Invierno en el Cantábrico

Corias, Cangas de Onís, Santillana del Mar, Limpias y Hondarribia protagonizan la oferta de Paradores para disfrutar de las mejores estancias del Cantábrico.

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Foto: Paradores

Dos vagonetas que han recorrido miles de kilómetros en la mina de Carballo te dan la bienvenida al Parador de Corias. Un edificio con muchas peculiaridades, entre otras tener 365 vanos entre sus muros, uno por cada día del año. Antiguo convento de la orden de los Benedictinos, tras la desamortización de Mendizábal pasó a manos de los Dominicos. Además de las ruinas de la iglesia del siglo XI, perfectamente conservadas, este Parador es el único que cuenta con un Spa en todo el Cantábrico. Ejercicio muy de agradecer tras los paseos que se pueden dar por la zona: por la ruta del vino o por el bosque de Muniellos, Reserva de la Biosfera. A este último se accede por el puente romano situado enfrente del Parador. Y para reponer fuerzas nada como una fabada asturiana en el antiguo refectorio del convento, y reposarla en la biblioteca decorada con obras del portugués Rui Macedo, mientras se admiran los más de 25 metros de longitud de las baldas de la librería dominica.

Asturias nos despide en la cuna de la Reconquista, con la cueva de la Santina. En Cangas de Onís, los asturianos presumen de haber sido la primera capital de España, y presumen –también– de su Parador.  Un edificio del siglo XII con la capilla de San Miguel como obra maestra y en un estado ideal de conservación. Nadie se puede marchar del Parador sin hacer la cata de quesos asturianos, un recorrido por los sabores del occidente hasta el oriente del Principado, todo ello alrededor del hogar de una cocina con ocho siglos.

Paradores

Ya en Cantabria, el Parador de Santillana nos recibe con sus tres chimeneas encendidas, algo de agradecer en invierno. Una vez repuestos, nos esperan la colegiata de Santa Cruz, una de las joyas del románico, y las cuevas de Altamira. Para los más pequeños, y no tan pequeños, el zoo de esta localidad es uno de los mejores dotados de España. Y si queremos probar la joya de la corona cántabra, la anchoa, nada mejor que hacerlo en Limpias. En esta zona se elabora el 90% de la producción de la anchoa. Varias empresas conserveras permiten asistir a todo el proceso de elaboración. Desde el Parador nos pueden facilitar estas visitas. Y si estamos con ánimo de ver más pinturas rupestres, no podemos irnos sin visitar las cuevas de Covalanas, con poco que envidiar a las de Altamira. Especialmente buenos los guías y la visita, con efectos especiales muy llamativos.

Nuestro último destino: el Parador de Hondarribia en el País Vasco. Llegamos al conocido como castillo de Carlos V, una construcción del siglo XI donde está ubicado el Parador. Toda una fortaleza medieval, asomada al Bidasoa y defensora de los ataques franceses durante años. La vista desde alguna de sus habitaciones únicas permite ver la costa francesa y la española al mismo tiempo. Un paseo por la playa de Hondarribia permite ver también la de Hendaya, solo separadas por la desembocadura del río Bidasoa, y disfrutar de la arquitectura típica de la zona. Además, hay una amplia oferta de ocio para estas fechas: senderismo, montaña o deportes de aventura. Y si lo que nos gusta es navegar, Hondarribia cuenta con uno de los mejores puertos deportivos del Cantábrico, al que se llega a través del Paseo Butrón, principal vía de esta ciudad guipuzcoana.

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