Grandes resorts en el sur de Tenerife

Echando un vistazo a las estadísticas se aprecia que en los últimos diez años las pernoctaciones anuales en la isla siempre han estado por encima de los 18 millones. Una cifra nada desdeñable si tenemos en cuenta que su población es de 890.000 habitantes.

Pablo Fernández
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Foto: Álvaro Arriba

"Pasando por un pueblo/ de la montaña,/ dos caballeros mozos/ buscan posada./ De dos vecinos/ reciben mil ofertas/ los dos amigos". De esta forma comienza el ilustre tinerfeño Tomás de Iriarte una de sus conocidas fábulas literarias. En esas estrofas aflora la suspicacia del poeta, que parece predecir, con dos siglos de antelación, el boom turístico que ha vivido la isla de Tenerife desde las últimas décadas del siglo XX. Echando un vistazo a las estadísticas se aprecia que en los últimos diez años las pernoctaciones anuales en la isla siempre han estado por encima de los 18 millones. Una cifra nada desdeñable si tenemos en cuenta que su población es de 890.000 habitantes. Pero lo que es más importante es que en 2009, durante la peor fase de la crisis económica, la media de ocupación anual alcanzó un meritorio 62,7 por ciento. Estos datos no hacen sino confirmar el perenne encanto que Tenerife desprende hacia los viajeros.

Los motivos de este éxito son de sobra conocidos, pero no por ello menos reseñables: una temperatura media anual de 23 grados, escasas precipitaciones, infraestructuras turísticas para todos los bolsillos, una rica cultura gastronómica, un folclore que despierta creciente interés, el Parque Nacional del Teide, el Parque Natural de la Corona Forestal, la playa de los Cristianos...

Cuando los rigores invernales hacen su presencia, Tenerife se alza altanera: ¿en qué otro lugar de Europa puede el visitante tostarse al sol en enero? En los últimos años, varios resorts de lujo han abierto sus puertas al sur de la isla proponiendo unas vacaciones donde el cliente se convierte en rey. ¿Por qué no leer en una cama balinesa junto a la piscina mientras nuestros familiares levantan muñecos de nieve en la Península? El comienzo del año es el momento ideal para tomarse un respiro y coger impulso para lo que resta de 2011.

Al entrar en el Gran Meliá Palacio de Isora, la sensación es similar a llegar a una localidad construida sin escatimar en gastos. Abierto durante el verano de 2009, el hotel fue diseñado por el arquitecto Álvaro Sans y su construcción significó una inversión de 200 millones de euros. Situado en la costa de Guía de Isora, este cinco estrellas está estratégicamente ubicado entre la popular Costa Adeje y los acantilados de Los Gigantes. Además, el Teide se encuentra a sólo 40 minutos en coche.

Cuando se compara al Gran Meliá Palacio de Isora con una pequeña ciudad, no se trata de una exageración: 609 habitaciones, cinco restaurantes, la mayor piscina al aire libre de Europa, un teatro con 600 asientos, un completo Spa... A pesar de sus dimensiones, la estructura del resort evita la sensación de aglomeración. La vida se distribuye alrededor de varias plazas y las construcciones bajas ayudan a aligerar arquitectónicamente todo el conjunto. Otro de los elementos que aportan oxígeno es su espectacular piscina lago de agua de mar de 200 metros de longitud.

El auge del turismo gastronómico es una evidencia. Y en ese terreno, el Meliá cuenta con ventaja. Entre su variada oferta culinaria sobresale Calima, dirigido por el chef Dani García, que recientemente ha obtenido una segunda estrella Michelin. Este cocinero malagueño, de 35 años, es un firme candidato a convertirse en uno de los jóvenes abanderados de la nueva cocina española.

Aunque todas las instalaciones del hotel están a la altura de su categoría, los propietarios han introducido un nuevo e interesante concepto en el Palacio de Isora. Bajo la denominación RedLevel se ofrece al visitante una serie de servicios exclusivos. En realidad se trata de una especie de hotel boutique dentro del propio alojamiento y al que sólo pueden acceder los clientes de este servicio. Existe un pequeño detalle que puede parecer nimio, pero que define su personalidad: tan sólo pueden beneficiarse de sus ventajas los clientes mayores de 18 años. Si usted tiene familia numerosa, quizás sea el momento de dejar a los niños en casa y darse un homenaje. La lista de ventajas de RedLevel es larga y directamente proporcional a su precio, pero llama especialmente la atención la posibilidad de alojarse en una de las seis villas de 120 metros cuadrados ubicadas frente al mar. Cada chalé cuenta con una parcela de 600 metros cuadrados y piscina privada.

