Todo un clásico
La Ideal: la historia de la confitería porteña creada por un español
Con más de un siglo de vida, este café es el icono histórico y cultural de Buenos Aires, un templo de la gastronomía porteña fundado en 1912 por el inmigrante Manuel Rosendo Fernández

Confitería La Ideal / Confitería La Ideal
En pleno corazón de Buenos Aires, en una de una de las llamadas Veredas del Tango –en cuya entrada aparecen algunas de esas baldosas que se diseminan por la capital argentina con los ocho pasos básicos del baile más célebre del Río de la Plata–, se encuentra Confitería La Ideal, uno de esos lugares que acumulan historia y cultura en cada mesa, en cada taza de café.

Confitería La Ideal / Confitería La Ideal
Un español en Buenos Aires
Corría el año 1912 cuando un inmigrante español llamado Manuel Rosendo Fernández decidió abrir en un local céntrico, a escasos pasos de la Plaza de la República y su célebre obelisco, La Ideal, una confitería que con el tiempo se convertiría en mucho más que un lugar donde desayunar.
Eran tiempos en donde en esta zona del mundo convivían oleadas de gallegos, italianos, judíos y árabes que llegaban con sus sueños, sus recetas y sus costumbres bajo el brazo a una metrópolis todavía en construcción que crecía a un ritmo vertiginoso. Por eso, fue allí, en medio de Buenos Aires, donde creo un espacio que representaba la aspiración de una ciudad y de una época que buscaba la perfección en las formas, la elegancia en los gestos y la distinción en los espacios públicos. Un sueño de un migrante que hoy, más de un siglo después, todavía sobrevive como icono de la capital porteña.

Lucía Díaz Madurga / Lucía Díaz Madurga / Lucía Díaz Madurga
La ‘universidad de la vida’
Desde sus primeros años, La Ideal se convirtió en punto de encuentro de escritores, periodistas e intelectuales que encontraban en sus mesas el espacio ideal para el debate, la conspiración cultural y la escritura sentimental. Los porteños la bautizaron con el apodo: “la universidad de la vida”, porque allí se aprendía lo que ningún libro de texto enseñaba: filosofía de café, política de madrugada, amores fugaces y desengaños eternos. De hecho, de eso habla una de las letras del tango Cafetín de Buenos Aires: "En tu mezcla milagrosa de sabiondos y suicidas, yo aprendí filosofía, dados, timba y poesía. (…) Sobre tus mesas que nunca preguntan lloré una tarde el primer desengaño, me hice a las penas y bebí mis años".
Sin embargo, en esos mismos tiempos, La Ideal no fue una excepción del panorama mundial. En aquella misma época, los cafés de todo el mundo se erigían en epicentros de los movimientos socioculturales que estaban tomando forma. El Gran Café Central en Tánger, el Café Majestic en Oporto, la Confitería Colombo en Río de Janeiro, el Café Central en Viena, el Gran Café de Gijón en Madrid o el Caffè Florian en Venecia cumplían la misma función: reunir a los que pensaban, creaban y soñaban. Lo que sí ocurría es que Buenos Aires tenía su propia versión, y llevaba el apellido del español Fernández.

Confitería La Ideal / Confitería La Ideal
Viaje al pasado
La constante mirada a Europa de los porteños del siglo XX fue la responsable de que su arquitectura buscase asemejarse a un palacio francés, tanto por dentro como por fuera. La estética de la belle époque impregna cada rincón desde su entrada con techos altos y tallados, imponentes lámparas de araña, columnas de oro y mármol, paredes recubiertas de madera oscura y sillas Thonet tapizadas.
La entrada da paso primero a la confitería, donde vitrinas y estantes se desbordan de facturas —así llaman en Buenos Aires a la variedad de masas y piezas de bollería introducidas por la migración europea—: alfajores, trufas, galletas, masas finas, macarons, budines y scones… estos últimos herencia directa de la comunidad inglesa que también dejó su huella en la ciudad. Una segunda puerta de madera y cristal grabado conduce al salón del café, un espacio que a lo largo de los años ha acogido desde los mejores tangos hasta fiestas electrónicas que se adaptan a los tiempos actuales. En este apartado sirven un menú que combina los grandes clásicos de la repostería argentina, como petit gateaux, alfajores y macarons en la sección dulce, con medialunas, scones y pan de chocolate en la panadería además de sándwiches de miga como protagonistas de la parte salada. Entre estos últimos, el Fosforito de jamón y queso se ha convertido en una institución dentro de La Ideal.
La carta completa es, en realidad, un recorrido por la identidad gastronómica argentina y sus múltiples influencias migratorias. Aparece la pastafrola de batata o membrillo —una receta típica con su propio Día Internacional—, los huevos y omelettes preparados a la manera europea, y una amplia selección de cafés y tés para maridar. En la tienda, el dulce de leche, el chimichurri y los alfajores acaparan los antojos de los turistas. Cada elaboración que sale de la cocina de La Ideal lleva consigo el peso de la historia: la influencia de las migraciones, los eventos sociales y las corrientes artísticas que han moldeado lo que Argentina es hoy.
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