Islas de Croacia

El mapa insular de Croacia se compone de 1.185 islas, de las que sólo 66 están habitadas. Las cristalinas aguas del Adriático bañan este laberíntico archipiélago que se extiende a lo largo de los 1.700 kilómetros de la costa croata. Es uno de los paisajes más bellos del mundo. En este rincón situado entre Italia y Grecia se originaron las culturas clásicas más importantes de la historia del hombre.

José Manuel Novoa
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Foto: Álvaro Leiva

Antes de comenzar nuestro periplo por las islas croatas recalamos en Split, en el centro de la Costa Dálmata. Sin darnos cuenta, al poco de caminar por sus calles nos habremos trasladado en el tiempo. Ahora transitamos por Spalato, la ciudad romana donde el emperador Diocleciano, de origen dalmacio, decidió pasar los últimos años de su vida. Para ello construyó un colosal palacio de piedra caliza procedente de Brac y ladrillo de Salónica. Lo sorprendente es su estado de conservación. Cuando llegamos al peristilo, el que fuese el patio central de este edificio de más de 38.000 metros cuadrados de planta ya nos habremos percatado de algo que es único en el mundo: la ciudad y el palacio son la misma cosa. Desde el año 639, cuando los habitantes de Salónica huyeron en masa de su ciudad, acosados por los ávaros y los eslavos, y se refugiaron aquí, el palacio siempre ha estado colonizado. Todavía más de 300 familias viven entre sus muros. En un recorrido iniciático por sus calzadas, veremos pasar ante nuestros ojos siglos de historia croata plasmada en las fachadas de sus casas. Edificaciones griegas, romanas, renacentistas o barrocas nos hablan de imperios, reinos y guerras.

La actual catedral de Sveti Duje, que data del siglo VII, fue construida en el mausoleo del emperador Diocleciano. Enfrente, en el peristilo, donde los súbditos expresaban su veneración al emperador, se organizan con regularidad espectáculos teatrales y actuaciones de coros dálmatas. La ciudad tiene una gran tradición en ópera y ballet. Cerca de aquí se observan monumentos erigidos en honor de notables ciudadanos, como el obispo Grgur Ninski, protector de la lengua croata, o el dedicado a Marko Marulíc, padre de la literatura croata.

Del palacio se sale por cuatro puertas, cada una de las cuales tiene el nombre de un metal: la de hierro, la de oro, la de plata y la de bronce. Por esta última, a través de los sótanos, llegamos a la dársena de la ciudad, al paseo Riva, entre el mar y la fachada del palacio. Es un lugar muy animado, lleno de terrazas y al lado del puerto. Actualmente Split es la segunda ciudad más grande del país, después de Zagreb. Es un gran centro industrial, universitario y económico. Su puerto es uno de los más transitados del Mediterráneo. Desde aquí se pueden tomar los distintos transbordadores que realizan los circuitos por las islas croatas.

La isla blanca de Brac

Desde Split navegamos hasta la cercana Brac. Con sus 400 kilómetros cuadrados, es la tercera isla más grande del Adriático. En la actualidad tiene 3.500 habitantes. Antes de arribar a su puerto, ya nos sentiremos embrujados por las cristalinas aguas de este mar turquesa y cálido que realza el paisaje de estas ínsulas privilegiadas. El color de Brac es el blanco y sus casas te ciegan con el sol. Desde la época romana, sus canteras de piedra caliza blanca han sido explotadas desde tiempos inmemoriales. Con ellas se construyó el palacio de Diocleciano en Split, Santa Sofía en Estambul, la Casa Blanca en Washington o el edificio de Naciones Unidas en Nueva York.

