La receta veraniega hecha con pimientos y tomates que puedes probar en la zona más bonita de Cáceres: tiene 47 gargantas y 5 pueblos declarados Conjunto Histórico-Artístico
El zorongollo, la ensalada de pimientos asados que es alma y bandera de la cocina extremeña, tiene su mejor versión en La Vera, una comarca cacereña que guarda gargantas, arquitectura medieval y el último retiro del emperador Carlos V.

Este destino de La Vera, además de bonito, tiene una riquísima gastronomía. / Istock
La comarca de La Vera se encuentra situada al nordeste de la provincia de Cáceres, entre la falda sur de la Sierra de Gredos y el río Tiétar, con una extensión aproximada de 886 kilómetros cuadrados. Y sin embargo, si le preguntas a alguien en Madrid o en Barcelona qué saben de ella, lo más probable es que te hablen del pimentón o, con suerte, del Monasterio de Yuste. Poco más. Eso la convierte en uno de esos destinos que los que la conocen cuidan casi en secreto, y que los que no la conocen van a descubrir con la misma sensación de haber llegado tarde a algo buenísimo.

La Vera es una de las zonas más bonitas y bellas de Extremadura. / Istock
La posición de La Vera respecto a Gredos y la forma de sus montañas dan lugar a gran número de gargantas y arroyos que, junto a un microclima benefactor, conforman bellísimos enclaves y paisajes. La Vera es la comarca con más gargantas de la Península, cuarenta y siete en total. Cuarenta y siete. Eso no es un dato menor: es el argumento de por qué, en pleno agosto, hay sitios aquí donde el termómetro no pasa de los 25 grados y donde el sonido del agua es constante, como un ruido de fondo que te acompaña vayas donde vayas. Esta comarca, sobradamente conocida por su extraordinario pimentón de La Vera —el oro rojo español—, ofrece una acertada armonía de naturaleza y tradición que resulta de lo más atractiva para los amantes del senderismo. Es perfecta para poner en práctica eso del slow travel o turismo a cámara lenta.

Adriana Fernández
Y es precisamente ese pimentón, ese producto que ha cruzado fronteras y que lleva décadas en las cocinas de medio mundo, el que conecta el paisaje con la mesa. Porque si hay un plato que resume La Vera en un bocado, ese es el zorongollo.
El zorongollo: cuatro ingredientes y siglos de historia en el plato
El zorongollo es un plato típico de Cáceres y de la región de La Vera, aunque actualmente se puede encontrar por toda Extremadura. Es la ensalada típica de esta región, utilizando productos de la huerta como los pimientos, el tomate o la cebolla. La receta no tiene ningún misterio: la elaboración más básica se compone de pimientos asados bien aliñados con buen aceite, añadiéndose normalmente cebolla y huevo. El pan es imprescindible. Pero cuando los pimientos vienen de estos suelos, cuando el aceite es de aquí y cuando quien te lo pone delante lleva haciéndolo toda la vida, la cosa cambia bastante.

Plato de zorongollo de Cáceres. / Istock / Oleksandr Prokopenko
No en vano, el zorongollo extremeño, la torta del Casar y las cerezas del Jerte formaron parte del menú que en 2022 degustaron la reina Letizia y algunos de los acompañantes de los mandatarios que asistieron a la cumbre de la OTAN de Madrid. El zorongollo en la cumbre de la OTAN. Si eso no es un ascenso en el escalafón gastronómico, que venga alguien y nos lo explique.
Lo que hace que comerlo en La Vera sea diferente a comerlo en cualquier otro sitio es precisamente el contexto del ingrediente. La Vera posee una privilegiada ubicación en la vertiente sur de las estribaciones de la Sierra de Gredos, una sierra que le proporciona todo lo que un destino turístico puede desear: altas pero accesibles montañas, frondosos valles y una huerta que se beneficia de ese microclima singular para producir pimientos que tienen una carnadura y un sabor que cuesta encontrar en otro sitio. Los mismos campos donde se seca el pimentón que lleva el sello D.O.P. Pimentón de La Vera son los que abastecen las cocinas de la comarca.

