Ibiza y Dalt Vila abren espacios en primavera

El recinto amurallado de Dalt Vila es un libro abierto sobre la historia de la isla, protagonizada por púnicos, fenicios, romanos, musulmanes y catalanes. Y aunque parezca detenida en el tiempo, sigue avanzando, como demuestra la reapertura este mes del Museo de Arte Contemporáneo de Eivissa.

Nuria Cortés

El comienzo de la temporada en Eivissa ya está aquí. La ciudad comienza a desperezarse de su letargo invernal y lo hace con una importante novedad que convierte en protagonista absoluto al recinto amurallado de Dalt Vila. Para conocer la noticia cultural del año en la isla hay que empezar este paseo por el bello Portal de ses Taules, muy cerca del cual se encuentra el Museo de Arte Contemporáneo de Eivissa (MACE). El 27 de abril abre de nuevo sus puertas tras una sobresaliente obra de ampliación, que casi ha triplicado su antigua superficie y que ha puesto en evidencia importantes restos púnico-fenicios, ahora a la vista bajo un suelo de cristal. Desde esta fecha y hasta octubre, el museo celebrará su vuelta a la escena con una destacada exposición sobre los artistas Miquel Barceló y Barry Flanagan. Rodeando el museo se llega al inicio de la ronda de Narcís Puget Viñas y a la bonita plaza de Sa Carrosa, donde se encuentra uno de los restaurantes clásicos de la ciudad: El Portalón.

Un poco más allá mira hacia la bahía el baluarte de Santa Lucía?, el escenario principal del Eivissa Jazz, que se desarrolla cada agosto. En lo que fuera un polvorín se organizan exposiciones durante todo el año. El antiguo convento de los dominicos, hoy sede del Ayuntamiento, queda atrás de camino hacia lo alto de Dalt Vila, siguiendo las calles de Pere Tur y de Joan Roman. Al final de ésta se encuentra el convento de San Cristóbal?, donde se pueden comprar empanadas, cocas, orelletas y otros dulces que elaboran sus monjas. A la vuelta, y ya en el carrer Major, el Museo Puget -que este mes cumple cinco años de vida- ofrece su bella colección pictórica sobre la Ibiza rural de la primera mitad del siglo XX. En la misma calle, tras pasar Sa Portella, el único acceso de la ciudadela árabe que ha sobrevivido, y a pocos pasos de la Catedral y el Museo Arqueológico -aún cerrado por reformas-, se encuentra el Centro de Interpretación Madina Yabisa?, un paseo por la antigua Eivissa musulmana que aún se percibe en el trazado urbano y las torres de Dalt Vila.

La museización realizada desde que ésta fuera declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco incluye también atriles informativos, audioguías, visitas guiadas teatralizadas y las interesantes experiencias interactivas y multimedia localizadas en los baluartes de Sant Pere, Sant Jaume y Sant Bernard. Precisamente junto a éste se está trabajando en la que será la novedad del año que viene: el primer establecimiento que tendrá Paradores en Baleares y que ocupará el que fuera el antiguo castillo.

De baluarte en baluarte se llega a la Plaça del Sol, muy agradable en las noches de verano gracias al ambiente del restaurante homónimo. La calle de Santa Creu, con las galerías Arte del Mundo y Van der Voort -un clásico ibicenco-, desemboca en el revuelo que se vive en Plaça de Vila en temporada alta. Este mes vuelve tras el descanso invernal La Torreta, un local de siempre ahora en manos de la nueva generación de la familia propietaria, quienes le han dado un toque creativo a su recetario mediterráneo. Si se va en grupo, se puede cenar en el interior de una de las torres medievales de Dalt Vila. Al lado, el famoso diseño ibicenco adlib se encuentra en las boutiques Thalassa y Divina, mientras que en Sandal Shop la piel es la protagonista. Desde el 11 al 13 del próximo mes de mayo la plaza será el corazón de la Feria Medieval, una cita que congrega a más de cien mil personas cada año y que celebra la declaración de Dalt Vila como Patrimonio de la Humanidad.