Poblada por bosques mediterráneos, Brac es la isla con más elevaciones. Desde la montaña Vidova Gora (789 metros de altitud) podemos contemplar un paisaje increíble del archipiélago. Al pie de este pico, en el sur de la isla, se encuentra el Bol, con su singular playa Zlatni Rat, que quiere decir "cuerno de oro", en clara alusión a su forma. Es una punta plana de pequeños cantos rodados blancos que se adentra en el mar y que tiene la particularidad de cambiar de forma según los vientos y las olas. Se la considera una de las más bellas playas del Adriático. Brac está llena de pueblos pequeños y tradicionales, como Supetar, Pucisca, Skrip o Mirea. Sus campanarios blancos despuntan sobre el manto verde de los bosques. Cultivan la aceituna y la uva, con la que elaboran sabrosos aceites y excelentes vinos. En el interior, en un valle profundo rodeado de montañas, está el convento Pustinja Blaca, construido por los monjes glagolíticos en el siglo XV. Tiene una buena biblioteca-museo y un antiguo observatorio para contemplar las estrellas.

Hvar, la isla que huele a lavanda

Al sur de Brac se encuentra la isla Hvar, un paraíso. Recientemente fue proclamada por una revista estadounidense como una de las diez islas más bonitas del mundo, una lista en la que Hvar se codeaba con Bora Bora, Bali, Mikonos o Capri. Es muy boscosa, con numerosas playas y calas escondidas, y con campos cubiertos de plantas aromáticas, especialmente lavanda, el símbolo de Hvar.

Hay pruebas de ocupación humana desde el neolítico. En la antigüedad los griegos la llamaban Pharos, como a su primer asentamiento en la actual ciudad de Stari Grad. En la época romana la isla basaba su economía en el cultivo de la vid, la pesca y el comercio. Muchos nobles romanos construyeron aquí sus villas de descanso. Tras la caída del imperio, Hvar fue sometida a los reyes croatas y, más tarde, a la Serenísima República de Venecia. Bajo la pax venetiana vivió un largo periodo de prosperidad económica, cultural y comercial. Con la caída de la república en 1797, pasó a manos austriacas y, después, francesas. Tras la destitución de Napoleón volvieron los austrohúngaros, que dieron una relativa estabilidad a la región hasta la llegada del ejército italiano, cuando se integró en el reino serbocroata, que se convirtió en Yugoslavia después de la Segunda Guerra Mundial.

La ciudad de Hvar está rodeada de murallas medievales. Desde su fortaleza Spanjol podemos apreciar un panorama majestuoso de la urbe, el puerto y el archipiélago de las islas Pakleni, también llamadas "diabólicas". Su plaza central, empedrada con grandes losas, está presidida por la catedral de Santo Estefano y el Palacio Episcopal. Enfrente se encuentran el arsenal y el viejo teatro, que fue el primero que se construyó en Europa en 1612. A la derecha se extiende el puerto, lleno de terrazas y restaurantes, donde atracan los yates de lujo. No es difícil ver aquí a famosos que vienen a la ciudad en sus vacaciones, como Tom Cruise, Bill Gates, Estefanía de Mónaco, Benetton, Romano Prodi o Sharon Stone. Quizás sea porque la isla de Hvar tiene una media de 2.800 horas de sol al año, o porque todavía es un lugar al que no ha llegado el turismo masivo y guarda su encanto de siempre.

En torno a la plaza, las casas de piedra blanca ascienden escalonadas por las laderas del cerro. En sus estrechas calles de piedra, con tramos de escaleras y jardines de limoneros y buganvillas, hay numerosos restaurantes, boutiques y bares. En sus vinotecas, como en el Vine Bar Tri, junto con unas tapas de queso y jamón ahumado, se pueden degustar vinos tan importantes como los tintos elaborados con la uva Plavac Mali, que se cultiva en Hvar, o el blanco Krk, que procede de la isla del mismo nombre, que visitaremos más adelante.

El tránsito de lanchas y yates es constante en el puerto. Resulta fácil alquilar alguna pequeña embarcación por sólo 50 euros al día para recorrer las islas diabólicas, un laberinto de canales, islotes, calas y ensenadas que se extiende frente a la ciudad. En cada isla encontramos espacios resguardados en los que se han instalado pequeños hoteles, restaurantes, chiringuitos o centros náuticos.

