Los mejores restaurantes de Jaca y alrededores: sabores de alta montaña
En 2018 un grupo de hosteleros y cocineros concienciados en la producción ecológica propusieron la olla jacetana como el plato referencia de la región; una receta que debe llevar tres ingredientes fijos: costilla de cerdo, verduras y boliches (alubias blancas) y, según el gusto del cocinero, pueden añadir lo que quieran. Siempre se presenta servida en un plato de barro decorado con el ajedrezado jaqués en azul y blanco y una hexafolia, símbolo solar de protección según la mitología del Pirineo.

Una escapada a la capital jacetana en el corazón del Pirineo aragonés siempre es un acierto, es un premio para todos los sentidos. Jaca tiene de todo y para todos los gustos, edades y condiciones físicas: paisajes espectaculares de altas montañas, pueblos románicos, deportes (senderismo, escalada, esquí… ), por aquí pasa el Camino Francés del Camino de Santiago y, además, tiene una excelente gastronomía con un sabroso recetario tradicional y una despensa bien surtida (ternasco, terneras de Aínsa, la ansotana…, verduras, quesos, embutidos, vinos, cervezas, trufas).
El Canfranc Express es un restaurante sorprendente y diferente, está en la estación de Canfranc y ocupa dos vagones de tren de los años 20 cuidadosamente restaurados y decorados con estilo art déco. El menú es una experiencia que comienza cuando el cliente llega al vestíbulo de la estación, pasa por un subterráneo secreto, cruza las vías y llega a los vagones restaurante. El vagón gastronómico funciona con un menú degustación cerrado con 19/20 pases y en el otro vagón hay dos menús, uno donde el cliente puede elegir los primeros y segundos y otro más largo que simula un viaje Canfranc-París, un trayecto con cuatro paradas en estaciones francesas que ellos recogen en cuatro platos con influencias francesas, pero todos los ingredientes son aragoneses.

Su cocina se basa en el recetario tradicional aragonés que Eduardo y Ana recuperan y ponen en valor. Son menús equilibrados y armónicos. En los aperitivos se alternan los bocados fríos y calientes, sigue con un patrón que empieza con los platos más fríos y frescos para continuar con recetas de mayor potencia y seguir con pescado (esturión y trucha) y carnes, siendo el cordero el último plato de carne, y terminar con tres postres. Tiene una carta muy interesante de vinos naturales de pequeñas bodegas de los dos lados de la frontera.

En La Era de los Nogales tradición y vanguardia van de la mano con una cocina original, divertida y, sobre todo, sabrosa. Tiene tres menús diferentes: Evolución, con unos aperitivos y opciones para elegir; Recuerdos (12 pases), con los imprescindibles de la casa, y Ambición (22 pases), con lo mejor de su cocina. Platos memorables, como su merluza en tres pases con tres cortes (lomo, carrillera y huevas) y diferentes elaboraciones. Desde principio a fin es todo un juego con platos que no son lo que parecen, como su jamón de esturión, y recetas que sí son lo que parecen, como el postre con los sabores de toda la vida.

Toño sabe que el cliente que reserva en La Era de los Nogales, que está en un pueblo de 37 habitantes, viene a pasar un rato divertido y a comer muy bien y les garantizo que no saldrá defraudado. Cada receta tiene su propio continente, recipientes trabajados por artesanos locales y todos hechos sin molde y a mano. Una recomendación, eche una ojeada a la carta de vinos, es una alegría para el paladar.
Traspasar la puerta de la pizzería Polifemo es como entrar en el comedor de una casa familiar con seis mesas, vistas a la pequeña cocina, un office para el café y una agradable terraza, y es difícil encontrar mesa. Mi pregunta es “¿de dónde saca, para tanto como destaca?”, como decía el cuplé de La chica del 17, en un espacio tan pequeño. La respuesta llega rápido a mis oídos, “organización”, y una carta corta muy bien seleccionada.

Sus orígenes vascos la delatan cuando prepara una pizza con bacalao, pimiento verde y cebolla o la de ajos verdes con gambas, pero lo demás es todo muy italiano y siempre con pasta fresca: raviolis rellenos de albahaca, mascarpone y salsa de puerros, pasta fresca rellena de pera, crema roquefort, gorgonzola y piñones, lasaña de hongos (Boletus edulis) con trufa blanca y los platos de espaguetis, fetuccini y pizzas. Para acompañar, los jóvenes prefieren el Lambrusco, un vino joven con aguja (frizzante) que le va muy bien a la pasta, y los mayores prefieren el vino tinto del Somontano en invierno y en verano, rosado y blanco. Los postres y los helados son caseros y hay que probarlos: mojito, pistachos… deliciosos.

En las antiguas tiendas de ultramarinos era posible encontrar los exclusivos productos que llegaban de las lejanas provincias de ultramar: café, chocolate, especias… eran sus tesoros más demandados. Su mostrador era una ventana abierta al mundo y así es la cocina de Ultramarinos, un coqueto y luminoso restaurante donde podemos degustar makis, patés, gyozas, tacos, picaña curada de sabor intenso y suave textura, carpaccio de gambas, Thaibóndigas picantes con arroz, pollo Ras el hanout... Es una cocina ecléctica con influencias de todo el mundo, por su casa han pasado cocineros de muchos países que han dejado aquí parte de su cultura en formato “receta comestible” elaboradas con ingredientes de Aragón. En su carta de vinos destacan los Viñas del Vero.

Las cadieras son los tradicionales bancos de madera que había en las cocinas con reposabrazos y una tabla abatible que hacía de mesa. En el restaurante La Cadiera hay varios, muy solicitados por los clientes. Fran en sala y Ana en la cocina elaboran la cocina tradicional del Pirineo heredada de su madre y de las abuelas, pero puesta al día con productos locales. Olla jacetana, ajoarriero, chuletón de vaca del Pirineo y el cabrito asado, un auténtico manjar. Y siempre elaborados con productos locales, porque es la mejor manera de vender el territorio y de empoderar a las gentes que luchan por estas tierras. Los postres son todos caseros menos los helados y en su bodega el 80% son vinos de Somontano, pero también hay riberas y riojas.

Las bordas son las cabañas de piedra y madera con tejados de pizarra que los ganaderos usaban para resguardar al ganado y almacenar el pasto. En la actualidad muchas bordas han sido rehabilitadas como viviendas y otras se han convertido en coquetos restaurantes. Borda Chaca (Chaca es Jaca en aragonés) es un acogedor restaurante con una idea muy clara: productos de cercanía, elaboraciones sencillas y ajustadas, siendo las brasas el verdadero corazón de la cocina. Hacen la cocina típica de la zona: migas a la pastora, ajoarriero, revuelto de boletus y gambas...

Tiene tres menús: Infantil; el Aragonés, a elegir primero y segundo (es el que más sale), y el Oroel, a elegir un primero y de segundo, chuletón. Para acompañar, un vino de la tierra, que son excelentes, y algunos prefieren una sidra para las migas. Un buen final para una deliciosa ruta con aroma de brasa.
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