Hoteles rurales con vistas al Mediterráneo

Algunos de estos hoteles rurales tienen vistas al mar y otros están un poco más escondidos, pero lo suficientemente cerca de playas y calas que nos permiten sentir el calor del verano. Desde el estrecho de Gibraltar hasta Cap de Creus hay un mundo por descubrir.

Silvia Roba
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Foto: D.R.

No hace falta alojarse en primera línea de playa para disfrutar del estilo de vida mediterráneo. Más allá del mar y su brisa, encinas, pinos y viñas componen un paisaje al que es imposible resistirse en esta época del año. La isla de Mallorca está repleta de arenales y calas fantásticas, pero también de campo abierto y montañas, pueblos y caminos que apetece mucho descubrir. A pie, o tal vez en bicicleta, como propone a sus huéspedes Finca Serena , que extiende sus 40 hectáreas en los límites de Montuïri, tierra de molinos que es todo tradición.

CORTIJO EL SARMIENTO Mojácar (Almería) | Ces Kris

Un lugar perfecto para dejarse llevar por el encanto de la vida rural, la calma y esa felicidad que el hotel promete a sus clientes nada más llegar. No resulta difícil alcanzarla. Sus habitaciones “perfectamente imperfectas”, vestidas con tejidos naturales, algodones y linos y decoradas con piedra y madera, son reductos de paz. La finca cuenta, además, con una piscina entre palmeras, spa, bodega y un restaurante, Jacaranda, en el que todo gira en torno a tres conceptos: producto, raíces y técnica.

LJS RATXÓ Puigpunyent (Mallorca) | LJS Ratxó

El resultado, platos sofisticados con sabores muy reconocibles: croquetas de butifarrón, escaldums de faisán, espinacas y bizcocho especiado y coca de trampó con mango, yemas de erizo y espuma de mar. El mar… No queda lejos, 20 minutos en coche, los mismos que emplearán para bañarse quienes elijan LJs Ratxó, una espectacular finca del siglo XIV en plena Serra de Tramuntana, apenas a unos kilómetros de Puigpunyent, rodeada de olivos. Un eco luxury retreat formado por varios edificios revestidos de piedra vista mallorquina, en los que se ubican las habitaciones, con terraza o jardín, para conectar aún más con la naturaleza. Dispone de huerto propio y de un restaurante, claro está, de cocina mediterránea.

CASES NOVES El Castell de Guadalest (Alicante) | D.R.

Explorar la costa menorquina a bordo del típico llaut es una de las actividades que se pueden reservar desde la recepción de Torralbenc, en Alaior, a tres kilómetros del mar. Todo el Mediterráneo encuentra su sitio en cada rincón de la finca, entre jardines de romero, lavanda y buganvillas por donde se reparten las habitaciones, construidas en roca caliza y madera. Las hay con vistas al mar y al jardín, e incluso alguna con piscina privada. Por las noches, el restaurante ofrece Cenas Románticas al aire libre. En el menú, ceviche de gamba, atún soasado… y vino de cosecha propia, que a su alrededor se despliega un viñedo.

Llegar a un sitio, sentirte en casa y hacer de otra tierra tu tierra es lo que movió a sus propietarios a sacar adelante este agroturismo. Una filosofía que comparten en Antic Menorca, con habitaciones que se distribuyen en una antigua casa payesa y el establo. Decoradas con piezas de anticuarios sus ventanas se abren a los jardines de plantas aromáticas que rodean el hotel.

MAS PASTORA Llafranc (Girona) | D.R.

Cuando llega el momento de la puesta de sol la terraza de Cases Noves, en El Castell de Guadalest (Alicante), se llena de curiosos. Todo el mundo quiere disfrutar de sus impresionantes vistas, con el castillo a un lado y el valle y la bahía de Altea perdiéndose en el horizonte. Según Sofi y Toni, que dirigen el hotel, “este es un lugar para disfrutar y relajarte, un espacio de desconexión para reconectar”. Cuenta con cinco habitaciones —Guadalest, Aitana y Bernia tienen vistas al mar— y un apartamento independiente. Hay muchas cosas que hacer aquí: practicar escalada en Monte Ponoig, kayak en el embalse de Guadalest, barranquismo en Mela o, quizá, una ruta en bicicleta hasta las playas más cercanas, por ejemplo, las de Benidorm. Pero todas tienen el mismo comienzo: un desayuno gourmet hecho con mucho amor.

TORRALBENC Alaior (Menorca) | D.R.

Situado en el Baix Empordà, Pals, con su casco antiguo de origen gótico, es uno de los pueblos más bonitos de la Costa Brava. En las inmediaciones de la villa medieval, Es Portal emerge como una isla, muy cerca del Parque Natural del Montgrí, las Illes Medes y el Baix Ter. El edificio es una masía del s. XVI con elementos arquitectónicos originales. Cuenta con ocho habitaciones y una suite, que llevan por nombres lugares cercanos como Puig Pedrós, una colina muy próxima a la playa. Sus paredes de piedra proporcionan un toque acogedor, tan mediterráneo como los platos que se pueden degustar en su restaurante, donde no faltan escalivadas y arroces.

Las famosas gambas de Palamós siempre están presentes a la mesa del restaurante de La Malcontenta, una antigua masía fortificada del s. XIX, en el Paraje de Torre Mirona, a 15 minutos andando de la última playa virgen de la Costa Brava, la del Castell. También caminando se alcanza la orilla del mar si nos alojamos en Mas Pastora, en Llafranc, una casa del siglo XVIII en el corazón de una antigua explotación agrícola.

FINCA CORTESÍN Casares (Málaga) | D.R.

Con solo siete habitaciones cuenta el Cortijo El Sarmiento, una casa encalada a las afueras de Mojácar (Almería), con unos anfitriones, Yvonne y Carsten, dispuestos a demostrar a sus huéspedes que aquí se sentirán “como en el paraíso”. Ellos se encargan de todo, incluso de recomendar las mejores calas para bucear. Jugar al golf o al tenis sin salir del hotel es lo que podrán hacer quienes elijan la Finca Cortesín, en Casares (Málaga), construida alrededor de dos patios principales de proporciones palaciegas. Dispone de 67 luminosas habitaciones y, a kilómetro y medio, de un Club de Playa, con espléndidos jardines, hamacas y camas balinesas que rodean una piscina infinity de 35 metros de largo.