Sierra de Gredos, Extremadura. / Istock
Para probarlo, mesones y casas rurales en pueblos como Losar de la Vera sirven platos tradicionales como la caldereta o el zorongollo, a menudo con conservas y embutidos de la zona. Las calles empedradas y patios de piedra crean un entorno ideal para comidas largas. En Jarandilla de la Vera, el Restaurante del Parador —instalado en el castillo donde Carlos V esperó a que terminaran las obras de su retiro en Yuste— lo incluye habitualmente entre sus entrantes, con la particularidad de que lo sirven en un comedor que mira a las mismas montañas que veía el emperador. También se puede pedir en La Casa de Comidas El Labrador, en Jarandilla de la Vera, que ofrece cocina tradicional extremeña con ingredientes locales frescos y de calidad, en un ambiente acogedor y rústico.

Jarandilla de la Vera, Cáceres / Istock
Cinco pueblos, cuarenta y siete gargantas y el retiro de un emperador
Si hay una razón para subirse al coche y plantarse en La Vera, no es solo la comida. La comarca de La Vera reúne en un reducido espacio la que posiblemente es la mayor concentración de Conjuntos Histórico-Artísticos de España. Hasta cinco pueblos han tenido un reconocimiento por la conservación de un interesante patrimonio de arquitectura popular. Esos cinco pueblos son Cuacos de Yuste, Garganta la OllaPasarónValverde y Villanueva de la Vera.

Cuacos de Yuste, Extremadura. / Istock
Cada uno tiene su carácter. Garganta la Olla fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1978 y su arquitectura popular y señorial incluye edificios tan singulares como la Casa de la Seda, residencia ocasional de los Duques de Alba, y la Casa de las Muñecas, de llamativo color azul y con muñecas esculpidas en la jamba izquierda y en la cerradura. Pasarón de la Vera, en cambio, está marcado por su estructura en torno a tres plazas, donde se encuentran el Ayuntamiento, la Iglesia de El Salvador y el Palacio de los Condes de Osorno, de estilo renacentista. Y Villanueva de la Vera destaca por su arquitectura popular basada en el entramado de madera, un sistema constructivo que llama la atención al pasear por sus calles estrechas y empedradas, con casas de dos o tres plantas con balcones de madera.

Calle de Villanueva de la Vera en Cáceres / Istock
Cuacos de Yuste, sin embargo, es el que más carga histórica concentra. Su plaza Mayor es el mejor ejemplo de plaza verata que se conserva, con soportales corridos, balconadas y dinteles grabados. Y a dos kilómetros de allí, entre arboledas y arroyos, está el Monasterio de Yuste. El Monasterio de Yuste es conocido mundialmente por ser la última estancia del Emperador Carlos V, quien lo habitó durante sus últimos dos años de vida después de abdicar y cruzar media Europa para llegar precisamente aquí, a este valle remoto del norte de Cáceres. La Ruta del Emperador Carlos V, fiesta de interés turístico de Extremadura, conmemora cada año en febrero ese último viaje del emperador desde el Palacio de los Condes de Oropesa, en Jarandilla de la Vera, hasta el monasterio.

Garganta de Jaranda / Istock / Eduardo Estellez
Y luego están las gargantas. El agua fluye limpia y transparente por 47 gargantas de gran belleza con piscinas naturales para un baño veraniego, como la Garganta Jaranda y la de Cuartos. La Garganta de Jaranda, que nace en la localidad cacereña de Guijo de Santa Bárbara y desemboca en el río Tiétar, deja a su paso numerosos charcos y zonas de baño, como el Trabuquete, el Calajomero y las piscinas naturales de La Puente, La Rehoya y El Pulguillas. Para los más aventureros, el Pico Piornal ofrece una subida hasta el punto más alto de Extremadura, con panorámicas que alcanzan el Valle del Jerte y la Sierra de Gredos.
La lógica del viaje aquí es sencilla: llegas, caminas entre castaños y robles hasta que el calor obliga a buscar una poza, te bañas, vuelves al pueblo, pides un zorongollo con pan. Repites. No hace falta más.
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