Habitaciones con las mejores vistas al mar

Los hoteles de costa son perfectos para las vacaciones. Contemplar el mar desde la habitación es una de las principales demandas. Produce paz y tranquilidad, que se multiplican cuando la brisa, el olor a sal y el rumor del mar se cuela por las ventanas de la habitación. Estas son estancias únicas con el mar de fondo. 

Silvia Roba
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Foto: Francisco Guerrero Tanco

Mirar al mar y no pensar en nada. Este es el objetivo de muchos viajeros cuando planean sus vacaciones, aunque se podría añadir un deseo más: ver el mar desde la cama. La privilegiada situación de algunos hoteles, al borde de un acantilado o en primera línea de playa, permite que este sueño se haga realidad. Una apuesta segura es el Jumeirah Port Sóller Hotel & Spa, un resort flotante en medio del Mediterráneo. Esa es la sensación que los clientes tienen nada más llegar a este hotel, enclavado en un cortado con vistas al puerto de Sóller (Mallorca) y a la sierra de Tramuntana. Si espectacular es el emplazamiento no lo es menos su piscina, que parece fundirse con el horizonte. Entre sus 121 habitaciones, dos son las estrellas: la suite El Faro, con una panorámica de 180º sobre el mar y terraza con jacuzzi, y la suite El Observatorio, en la planta más elevada, con unos impresionantes ventanales que se abren al infinito azul. Y hay más alicientes: el restaurante Cap Roig, para disfrutar del atardecer al aire libre, y el Spa, con tratamientos tan relajantes como las envolturas de pimienta negra y nueces de Macadamia o exfoliaciones de semillas de olivo.

PHILIPPE DEGROOTE

Sin salir de Mallorca, otra agradable sorpresa: Can Simoneta, a diez kilómetros de Artá y Capdepera, en la costa noreste de la isla. Un alojamiento especial, que encuentra acomodo en dos edificios con casi 150 años de antigüedad. Paz y tranquilidad es lo que aquí encuentran los huéspedes gracias a su ubicación, sobre un acantilado, y a sus espléndidas vistas. Una escalera excavada en las rocas permite el acceso directo al mar, que se contempla desde la mayor parte de las estancias. Dispone de una habitación con terraza chill out y de una suite, bautizada con el nombre de Neptuno, con jardín y piscina privada frente al Mediterráneo. Un mar que se saborea en el restaurante del hotel, desde el que se divisa la bahía de Canyamel. La cocina de raíces también brilla en Torralbenc, en Alaior, Menorca, construido en una antigua finca dedicada en sus tiempos a la ganadería y a la agricultura. Un lugar perfecto para descansar y olvidarse del mundo, observando el mar de fondo desde las habitaciones, algunas con terraza y camas con dosel.

Pocos lugares hay en el Alt Empordà tan mágicos como Roses (Girona). Ahí abre sus puertas el hotel Vistabella, un cinco estrellas en lo alto de un pequeño acantilado, entre las playas de Canyelles Petites y del Bonifaci, abierto a la bahía. Aunque algunas miran a la montaña, las habitaciones situadas frente al Mediterráneo son las más solicitadas. ¿Nuestra preferida? La Penthouse Suite, con terraza con cama y bañera de hidromasaje incluida. El restaurante Els Brancs del hotel, con una carta de cocina creativa, marida a la perfección con la puesta de sol.

También en Girona, el Parador de Aiguablava, en la punta des Mut, es más que un hotel: es el mejor mirador posible para disfrutar de la belleza de la Costa Brava. El gimnasio, la piscina o la sauna son algunos de sus principales reclamos, que redondean una apacible tarde en el mar. Aunque son sus habitaciones la mejor excusa para hospedarse en él. Sus vistas, increíblemente azules, y la luz que se adentra en ellas proporcionan un ambiente único y necesario para dejar las prisas atrás.

Paradores

Esa es, precisamente, la idea de quienes se alojan en el Parador de Cádiz, frente a otras aguas, las del Atlántico. A unos pasos de la playa de la Caleta, ofrece una magnífica panorámica de la bahía desde cualquier rincón. Totalmente restaurado, es una de las joyas de la red de Paradores.

No muy lejos, en plena Costa de la Luz, el Barceló Sancti Petri Spa Resort (barcelo.com) presume también de ubicación: en la larguísima playa de arena fina de la Barrosa, en Chiclana de la Frontera. Las habitaciones Deluxe, con vistas frontales al mar, son las más solicitadas, aunque el hotel cuenta también con suites tematizadas que miran al océano, como la Balinesa, con objetos de decoración exóticos y muebles de madera, paja y bambú. A la hora de la puesta de sol, el punto de encuentro preferido por los clientes es el Sunset Cocktails & More, de aires chill out.

Casa Dominique, en Lanzarote, enfrente de la isla de La Graciosa y del Risco de Famara, es perfecta para quienes busquen intimidad. Rodeada de un jardín de cactus sobre cenizas volcánicas, esta casita típica canaria y su salón panorámico invita a sumergirse en el mismo océano. Cuenta con tres bungalós para dos personas y una piscina para evadirse de todo.

Para los que prefieren destinos urbanos, dos sugerencias: el Hotel W, en Barcelona, con sus habitaciones Fabulous de inmensos ventanales y un bar, el Eclipse, en la planta 26, y el Hotel Balneario Resort Las Arenas, en Valencia, en la misma playa. Dos son sus puntos fuertes: los arroces con vistas del restaurante Sorolla y los tratamientos de su Spa: ¿qué tal un masaje con piedras calientes? Puro relax.

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