Una mexicana alucina con esto que pasa en los restaurantes en España: "es imposible encontrarlo..."
Una viajera mexicana en Madrid revela lo que más echa de menos en los restaurantes españoles: un contraste cultural que va mucho más allá del paladar.

En México, sentarse a la mesa sin tener a mano un bote de chile es como ir a la playa sin toalla: una experiencia incompleta. Por eso, no sorprende que una viajera mexicana entrevistada en nuestro formato de Instagram Viajeros Responden nos dijera, entre risas e incredulidad: “Aquí no hay chile, eso es algo que los mexicanos extrañamos muchísimo”.
Para grabar el vídeo, el equipo de Viajar recorrió las calles de nuestra capital preguntando a turistas y expatriados: "¿qué es lo que más te sorprende de España?". Y la respuesta de esta mexicana fue clara: “Yo pido en los restaurantes: ‘¿tienen alguna salsita picante?’ y me ofrecen pimienta o mostaza. ¡Eso no pica!”.
Por qué en México el chile es imprescindible (y por qué nunca llegó a arraigarse en España)
En parte, nuestra amiga tiene razón. Para alguien criado en un país donde incluso la fruta, las palomitas o el chocolate llevan chile, España es casi un desierto gustativo. Desde la infancia, los mexicanos desarrollan una tolerancia y un gusto particular por el picor, una especie de entrenamiento sensorial que empieza con las papas con Valentina y sigue con las salsas caseras de la abuela. En el país hay más de 250 variedades de chiles naturales y más de 60 domesticadas: jalapeños, habaneros, serranos, chipotles, guajillos, anchos… cada uno con su sabor, nivel de picor y uso específico. Hay chiles que se rellenan, otros que se tateman, otros que se muelen en molcajete. No hay casa sin al menos una salsa hecha con chile recién licuado. Y no es raro que alguien lleve un frasquito de salsa picante en el bolso, “por si acaso”.
En cambio, en España el picante nunca ha formado parte central de la cocina tradicional. Aunque los chiles llegaron a Europa tras el descubrimiento de América, en la Península no arraigaron con la misma fuerza que en otros países. Aquí se cultivaron, sí, pero se adaptaron en variedades más suaves como el pimiento y el pimentón. El sabor, en la gastronomía española, se construye más sobre el ajo, el aceite de oliva, las especias suaves y el umami de productos como el jamón o el marisco.
Además, la tolerancia al picante en España es, en general, baja. Lo que aquí se califica como “picantito” suele ser apenas una insinuación para paladares mexicanos. No es extraño ver advertencias en menús del tipo “¡Ojo, pica!”, para platos que en México serían considerados suaves o, directamente, dulzones. Este pequeño choque cultural, que puede parecer anecdótico, revela mucho sobre cómo el gusto también es una construcción social. Para los mexicanos, el picante es tan necesario como el pan para un español. Es parte de su lenguaje culinario, de su memoria emocional. Y su ausencia no solo se nota, sino que se sufre.
Qué otras cosas sorprenden a los viajeros en España
Más allá del tema del chile, otros viajeros nos compartieron sorpresas culturales igualmente curiosas. Una estadounidense se declaraba en shock por la omnipresencia del jamón —“jamón por todos lados”— y un hombre chino nos contaba, divertido, que en España “no está mal visto beber a las dos de la tarde”, mientras que en su país es impensable tomar alcohol entre semana.
También hubo halagos. Una italiana confesó que aquí se conduce sorprendentemente bien –"mucho mejor que en Italia"–; mientras que otra viajera señalaba lo tarde que se cena: “Los restaurantes no abren hasta las 8 u 8:30, algo que, desde luego, no pasa en mi país".
Después de oir las opiniones de nuestros visitantes, podemos concluir que en España se come a otro ritmo y de otra manera. Nuestra gastronomía no solo es de las mejores del mundo, sino que tiene sabores muy específicos y particulares. Y los horarios a los que la disfrutamos, ampliamente influidos por una arraigada cultura del disfrute, también son únicos.
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