El pueblo donde mejor se come de España se llama "el templo mundial del pulpo": tiene una iglesia declarada Monumento Nacional y una iglesia románica declarada "joya española"
Este pueblo acumula títulos que cualquier gran ciudad envidiaría: capital gastronómica del pulpo á feira, cruce histórico de dos rutas del Camino de Santiago y guardián deEste uno de los tesoros del románico gallego declarado Monumento Nacional.

Este pueblo presume de tener las mejores pulperías de España. / Istock / "Photographer: Giuseppe Anello"
Cuando se habla de la mejor gastronomía de España, los focos apuntan casi siempre hacia el País Vasco, Cataluña o Madrid. Sin embargo, hay un rincón del norte que lleva décadas desafiando cualquier lista de privilegiados: Galicia. Desde la costa de las Rías Baixas hasta el profundo interior de sus tierras verdes, la comunidad gallega ha construido una cultura culinaria que es, a la vez, humilde en sus ingredientes y extraordinaria en su resultado. El pulpo á feira, el queso de tetilla, el lacón con grelos o la empanada gallega no son simples platos; son el resultado de siglos de tradición, mercado y sabiduría popular transmitida de generación en generación.

Un pueblo gallego en el que comer bien está más que asegurado. / Istock / Sue Martin
En ese escaparate gastronómico que es Galicia, existe un municipio que se ha ganado a pulso —nunca mejor dicho— un lugar de honor en el imaginario colectivo de los amantes de la buena mesa. Melide, capital de la comarca de Terra de Melide y considerada el centro geográfico de A Coruña, no es un destino de costa ni un gran enclave urbano. Es un pueblo de poco unos 7.600 habitantes que, sin embargo, recibe cada año a cientos de miles de peregrinos del Camino de Santiago y a gourmets venidos de medio mundo con un único propósito: sentarse en una de sus pulperías, pedir una ración generosa en plato de madera y rendirse ante uno de los platos más honestos y magistrales que ha dado la cocina española.

Adriana Fernández
Melide y el pulpo: una historia de ferias, mulas y pimentón
La historia del pulpo en Melide no nace en el mar, sino en el interior. Y eso es, precisamente, lo que la hace tan singular. Como señalan los expertos en gastronomía gallega, el pulpo á feira es, en realidad, un plato de gastronomía ferial del interior, no de la costa. Su nombre lo dice todo: "á feira" significa "a la feria". Melide fue durante siglos un pueblo de mercados y ferias de ganado, y la explicación de que el mejor pulpo se cocine lejos del Atlántico está ligada a esa tradición mercantil. El chef internacional José Andrés, uno de los cocineros españoles más influyentes del mundo, ha descrito esta curiosa ruta del pulpo con precisión: "Históricamente, los alimentos se transportaban de una región a otra en mula y se vendían en las ferias y fiestas en las que la gente se reunía. En Melide, había mercaderes que venían de la costa gallega y llevaban marisco para Madrid. Allí coincidían con otros que venían del sur de Extremadura, con aceite de oliva y pimentón de la vera". El resultado de ese encuentro fue el pulpo á feira: el cefalópodo atlántico, el aceite del sur y el pimentón extremeño, unidos en un plato que hoy se consume en todo el mundo bajo el nombre de "pulpo a la gallega".

El pulpo es el plato estrella de este pubelo de Galicia. / Getty Images
El método de preparación es tan sencillo como riguroso. El pulpo se congela previamente para ablandar la carne, se hierve en caldero de cobre —la tradición manda— y se deja reposar en el agua durante casi dos horas. Una vez listo, se corta con enormes tijeras sobre tabla de madera, se sazona con sal gorda, se riega con aceite de oliva y se remata con el toque definitivo: el pimentón. Gorka Rodríguez, chef y propietario de La Pulpeira de Melide en A Coruña y ganador de los Premios da Cocina Galega en la categoría de pulpo á feira, ha explicado que venden más de 50.000 raciones al año y que el secreto no está en trucos, sino en el respeto al proceso: "Cuanto más acomodado esté el pulpo en la caldera, mejor, porque el pulpo en el momento de la ebullición se mueve contra las paredes de la olla y ahí es cuando se pela. Eso es un indicio de que el pulpo está mal cocido". El escritor gallego Álvaro Cunqueiro lo resumió con su elegancia habitual: "El pulpo quiere ser comido a la sombra en verano, con un buen pedazo de pan para rebañar en el plato".

