiene lugar los sábados en el Viale d''Annunzio -un poco alejado del centro de la ciudad-, pero también hay que citar el popular mercado de Viale Papiniano -cerca del metro Sant'' Agostino- que se instala todos los martes: ropa, alimentos típicos... todo cabe en él.