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Viena en cinco cafés clásicos para conocer la historia (y gastronomía) de la ciudad

Convertidos en auténticos iconos de la capital austríaca, han dado forma a su historia durante más de dos siglos. Tanto es así, que su cultura del café ha sido nombrada Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO.

Unos cuantos cafés para enamorarse profundamente de Viena.

Unos cuantos cafés para enamorarse profundamente de Viena. / Istock

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La historia de los cafés de Viena, así como de los edificios en donde se asientan, de su gastronomía –especialmente la dulce–, su diseño y la labor cultural que han llevado a cabo en su interior reuniendo a personajes, pensadores y políticos de toda índole, son solo algunos de los valores de los cafés clásicos vieneses. Tanto es así, que su tradicional cultura del café ha sido nombrada Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO, no solo por la historia de sus cafés, más concretamente, por el concepto de pasar el tiempo en su interior leyendo la prensa, escribiendo, debatiendo o cerrando negocios. Por todos estos motivos, los cafés clásicos de Viena merecen una visita. Estos son los que merecen una visita en el epicentro de la música clásica.

Hotel Sacher

Hotel Sacher / Florian Schindler/ Unsplash

Donde nació la tarta más famosa de Austria

Por su nombre ya se deduce que aquí es donde nació la tarta más famosa de Austria, la tarta Sacher, uno de los grandes iconos de la cocina dulce a nivel mundial. Ubicado en el histórico Hotel Sacher, junto a la Ópera Estatal de Viena, este clásico café recibe cada día centenares de visitantes que viajan hasta allí únicamente para probar la verdadera Sachertorte o tarta Sacher.

Su historia se remonta a 1832 cuando el pastelero Franz Sacher elaboró para el príncipe Klemens von Metternich un pastel de chocolate relleno de una fina capa de mermelada de albaricoque y una cobertura de glaseado de chocolate con el que impresionó a la realeza. Además de probar este dulce, merece la pena sentarse en una de sus mesas para disfrutar de la atmósfera de su interior, con lámparas de cristal, paredes revestidas de madera y camareros trajeados como vestían antes.

Café Central

Café Central / Nenad Kaevik/ Unsplash

Del legado imperial a los intelectuales europeos

Pocos cafés tienen tanta historia como el Café Central de Viena, inaugurado en 1876. Para llegar a él hay que adentrarse en el precioso Palacio Ferstel, construido bajo el estilo del renacimiento florentino, un lugar considerado uno de los principales centros intelectuales de Europa por donde pasaron personajes como Sigmund Freud, Stefan Zweig, Peter Altenberg, Gustav Klimt, Adolf Loos o León Trotski.

Este café literario, considerado uno de los más bellos del mundo, impresiona nada más entrar por sus altas bóvedas neogóticas, sus enormes lámparas de cristal y sus columnas ornamentadas. Pero más allá de su arquitectura, su vitrina de pastelería imperial es otro de sus grandes alicientes. Destaca su famosa Central Torte –su conocida tarta elaborada con praliné y chocolate–, además del apfelstrudel –la clásica tarta de manzana– y la Esterházy Torte.

El café de los artistas

Si el Café Central representa a la Viena lujosa, imperial y de los ilustrados, el Café Hawelka es el auténtico símbolo de la ciudad bohemia del siglo XX. Abierto en 1939 por Leopold y Josefine Hawelka, este café se convirtió en un punto de encuentro paralelo a los grandes cafés históricos, con un ambiente informal que atrajo a escritores, pintores, actores y músicos que buscaban una atmósfera más relajada.

Aquí, la especialidad de la carta son los Buchteln, unos bollos de masa brioche horneados y rellenos de mermelada de ciruela, una receta que Josefine Hawelka comenzó a preparar en los años cincuenta y que todavía hoy se preparan en sus cocinas. Junto a ellos, cafés de todo tipo, tartas caseras y dulces completan la carta.

Escenario de películas

Fundado en 1880, el Café Sperl es probablemente el mejor ejemplo del café tradicional vienés, especialmente porque quizá sea el menos turístico y visitado de todos. Su interior llama la atención por mantenerse casi intacto en el tiempo –de ahí que haya sido escenario de numerosas películas–, con sofás de terciopelo, sillas Thonet, relojes antiguos, lámparas de época y una particularidad: mesas de billar. Este café, como otros mencionados, fue durante décadas un punto de encuentro de artistas, arquitectos y músicos, pero la singularidad de su carta es que ofrecen el Gugelhupf —un característico bizcocho en forma de corona típico de Viena–, además de strudel de manzana y otras tartas típicas de la hora del café vienés.

Café Landtmann

Café Landtmann / Florian Schindler/U nsplash

Epicentro político y judicial

Junto al Ayuntamiento, el Parlamento y el Burgtheater, aparece otro de los icónicos cafés vieneses, el Café Landtmann. Abierto en 1873, y dada su ubicación, este lugar ha sido desde su inauguración (y hasta el día de hoy) uno de los más frecuentados por jueces, políticos y profesores universitarios. Su carta combina desayunos, bollería recién hecha, tartas tradicionales y platos de cocina austríaca con propuestas más contemporáneas. Entre sus imprescindibles se encuentra el Kaiserschmarrn —unas tortitas caramelizadas servidas con compota de ciruelas— y el Wiener Schnitzel.