Es una joya del Mediterráneo: el pueblo donde mejor se come de Alicante tiene los arroces más exquisitos de España
Este pueblo costero te dejará impresionado con su gastronomía y cultura, todo con unas increíbles vistas al mar.

España tiene muchas cosas de las que presumir frente al extranjero: clima, playas, cultura... Pero si en algo gana por goleada es en la gastronomía. La dieta mediterránea, aparte de ser la mejor del mundo, es muy variada y aquí la sabemos aprovechar como nadie. Dependiendo de la zona del país en la que te encuentres, la oferta será distinta; pero siempre vendrá de la tradición de nuestra tierra.
Las comunidades próximas al Mediterráneo, o al mar en general, juegan con la ventaja de disponer de la abundancia de pescado y marisco fresco. Altea es uno de esos pueblos costeros que destacan por su tradición culinaria. Desde sus inicios ha subsistido a base de hortalizas y pescado, y ha sabido unir lo mejor del mar y de la tierra en sus platos. Aquí no te faltarán sitios para comer: cocina tradicional, restaurantes con vistas al mar, bares de tapas, tabernas... a lo mejor los días no, pero opciones te sobrarán seguro.
La identidad de Altea
Recorrer El Fornet (así se conoce a su casco antiguo) te teletransportará inmediatamente al pasado. Es un laberinto de calles empedradas repletas de balcones con buganvillas, jazmines y geranios. Vías estrechas suben y bajan por este antiguo barrio y, entre sus más profundos escondites, te toparás con miradores que se abren al mar. En lo alto se encuentra la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo, esa cúpula azul que se ve desde cualquier punto de la localidad, también es conocida como "la cúpula del Mediterráneo". Desde su plaza tendrás unas vistas inigualables que abarcan la bahía, la Sierra de Bèrnia y el inconfundible Peñon de Ifach.

El casco histórico aún conserva el legado de su herencia marinera. Las calles que en su día estaban impregnadas del olor a pescado fresco, hoy se llenan de restaurantes y tabernas donde probar los mejores platos de la cocina local; que además son elaborados con productos frescos que llegan cada mañana del puerto.
Hay otros sitios emblemáticos que no pueden faltar en tu lista de viaje. Entre ellos el Mirador de los Cronistas, donde verás el mejor atardecer del verano; tampoco puedes saltarte un paseo por la Calle Mayor, llena de tiendas artesanas y galerías de arte, o por el Paseo Marítimo que conecta la zona nueva con la tradicional. Si quieres completar tu visita con un día en la naturaleza, los alrededores del pueblo ofrecen rutas por la Sierra de Bèrnia, calas escondidas como La Solsida, o la posibilidad de practicar deportes acuáticos en la bahía. Todo esto hace de Altea un destino único, donde se unen el patrimonio histórico, la vida local y la buena comida.

Saborea la tradición
Todos sabemos lo que distingue a la cocina valenciana, eso que los extranjeros se piensan que es lo único que comemos los españoles. Aunque es uno de los platos más importantes de nuestra gastronomía, hay más arroz además de la paella, y más comida en general. Para facilitarte el menú en tu viaje a la Costa Blanca, hemos hecho una selección de platos que sí o sí tienes que pedir cuando salgas a comer.
Entre los arroces más típicos encontramos el “arròs amb fessols” o “l’arròs amb fessols i polp”. Se trata de arroz con habichuelas, pero la diferencia entre uno y otro es que en el primero encontrarás verduras y en el segundo, como su propio nombre indica, pulpo. Otro de los platos más emblemáticos de la costa alicantina es el "arroz a banda". Originalmente, los pescadores cocinaban un caldo con morralla (pescado pequeño y espinoso que no podían vender), de este sacaban primero un guiso de pescado y, con el caldo que les sobraba, cocinaban el arroz “a banda”; quiere decir "por separado".

Una paella muy famosa en Altea es la "paella d’aladroc". Es típica de las estaciones más frías, cuando los ingredientes son fáciles de encontrar frescos y de temporada. Se compone de arroz, coliflor, boquerón, alcachofa y habas; aunque no tenga muchos elementos está muy sabrosa. Uno de los restaurantes imprescindibles en una visita a esta joya costera es el restaurante Tossal Roig, una arrocería exquisita en la que comer bajo la sombra de los pinos. Un lugar de sosiego y tranquilidad en el que, además de un trato al cliente excepcional, encontrarás arroces típicos de la zona para chuparse los dedos, platos típicos de la zona como las cosas y unas croquetas que son un auténtico escándalo.
Podría seguir enumerando arroces típicos hasta mañana, porque desde luego que la variedad en Altea es infinita; pero hay más platos que merece la pena mencionar. En este pueblo son también muy típicas las "cocas", una especie de masa horneada similar a una pizza o empanada, que puede ser dulce o salada. Las más famosas son la "coca a la llumà", cubierta con ingredientes como verduras, anchoas o embutido, y la "coca farcida", rellena de un sofrito de tomate, pimiento, cebolla, ajo y embutido.

Acaba con algo dulce
El dulce más emblemático de Altea es la Fabiola de Altea. Es un bizcocho esponjoso hecho con almendras, coco rallado y vino dulce. Es famoso por su textura jugosa y densa y su intenso sabor dulce. Además de este bizcocho, hay otros postres típicos de la región como los rollos de naranja o los "pastissets" de boniato.
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