Explorar con detenimiento estas islas verdes bañadas por aguas cristalinas constituye una opción inmejorable para descubrir los encantos del Adriático.

Korcula, donde nació Marco Polo

A pocos kilómetros al sur, llegamos a Korcula, una isla alargada de 47 kilómetros de largo por ocho de ancho. Su ciudad medieval amurallada posee edificaciones de todas las épocas, aunque predominan las venecianas, que le aportan un estilo noble y señorial. Es peatonal. Sus calles son estrechas y empedradas. En el centro está la catedral de San Marcos, construida hacia el 1300; el monasterio Franciscano, de estilo gótico veneciano; la cámara del Consejo Cívico, y los palacios de los antiguos gobernadores venecianos. Según una tradición local, Marco Polo nació aquí en 1254, en el seno se una familia de mercaderes, aunque no es un hecho probado. Lo cierto es que en una de las calles del centro histórico se puede visitar la supuesta casa de este insigne explorador y viajero.

El puerto es el lugar de encuentro. Hay numerosos restaurantes y terrazas desde las que se puede ver los yates de lujo que atracan en Korcula. La historia de la isla está ligada a la de sus vecinas Brac y Hvar. Fue igualmente invadida, colonizada y sometida. Sin embargo, sí hay un hecho singular en su historia: en esta ciudad se proclamó un estatuto en 1214 que prohibía la esclavitud. Fue el primer lugar del mundo que se declaró antiesclavista.

La carretera principal recorre la isla de punta a punta, desde Lumbarda hasta Vela Luka. Cerca de esta ciudad está la cueva de Vela Spila, uno de los asentamientos prehistóricos más importantes de Europa. La cueva es una cavidad rocosa donde se han encontrado vestigios óseos y líticos que demuestran la existencia de asentamientos humanos desde la edad de piedra hasta la edad del hierro.

Antes de poner rumbo hacia el norte, pasamos por las islas Mljet, Lastovo y Vis. La primera es la más occidental de las grandes islas croatas. Es un verdadero paraíso con su parque natural de más de 3.000 hectáreas, declarado Reserva de la Biosfera en 1960. En el centro del parque se encuentra el lago salado Veliko Jerezo, que tiene una isla donde los monjes benedictinos edificaron en 1151 el monasterio de Santa María, presente en numerosos pasajes de la historia croata. A través de un túnel natural se llega a la cueva marina de Odysseus, que se identifica como el lugar donde se refugió Ulises (Odysseus era su nombre) tras sobrevivir a un naufragio cuando regresaba de la guerra de Troya. El rey de Ítaca nadó hacia el interior de la cueva y allí cayó en los brazos de Calipso, hija de Poseidón. Prendado por su belleza, permaneció en la isla siete años.

La Gruta Azul

En nuestro periplo, dejamos a babor Lastovo, una de las diez islas mejor conservadas del Mediterráneo. Tiene más de 30 iglesias y capillas. Es famosa por sus langostas y sus vinos, y un lugar ideal para los deportes náuticos.

Antes de dejar la Dalmacia meridional atracamos en la Issa romana, la actual Vis, que estuvo prohibida a los visitantes hasta 1989 porque pertenecía a la Marina yugoslava. Uno de los lugares más famosos de la isla es la Cueva de Tito, su cuartel general durante la Segunda Guerra Mundial. Tras visitar los yacimientos arqueológicos, especialmente el anfiteatro romano y las termas, podemos hacer una corta excursión al islote Bisevo, donde en 1984 se descubrió la Gruta Azul o Modra Spilja. Se trata de una gruta en la que se produce un fenómeno fascinante. Cuando el sol está en lo más alto, sus rayos se filtran a través de una cavidad submarina y se descomponen tiñendo de azul y malva las paredes de la cueva; su fondo se vuelve plateado.

