Una escapada a la calma total: hoteles en monasterios

Los lugares que hace siglos sirvieron como retiros espirituales para comunidades religiosas hoy continúan siendo reductos de calma. Los muros y el entorno son los mismos, pero por dentro todo ha cambiado.

Silvia Roba
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Foto: Juan Carlos Roman4HospitalityPhotos

La calma y la paz de espíritu que persiguieron tiempo atrás los monjes jesuitas que habitaron el monasterio donde hoy encuentra acomodo el hotel Son Brull es la misma de la que hoy disfrutan sus huéspedes. Ubicado a los pies de la serra de Tramuntana, en el norte de Mallorca, muy cerca de Pollença, este alojamiento cinco estrellas es todo un santuario rural. Así se define, para que nadie olvide cuáles fueron sus orígenes. Sus habitantes vivían entonces de lo que les proporcionaba la tierra y no dudaban en dar la bienvenida, con refugio y comida, a los viajeros cansados.

Jardín y Claustro del Hotel Monasterio de Piedra | D.R.

Más de 300 años después su objetivo es casi idéntico. La piedra del edificio principal y la vieja almazara, que ahora alberga un bar, recuerdan aquella lejana época. Pero quedémonos en esta. El hotel cuenta con 27 habitaciones, algunas de las cuales aparecen decoradas con vigas de madera en el techo, herencia de su pasado. Desde que los jesuitas lo construyeran, los vecinos de la zona han conocido siempre este lugar como “la finca que tiene tantas ventanas como días tiene el año”. De esa tradición viene el nombre del restaurante, 365, que, bajo la dirección del chef Andreu Segura, ofrece una cocina arraigada a la tierra. En su bodega, un antiguo molino de harina, guarda una selección de más de 200 vinos de todo el mundo. Para lograr la armonía total, su spa ofrece rituales según temporada. En primavera, proponen recuperar la energía con la hoja tierna de la chumbera y la esencia de su flor.

Vista general de Son Brull | D.R.

También cuenta con una zona dedicada al bienestar de los huéspedes el Eurostars Monumento Monasterio de San Clodio Hotel & Spa, construido en el siglo XII en la comarca del Ribeiro, en Ourense, para dar morada a una comunidad de monjes cistercienses, primero, y benedictinos después. Sus dos claustros, uno barroco y otro renacentista, nos permiten viajar hacia atrás en el tiempo, algo que se consigue también en sus habitaciones, con techos altos y paredes de piedra, abiertas a los viñedos que se extienden por el entorno.

Habitación del Hotel Monasterio de Piedra | CarlosMuntadasPrim

A menos de una hora por carretera, escondido tras una gran arboleda, emerge el Parador de Santo Estevo, monasterio benedictino con fachada barroca del siglo XVIII, una iglesia con hechuras de catedral y tres claustros de diferentes estilos (románico, gótico y renacentista) en los que resulta agradable charlar de noche, amparados por una tenue iluminación y suave música religiosa de fondo. Dispone de 77 habitaciones —algunas con vistas a los cañones del Sil—, spa y un restaurante con terraza justo al lado de un bosque de castaños.

Spa del Eurostars Monumento Monasterio de San Clodio | Ramón Vaamonde

A orillas del río Sella, en Asturias, se alza otra de las joyas de la red nacional, el Parador de Cangas de Onís, un centro de operaciones perfecto para quienes quieran visitar el Parque Nacional de los Picos de Europa y los lagos de Covadonga. El Monasterio de San Pedro de Villanueva donde se emplaza fue erigido por el rey Alfonso I el Católico en el año 746. Sobre él se fundó el actual edificio, regido por la orden de San Benito hasta la desamortización de 1835. A él se añadió después un ala completamente nueva, realizada con materiales que respetan el entorno. Un hórreo de más de cien años y piezas de orfebrería completan el patrimonio artístico del parador.

Parador de Cangas de Onís | Imagen M.A.S.

Construido en el siglo X, el Monasterio de San Zoilo, en Carrión de los Condes (Palencia), fue una de las primeras obras arquitectónicas del románico cluniacense en la península. Situado en el centro del Camino de Santiago, ha dado hospedaje, a lo largo de la historia, a reyes, cardenales y obispos. Así se lo recuerdan siempre a los actuales huéspedes, que pueden elegir entre dormir en alguna de sus 47 habitaciones dobles, ubicadas en torno al claustro alto y la entonces huerta, ahora jardines, o en otras estancias más especiales, como la Junior Suite de Alonso, junto a la capilla románica y la torre norte de la iglesia, o la Suite del Abad, llamada así en recuerdo de quien antiguamente descansaba en ella.

Patio del Parador de Santo Estevo | D.R.

El desván de las cocinas del monasterio es hoy el restaurante Las Vigas, que conserva su viguería original, mientras que el calefactorium y el refectorio se han transformado en salones para celebraciones. Con sus altos muros de piedra, el Refectorio, dirigido por Marc Segarra, con una estrella Michelin, es, precisamente, el nombre del restaurante del hotel Abadía Retuerta, en Sardón de Duero (Valladolid). No hace falta explicar por qué. Este moderno y sofisticado hotel ocupa el espacio y las formas de una abadía románica, la de Santa María, construida allá por el siglo XII. Cuenta con 30 habitaciones, spa, un jardín en el claustro y una bodega que continúa con la tradición vitivinícola iniciada aquí hace más de 800 años. 

D.R.

En el Pirineo aragonés, junto al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, abre sus puertas el Barceló Monasterio de Boltaña, que conserva mucho del cenobio fundado en el siglo XVII por la Orden de los Carmelitas Descalzos sobre una vieja ermita a orillas del río Ara (Huesca) que un día fue. Tampoco renuncia a su legado el Hotel Monasterio de Piedra, habilitado dentro del monasterio cisterciense del siglo XIII que es todo un icono en Zaragoza y más allá. El claustro, los pasillos abovedados, la escalinata renacentista, la biblioteca de los monjes que hoy es un comedor… Cada uno de sus rincones invita a volar con la imaginación. Aunque lo mejor será no separar los pies del suelo. El parque que lo rodea, con sus cascadas y exuberante vegetación, es lo más parecido al paraíso en la tierra