El Meliá es un excelente punto de partida para visitar algunos de los parajes más bellos de la isla. Dejando atrás la visita obligada del Teide, los empleados del hotel pueden proporcionarle una excursión en barco al cercano, y espectacular, acantilado de Los Gigantes. Desde el mar, la vista de estos arrecifes de 600 metros de altura que marcan el abrupto final del macizo del Teno corta la respiración. Una vez en el Atlántico, también puede realizar una excursión para avistar fauna marina. No en vano, la costa entre las puntas de Teno y de Rasca es uno de los cinco lugares del mundo en el que pueden contemplarse calderones todo el año. Los calderones, también conocidos como ballenas piloto, son un tipo de cetáceos que suele agruparse con delfines. Siempre en grupos de 12 a 15 ejemplares, surcan el océano a una milla de la costa, donde se alcanzan profundidades de tres mil metros. Navegar en una pequeña embarcación mientras los delfines nos acompañan es una experiencia inolvidable. Hay marineros que aseguran que la sociabilidad de los delfines, siempre dispuestos a jugar con las embarcaciones, proviene del movimiento del agua producido por los motores, que les excita sexualmente. Perversiones más raras se han visto.

En la cercana y popular Costa Adeje se erige otro alojamiento de lujo con nombre aristocrático: Gran Hotel Bahía del Duque Resort. Este complejo, con una superficie de 100.000 metros cuadrados, está construido a escasos metros de la playa del Duque. El hotel, edificado bajo los parámetros de la arquitectura típica canaria del siglo XIX, cuenta también con 63.000 metros cuadrados de jardines tropicales. La oferta de alojamiento consiste en 310 habitaciones estándar y 46 suites. De todas ellas, 51 están ubicadas en casas ducales decoradas por Pascua Ortega, encargado de engalanar las calles madrileñas para la boda del príncipe Felipe con Letizia Ortiz. No obstante, el verdadero elemento de distinción del Bahía del Duque son las 40 villas individuales que fueron inauguradas en 2008. Su superficie construida oscila entre los 202 metros cuadrados y los 440. Un consejo: no es recomendable hacer comparaciones con el tamaño de su residencia habitual. Resulta desalentador. Obviamente, la restauración de este hotel de categoría cinco estrellas está a la altura. Nueve restaurantes ofrecen un variado abanico de posibilidades. El de más renombre, Las Aguas, está regentado por Braulio Simancas, un ascendente chef tinerfeño que realiza cocina creativa con productos de temporada.

A pocos metros del Bahía del Duque se encuentra La Plantación del Sur, un cinco estrellas Gran Lujo perteneciente al grupo Vincci. En comparación con los anteriores, las dimensiones de este hotel de inspiración colonial son reducidas. Sus 164 habitaciones se distribuyen alrededor de una recoleta zona de piscinas y frente al Atlántico. El origen de su nombre no da lugar a engaños. El lugar que ocupa era una antigua plantación de plátanos. Los propietarios han tratado de mantener estos orígenes, e incluso hoy todos los plátanos que se consumen en el hotel son de producción propia. Los clientes tragaldabas pueden degustar estas delicias cogiendo directamente el fruto de los plataneros que decoran los jardines de las instalaciones. Una buena opción para reducir los efectos de los excesos culinarios es disfrutar de un circuito canario en su Spa de 2.500 metros cuadrados.

Los tres alojamientos aquí reseñados brindan a los viajeros más exigentes la posibilidad de saciar sus ansias de exclusividad. La abundante oferta turística del sur de Tenerife puede abrumar al visitante. Conviene, por ello, separar el grano de la paja. En la fábula deLos dos huéspedes que abre este reportaje, Tomás de Iriarte habla de dos amigos con distinta suerte a la hora de elegir alojamiento. Sin embargo, de las palabras del tinerfeño se deduce que incluso de las malas experiencias se aprende: "El que allí pasó un día/ mal hospedado,/ contaba al compañero/ el fuerte chasco. Pero él le dijo:/ Otros chascos como ése/ dan muchos libros". Es deseable que los visitantes de Tenerife no aprendan la lección a base de golpes.