En los restaurantes de Vis y en Komiza, las dos ciudades de la isla, podemos degustar su gastronomía. Aparte de las deliciosas langostas, la sardina está presente en muchas recetas, como la pogaca od slane ribe, una torta de pan y sardinas. Sus vinos elaborados con uva Vugaba son excelentes. El postre más popular es el krotule, con ciruelas y licor.

Ahora ascendemos rumbo al norte, paralelos a la Costa Dálmata. A la altura de Sibenik entramos en el archipiélago de Kornati, un parque nacional con más de 140 islas deshabitadas, cuya superficie total es de 70 kilómetros cuadrados. La navegación se torna un poco más peligrosa por los arrecifes y atolones. Sólo unas cuantas ínsulas están habitadas ocasionalmente, como Zlarin, donde se recolectan corales, o el islote Krapanj, con sus célebres cultivadores de esponjas. También hay numerosos faros, algunos muy antiguos, como el de Blitvenica o el de Sestrice, que están habilitados para que se puedan alojar los viajeros más románticos.

Siguiendo nuestro rumbo norte recorremos la costa de la isla Dugi Otok. En su extremo septentrional está el faro Veli Rat, que, con sus 40 metros de altura, es el más alto de Croacia. Se construyó en 1849. Cuenta la leyenda que sus paredes exteriores se enlucieron con una mezcla hecha con más de cien mil huevos para preservarlas de los golpes de mar y del viento. En su parte baja hay dos alojamientos para turistas. Ahora viramos a estribor y nos dirigimos a la Ibiza croata, la isla de Pag. Tiene 300 kilómetros de costa y 800.000 habitantes. La especialidad de Pag es un queso salado llamado paski. La hierba que comen las ovejas contiene mucha sal por el efecto de los vientos marinos, lo que le da un sabor especial a su leche. También elaboran buenos vinos. Son famosos los encajes de Pag, que se confeccionan con una aguja de coser. Eran muy apreciados por el emperador austricao, y por eso las encajeras vivían permanentemente en la corte. Es un adorno imprescindible para las mujeres casadas de la isla. La diversión está asegurada en las noches de Pag. Hay cientos de discotecas, especialmente en la playa de Zrce.

Llegamos al final de la singladura, al archipiélago de Kvarner, el mayor de Croacia con sus cinco islas: Pag, Rab, Losinj, Cres y Krk. Esta última es la más grande del Adriático. Aquí se descubrió el monumento más importante de la historia croata, la placa de Baska escrita en alfabeto glagolítico a finales del siglo XI, que hoy se exhibe en el vestíbulo de la Academia de Ciencias y Bellas Artes de Zagreb. Por toda la isla encontramos monumentos que sintetizan la historia del país, como el casco antiguo de la vieja ciudad de Krk, o la pequeña Vrbnik, colgada literalmente sobre el mar. Es conocido internacionalmente el vino blanco de esta isla, un caldo afrutado con infinidad de matices propios.

Campanarios románicos

La isla de Rab es agreste en su parte sur y serena en su extremo norte. El casco antiguo de la ciudad se caracteriza por sus campanarios románicos y las pinturas de de los recintos medievales de la catedral. Cuenta la leyenda que un escultor nacido en Rab en el siglo IV, llamado Marín, fue el fundador del estado de San Marino, en la península de los Apeninos.

Cres y Losinj son dos islas separadas por un canal de 11 metros de anchura, donde se encuentra la ciudad de Mali Losinj, la población insular más grande del Adriático. Sin embargo, el archipiélago de Cres está lleno de pequeñas y pintorescas poblaciones costeras. El clima es casi subtropical. En el centro de Cres se encuentra el lago de agua dulce Vransko, cuyo fondo está por debajo del nivel del mar. Sus aguas cristalinas son el hábitat natural de un gran número de bancos de delfines.