El pulpo es el plato estrella de la gastronomía de Melide. / Getty Images
La fama de Melide como capital pulpeira no es un fenómeno reciente ni una invención del turismo moderno. Sus pulperías llevan décadas siendo referencia. La Pulpería Ezequiel, que comenzó cociendo el pulpo al aire libre frente al Cantón de San Roque, o A Garnacha —que hoy ocupa más de 600 metros cuadrados y se postula como posiblemente la pulpería más grande del mundo— son instituciones que han ido creciendo al ritmo del Camino de Santiago. Melide es, además, el punto exacto donde confluyen el Camino Francés y el Camino Primitivo, lo que convierte al municipio en un nudo de paso obligado para cientos de miles de peregrinos al año. Hay un dicho entre los caminantes que lo resume todo: una de las exigencias que ha de cumplir todo caminante a Santiago es saborear un plato de pulpo en Melide. No es una recomendación. Es casi un sacramento. La Pulpería Taboada, por su parte, ganó el VIII Concurso de Pulpeiras del Galicia Fórum Gastronómico, el certamen más prestigioso del sector en la comunidad, lo que confirma que la capital del pulpo sigue siendo, año tras año, la mejor en su oficio.
Melide más allá del pulpo: joyas románicas y siglos de historia
Pero reducir Melide a su pulpo sería tan injusto como visitar Roma y hablar solo de la pizza. Este pequeño municipio gallego es un tesoro patrimonial que la mayoría de los peregrinos atraviesa sin llegar a descubrir del todo. El municipio alberga el cruceiro más antiguo de Galicia, datado en el siglo XIV y situado junto a la Capilla de San Roque, catalogado como tal por el propio Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, la figura intelectual más importante del galleguismo, en su obra Las cruces de piedra en la Galicia. Solo por ver esta pieza, única en su género, valdría la pena desviar el paso.

Iglesia en Melide, Galicia. / Istock / Sue Martin
Sin embargo, la gran joya de Melide tiene nombre propio: la iglesia de Santa María de Melide. Construida en el siglo XII con sillería granítica, este templo románico de nave única rematada en un ábside semicircular ha sido catalogado como Monumento Nacional y es considerado la joya del románico gallego en la comarca. Su ábside exhibe una decoración sobria pero profundamente elaborada, con tres paños absidales y un vano de iluminación central rodeado por una portada de medio punto. En su interior, quien entra se encuentra con capiteles figurativos de fuerte carga simbólica —uno de ellos decorado con fauces abiertas que representan, según la iconografía románica, la lucha del hombre contra el mal—, y con pinturas renacentistas del siglo XVI que adornan la bóveda del presbiterio, representando una teofanía con la Santísima Trinidad y los símbolos del Tetramorfos. Pero quizás los elementos más exclusivos son dos: el altar románico, uno de los poquísimos ejemplares de este estilo que han sobrevivido hasta nuestros días en toda Galicia, y una reja de hierro del siglo XIII que cerraba el arco triunfal, considerada la única reja románica conservada en Melide y una rarísima superviviente de su época.

Puente San Xoan sobre el río Furelos, Melide / Istock
El patrimonio de Melide no se agota ahí. La aldea de Santa María do Leboreiro, ya citada en el Códice Calixtino del siglo XII como Campus Leporarius —campo de liebres—, conserva su iglesia gótica con elementos románicos y restos del hospital de peregrinos del siglo XII rehabilitado en el XV. En Furelos, a escasos metros de Melide, el Camino cruza un puente medieval sobre el río que es considerado una de las joyas de la arquitectura civil de toda la ruta jacobea. Y en el centro del municipio, el Museo da Terra de Melide, levantado sobre el antiguo hospital de peregrinos fundado en 1375, custodia el patrimonio arqueológico de la comarca, desde restos del Neolítico hasta piezas de la romanización, pasando por una rica sección dedicada a los oficios tradicionales y a la etnografía local.
Melide es, en definitiva, uno de esos lugares que merece mucho más tiempo del que el peregrino suele concederle. Un pueblo que ha sabido convertir un plato humilde en bandera gastronómica de toda una nación, sin traicionar por ello el enorme patrimonio histórico que late bajo sus calles de granito. Quien llegue a Melide buscando solo pulpo se irá contento. Quien llegue con los ojos abiertos, se irá asombrado.
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