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El restaurante donde se come el mejor chuletón de España tiene 4400 reseñas en Google y 4,8 estrellas: "Carne de gran calidad, con muchísimo sabor y en un punto perfecto"

Ir hasta un pueblo perdido en la comarca de La Bañeza para descubrir uno de los mejores asadores del mundo es un capricho que hay que darse, al menos, una vez en la vida.

El Capricho, el asador con el mejor chuletón de España

El Capricho, el asador con el mejor chuletón de España / El Capricho

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No es un restaurante más. Poca gente sabe que en un lugar remoto del norte de España, escondido en la provincia de León y con apenas 700 habitantes, se esconde el gran templo de la carne de buey. Un asador que lleva años posicionado entre los mejores del mundo y que presume de ser el lugar donde se sirve el mejor chuletón de España. Y hasta allí nos vamos.

Un lugar remoto escondido en la comarca de La Bañeza

Un lugar remoto escondido en la comarca de La Bañeza / Istock

Hay que viajar hasta el pueblo de Jiménez de Jamuz, en la comarca de La Bañeza, para descubrir un lugar casi sagrado para los amantes de la buena carne. Porque la suya, según los expertos, “es excepcional”. Una opinión que coincide con la mayoría de la gente que comenta sus exquisiteces en Google, donde El Capricho, que así se llama este templo, acumula más de 4400 reseñas. Y eso son muchas reseñas.

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Sara Fernández García

El rey de la maduración extrema

El Capricho es finca, restaurante y bodega. Los bueyes se crían en un terreno de unas cien hectáreas donde conviven unas 400 cabezas de ganado en libertad, cuidadas y mimadas personalmente por el artífice de este imperio: José Gordón. El hecho de que los animales se críen en libertad es uno de los secretos del éxito de esta carne de sabor profundo, grasa saludable y una textura difícil de imitar.

Junto a la crianza en libertad y una alimentación de base natural, es la maduración extrema lo que ha dado fama y reputación a las carnes de José Gordón en El Capricho. Es el rey de las maduraciones largas (periodos de entre tres y seis meses), técnica para la que utiliza algo que lleva siglos en los alrededores del pueblo: las bodegas subterráneas, muchas de ellas en desuso.

José Gordon, el rey de las maduraciones extremas

José Gordon, el rey de las maduraciones extremas / El Capricho

El pueblo de las bodegas subterráneas

Y es que este pueblo es tierra de cuevas excavadas junto a la ribera del río Jamuz (de donde toma su nombre el pueblo). Unas cuevas a las que, precisamente, se las conoce popularmente como ‘bodegas’ debido al uso que se les daba en el pasado.

Se construían con la idea de que sirvieran como un espacio para la elaboración y conservación del vino, pero no con fines comerciales, sino más bien de uso doméstico, de ahí que sean bodegas de tamaño más bien modesto. Con el paso de los años (y en buena medida, debido a la despoblación), muchas de estas bodegas cayeron en desuso y solo se abren para acoger comidas entre amigos. La temperatura, siempre fresca, que hace en su interior, lo convierte en un entorno de lo más agradable.

José Gordón fue un paso más allá, y convirtió las bodegas en un espacio excepcional de maduración para sus carnes: y fue un acierto. Las condiciones de humedad y la ausencia de luz de estas cuevas son los otros dos grandes secretos de su éxito, y culpables del sabor y la textura de sus carnes.

Algo en lo que coinciden la mayoría de las opiniones de Google, como la de Andrés López, que define la experiencia como memorable. “El protagonista, sin duda, fue el chuletón de 1 kg: carne de gran calidad, con muchísimo sabor y en un punto perfecto.”, señala en su comentario. Ir hasta este pueblo perdido para descubrir si es verdad lo que cuentan, es uno de esos caprichos que hay que darse, al menos, una vez en la vida.