Los jardines más bonitos de Europa

Frescos, coloridos, aromáticos, perfectos en su disposición y armonía, repasamos estos oasis de meditación y recreo que engalanan las ciudades del continente.

Noelia Ferreiro
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Son auténticas obras de arte con sus flores primorosamente dispuestas y su combinación de elementos vegetales junto con fuentes, pasadizos y esculturas. Por eso, más que una extensión de la arquitectura o un complemento de los edificios, son todo un mundo en sí mismos: una imagen idealizada de la armonía, una bocanada de aire puro que propician en medio del asfalto.

Cuentan que sus orígenes se pierden en la noche de los tiempos, siempre a cargo de civilizaciones que buscaron una expresión estética de la naturaleza, un despliegue de buen gusto, un gozo espiritual en un espacio tranquilo y recogido. Los jardines son parajes que tienen su razón de ser en el placer de los sentidos. Estos son algunos de los más hermosos que ilustran las ciudades europeas:

Los Jardines de Versalles

Más de 800 hectáreas ocupa esta maravilla de la jardinería mundial, paradigma del arte del paisajismo francés. Un paraje indisociable de la personalidad del más fastuoso rey que ha tenido el Viejo Continente, aquel que convirtió su vida en un espectáculo perpetuo e incluso se atrevió a identificarse con el gran astro. Hablamos del Rey Sol, instigador de estos jardines que cuentan nada menos que con 200.000 árboles, más de 30 estanques, 50 fuentes y un gran canal con forma de cruz que ofrece una visión hacia el infinito. Por todo ello, y también por el rumor del agua y por el invernadero de naranjos y por las esculturas de estilo clásico y por los rincones de un encanto indescriptible, esta obra faraónica se cuenta entre los más exquisitos y espectaculares proyectos naturales que han sido diseñados por el hombre.    

Jardines de la Isla Mainau

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Dicen que este jardín alemán es el Jardín del Edén, un prodigio de la naturaleza emplazado en una isla del Lago Constanza que más bien parece un rincón tropical. Su extraordinaria exuberancia se debe a un microclima mediterráneo que se ha formado en este rincón, dando lugar a una vegetación sin igual. Más de 500 especies de árboles, 200 especies de rododendros y azalías, 270 especies de dalias, 1.200 especies de rosas, un invernadero de palmeras por el que pasean papagayos y otras aves exóticas, una colección de orquídeas y hasta un mariposario con especies multicolores. Además, el espacio (donde reside también un palacio barroco) está decorado con pérgolas, estatuas y escaleras de piedra en la que se ha llamado la Isla de las Flores.

Jardines del palacio de Schönbrunn

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Es fácil imaginar a Sisi paseando a la sombra de las palmeras (porque las hay) u olisqueando las rosas de colores. Y es que, de este suntuoso palacio de Viena donde la famosa emperatriz vio transcurrir la mayoría de sus veranos, los jardines eran su estancia favorita. Unos jardines que son una bella muestra del barroco austriaco y que fueron declarados, con el conjunto palaciego incluido, Patrimonio de la Humanidad. En ellos destaca el laberinto, reconstruido siguiendo el modelo histórico del año 1698; el bosque tropical, con su particular universo de flora procedente del sudeste asiático.; y el zoológico, con rarezas como una parejita de koalas australianos. Si además se sube a una glorieta situada por encima del palacio, se podrá disfrutar de una visión realmente imperial de la ciudad.

El jardín de Monet

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Con la misma delicadeza con la que trazó sus pinturas, Claude Monet configuró uno de los más bellos jardines del mundo. Lo hizo durante los treinta últimos años de su vida en un bucólico paraje del pueblo francés de Giverny. Allí donde dormía un prado por el que discurría un pequeño arroyo, este artista clave del Impresionismo comenzó a plantar sauces y árboles frutales, arbustos de contornos exóticos, plantas trepadoras y flores, miles de flores de todas las tonalidades posibles. También alumbró un estanque plagado de nenúfares y cruzado por un puente japonés, escena que después reproduciría en algunos de sus hermosos lienzos. Discreto y apenas promocionado, el jardín de Monet, que fue la pasión y la inspiración de pintor, es uno de los más valiosos de Europa. 

Jardines del palacio de Peterhof

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La magnificencia de esta ciudad de corte clasicista no sólo se aprecia en sus plazas colosales, sus iglesias de cúpulas doradas, sus puentes soberbios o sus recoletos canales. Se percibe también en sus jardines como los del este palacio de San Petersburgo que fue la residencia de verano de los zares rusos. Un recinto espectacular a la orilla del Golfo de Finlandia con más de cien hectáreas repletas de flores y plantas, además de palacetes, capillas, museos, miradores… y la impresionante Gran Cascada, un conjunto de 64 fuentes flanqueadas por 200 estatuas de bronce y considerada una verdadera maravilla paisajística.