Hoteles con patio en Córdoba

Pocos lugares hay tan evocadores como Córdoba en el mes de mayo. Sus calles y plazas son un estallido de color y aromas que se pudo disfrutar de una forma especial en hoteles con encanto cuya vida palpita en sus patios. Esta selección muestra antiguas casas y palacios del centro histórico convertidos en vergeles y oasis.

Silvia Roba

La Fiesta de los Patios de Córdoba, que celebró una nueva edición entre el 2 y el 15 de mayo, es desde el año 2012 Patrimonio de la Humanidad. Y también la mejor excusa para visitar la ciudad califal, rebosante de primavera, alegre y más llamativa que nunca en estas fechas. Las casas del centro histórico y más allá abren sus puertas para que todo el mundo pueda disfrutar con la decoración floral de ese espacio de la vivienda al que se accede desde la calle a través del zaguán, y que suele estar presidido por una fuente o un pozo.

Disfrutar del ambiente relajado, los aromas y el frescor es algo tan vital que muchos hoteles acomodados en edificios y palacios con solera han querido continuar con la tradición. Es el caso del Patio del Posadero (patiodelposadero.com), una antigua casa de vecinos con un precioso patio cordobés del siglo XV. No queda nada del taller de capotes artesanales ni de la orfebrería que en tiempos ya lejanos aquí se instalaron, pero sí mucho de ese espíritu de antaño, que para eso se ha cuidado y rehabilitado con esmero cada rincón. Cuenta con solo cuatro habitaciones: Spartum, con un estilo muy de la campiña; Laçur, que rememora el esplendor de Al Andalus; Quelo, un homenaje a la danza, y Petra, con una magnífica pared de piedra. Y hay otro aliciente más: la ubicación, junto al paseo de la Ribera, a unos pasos de la Mezquita.

Frente a su torre de campanas aguarda otra sorpresa: el Hotel Los Patios (www.lospatios.net), en una casa-palacio con tres patios cien por cien cordobeses, con sus pozos, sus fuentes y sus coloridas macetas. En el central, cubierto, se despliega la terraza del restaurante, un buen lugar para saborear dos imprescindibles del recetario local: salmorejo o gazpacho.

Cerca de la Mezquita, en plena Judería, otro hotel con historia: la Posada de Vallina (www.hhposadadevallina.es), que ocupa una antigua casa habilitada por los alarifes que ya durante la Edad Media acogía a mercaderes y gentes de paso. Hasta Cristóbal Colón, parece ser, alguna vez estuvo alojado aquí. Si así fue, disfrutaría de sus maravillosos jardines, fuentes y patios interiores.

Viajar a otra época también es posible en el NH Collection Amistad Córdoba (www.nh-hoteles.es), al que dan forma dos mansiones del siglo XVIII. Sus patios, con arcadas y llenos de flores, lucen con el brillo de entonces, pero con un toque de modernidad. Hacia ellos miran algunas de las habitaciones. Otras tienen vistas a la plaza de Maimónides, con su famoso empedrado, o al muro histórico que en su día separó la Córdoba cristiana de la judía.

Un monumento en sí mismo. Eso es el Hotel Hospes Palacio del Bailío (www.hospes.com), también en el corazón histórico de la ciudad, en un edificio declarado Bien de Interés Cultural, construido entre los siglos XVI y XVIII. Esta imponente casa solariega destaca por sus molduras enteras de piedra caliza recubiertas de mortero de cal, y también por sus patios. Tiene cuatro, todos con sabor andaluz, repletos de flores, árboles frutales y plantas aromáticas. Uno de ellos, el central, está cubierto por un suelo de cristal a través del cual pueden verse los restos de una villa romana del siglo I. Las habitaciones no desentonan: están decoradas con pinturas murales originales del siglo XVII y con otros detalles que marcan la diferencia, como los cabeceros de terciopelo de las camas.

El palacio cuenta, además, con un Spa, con acceso a unas termas romanas, y un restaurante, el Arbequina, con una terraza llamada Faroles, rodeada de limoneros, limas y buganvillas. Una cena en el patio a la luz de las velas puede ser inolvidable. En la carta, berenjenas con miel y ravioli de rabo de toro.

La ciudad andaluza tiene arte, tiene historia y, sí, tiene muchos oasis por descubrir en su laberinto de calles. Otro con nombre propio es el Balcón de Córdoba (balcondecordoba.com), que conserva el encanto de una casa centenaria. El nombre de sus habitaciones, diez en total, nos ayudan a entrar en situación. Así, podemos pasar la noche en Pantea, Nahal, Leyla, Mitra... o en la más solicitada, Maryam, la Real Junior Suite, cuyos ventanales, enmarcados entre arcos, columnas y capiteles, se abren de par en par al Patio del Naranjo, con un intenso olor a azahar y el murmullo constante del agua que proporciona su fuente de piedra.

Aún hay dos patios más: el Cubierto, con el suelo de chino -empedrado artesano de cantos rodados blancos y negros con motivos geográficos y vegetales-, y el de las Flores, con un pequeño pilón con restos de lápidas romanas. Si el hotel se llama así es por su espectacular terraza, con vistas, cómo no, a la Mezquita y, en realidad, a toda la ciudad.

Aún queda una dirección: la Casa de los Azulejos (casadelosazulejos.com), en las inmediaciones de la plaza de la Corredera, con cierto deje, eso sí, sevillano. Su exuberante patio está revestido de azulejos de la factoría Mensaque de la capital hispalense, artesanos y pintados a mano. En la planta noble del hotel, con cimientos del siglo XVII, el mármol y el hierro forjado parecen querer fundirse con las palmeras, las plataneras y las clivias, un elemento decorativo más en este singular alojamiento, con habitaciones muy luminosas, con grandes ventanales y suelos hidráulicos. Su biblioteca está especializada en arte, gastronomía y viajes.