Con huerto propio: hoteles con encanto para practicar el agroturismo

La vida rural goza cada vez más de un mayor número de adeptos. Son muchos los que quieren participar en las labores del campo, algo que agroturismos y hoteles han convertido en parte esencial de su día a día. Estas casas, fincas y antiguas masías con huerto propio ofrecen a sus huéspedes un estilo de vida de lo más sano.

Silvia Roba
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Foto: D.R.

Naturaleza y tranquilidad es lo que nos brinda siempre la Alpujarra granadina. Dos pilares básicos sobre los que se alza el Cortijo La Viñuela, en Atalbéitar, un pueblo blanco andaluz donde, y no es un tópico, el tiempo parece haberse detenido. A 1.150 metros de altitud, en la ladera sur de Sierra Nevada, esta preciosa finca dispone de tres casas independientes, con su propio porche, el tinao, y habitaciones con vistas sobre el valle y los jardines.

Cortijo La Viñuela, Granada | D.R.

Como elemento común, el continuo rumor del agua de la alberca que discurre por las acequias, antiguos canales moriscos que hoy sirven para regar un huerto ecológico. Tomates de diferentes variedades, pimientos, calabacines, patatas, lechugas y otras muchas hortalizas acompañan a los huéspedes en ensaladas o gazpachos. También a los postres, sobre todo en temporada, cuando las fresas y frambuesas se recogen en su punto cada día. Comer higos directamente de la higuera o uvas de las parras que hay repartidas por el cortijo es una de esas cosas que se pueden hacer en septiembre…

 Casa SiempreViva,Torrox Costa (Málaga)  | D.R.

Que sus clientes encuentren el equilibrio perfecto entre cuerpo y mente es el objetivo de Casa SiempreViva, un alojamiento sostenible en la Axarquía malagueña, concretamente en la localidad de Torrox Costa, que mira hacia el mar. Sus cinco habitaciones, que se inspiran en elementos del entorno, como el azahar o los olivos, están decoradas con materiales ecológicos y objetos reciclados por artesanos de la zona. En su jardín nacen flores comestibles y en su huerto, productos que cada cual puede recolectar para dar más sabor a sus desayunos o cenas. De que haya huevos frescos se encargan las gallinas.

 Casa Rural Melones, Patones de Abajo, Madrid | CUCUFLASH

A los huéspedes más pequeños les encanta ayudar a cosechar y a regar el huerto de la Casa Rural Melones, en Patones de Abajo, en la Sierra Norte de Madrid. Recoger guisantes, calabacines o tomates es una de las actividades preferidas de quienes eligen este encantador hotelito, que en su día fue una cuadra. Dividido en siete habitaciones, es ideal para familias y parejas, que tienen a su disposición talleres de cerámica para aprender a hacer, por ejemplo, macetas para cactus y suculentas, que aquí conviven en un invernadero que es puro color en primavera.

Mas de la Segarra, Vilar de Canes (Castellón) | D.R.

Especial para quienes viajen con niños es Mas de la Segarra, en el Alto Maestrazgo (Castellón), donde podrán conseguir un diploma que les acredite como el mejor agricultor. El juego es fácil: basta con saber encontrar en el huerto cebollas, ajos o pimientos y distinguir una alcachofa de una berenjena. Almendros, olivos y árboles frutales rodean esta masía del siglo XVI, en la que pueden alojarse hasta 13 personas.

O Chardinet D'a Formiga, Charo, Huesca | Ferran Guardia

Sentir el paso natural de las estaciones es el reclamo principal de O Chardinet d’a Formiga, formado por un pesebre, una casa y un pajar del siglo XVII al más puro estilo de las construcciones de O Val d’a Fueba, en la comarca de Sobrarbe (Huesca). Una casa respetuosa con el entorno con cinco habitaciones con nombres aragoneses. Así, podemos pasar la noche en A Birigüeta (Grillo), A Ferfeta (Cigarra), O Azirón (Arce), O Tremoncillo (Tomillo) y A Birabola (Mariposa), con grandes ventanales y vigas de madera en el techo. Los desayunos y cenas son muy saludables, elaborados con productos de la zona o recogidos en su huerta ecológica. Todo tiene su porqué: “bocado a bocado, uno siente fuerza y curiosidad para descubrir el territorio”.

Mas Salagros, Vallromanes, Barcelona | D.R.

Una máxima que también comparten en Mas Salagros  una masía del siglo XV en la comarca del Vallés Oriental (Barcelona). Disfrutar de cada cosa tomándose el tiempo necesario es el consejo más repetido en este alojamiento con habitaciones desde las que se obtienen espectaculares vistas al parque protegido de la Serralada Litoral. Clases de yoga y baños de bosque son algunas de sus propuestas, a las que hay que sumar una oferta gastronómica basada en los productos de proximidad. Más cerca imposible: muchos de sus ingredientes salen de su huerto. De desayunos eco-gourmet presumen en La Garriga de Castelladral, también en Barcelona, en Castelladral, un espacio para recuperar sensaciones. Para empezar, una pregunta: ¿recuerdas el olor de los tomates que te comías cuando eras pequeño? Si la respuesta es “no”, aquí podrás probar de los buenos. También miel, procedente de las abejas de la finca.

En Ibiza numerosas explotaciones agrarias se han transformado en agroturismos. Es el caso de Can Domo (candomo.com), una finca payesa del siglo XVII con producción propia de aceite de oliva ecológico y un restaurante que se nutre de un huerto en el que abundan guisantes, habas, coles, calabazas e infinidad de hierbas aromáticas.

Cas Gasi, Santa Gertrudis, Ibiza | Tamara Sini Photography

Una cocina viva, salvaje y saludable es lo que propone Cas Gasi, que aprovecha en la carta de su restaurante los productos del huerto, “un hermoso lugar de calma”. A los huéspedes se les anima a que paseen entre hileras de cogollos, brotes verdes y plantas en floración. El cuidado del medio ambiente es uno de los temas por los que más se preocupan en Son Brull, a los pies de la sierra de Tramuntana, en el norte de Mallorca. El menú diario del restaurante varía en función de lo que el equipo de cocina encuentra cada día de paseo por la huerta orgánica.

Lurdeia, en Bermeo (Bizkaia) | D.R.

La casa rural Lurdeia, en Bermeo (Bizkaia), es, simplemente, un refugio donde ser feliz. A ello contribuyen sus coquetas habitaciones, ocho en total, y el entorno, con un lago donde, según los propietarios: “La lluvia se queda con nosotros siendo espejo de agua que duplica el paisaje y el cielo”. Por aquí comen y pasean a sus anchas gallinas, patos, ocas y pavos que conviven “en mística sintonía” con personas y plantas. En Lurdeia producen hortalizas, verduras y frutas de forma ecológica, algo que se aprecia en el color, olor y, sobre todo, sabor de los productos.

El Mirador de Ordiales, Samartino, Siero (Asturias) | RAMON JIMENEZ

El clima y la riqueza del suelo son los que permiten que la huerta de El Mirador de Ordiales, en pleno centro de Asturias, sea pródiga en patatas, tomates, fresas, arándanos, grosellas, ciruelas, manzanas… Delicias naturales con las que soñar desde cualquiera de sus tres habitaciones, con chimenea y jardín. El horizonte aquí es solo verde.