Dónde comer en Ruzafa: 6 restaurantes llenos de estrella, canallismo y café recién tostado
En tu próximo viaje a Valencia, no te olvides de visitar el barrio con los restaurantes más cañeros.

Nos adentramos en uno de los barrios del Ensanche valenciano, tal vez el que más restaurantes por metro cuadrado tiene. Los hay con estrellas Michelin, sin ellas, argentinos, vegetarianos... Tienes donde elegir.

La Salita
El único nuevo tres soles de la Guía Repsol 2024 es un lugar inesperado en el barrio valenciano de Ruzafa. Lo es por fuera y por dentro. Por fuera, porque entre el mercado, la iglesia de San Valero y San Vicente Martir y los edificios de cuatro y cinco alturas, nadie espera encontrarse con esta reluciente casona señorial de dos plantas (baja y primera) con su terraza llena de vegetación. “Es un oasis total en el centro de la ciudad. Entras aquí y te olvidas de que estás en el centro”, nos dice Begoña Rodrigo sobre su restaurante La Salita. Por dentro, porque la chef de estrella Michelin aceptó las reglas de dejar casi intacto este lugar histórico. “Es un local que es complicado porque la parte de arriba está como estaba antiguamente, donde está la sala. Si quieres un restaurante al uso, tú lo que quieres es que las salas estén abiertas para tener menos personal porque así tienes que tener gente fuera, gente dentro… No es un local cómodo para atender y yo creo que hubo mucha gente que vino y que lo quería, pero querían hacer reforma y el anterior dueño me dijo que no podía tocar nada”, nos cuenta. “Respetamos toda la estructura del local, es la misma, incluso las paredes antiguas. Todo el local por dentro está forrado, lo quitas y te sale el local antiguo abajo. Tenemos como una casa hecha dentro de una casa”, explica Begoña.

La anterior Salita de Begoña estaba en el vecino barrio de l’Amistat, pero “la cocina que hacíamos ya distaba mucho del aspecto que tenía el local”, nos cuenta. “Mi cocina ya era más tranquila, dentro del mundo vegetal, así que cuando nos metimos en este local, fue hacer un match perfecto. Servimos con la tranquilidad que te da. Si vas a la primera planta es como lujo contenido, superneutro, muy hostil, no tienes cuadros ni movidas raras, ni grandes lámparas, las maderas nobles, que hemos limpiado y restaurado, las puertas son las antiguas, los suelos son los antiguos pero limpios, las paredes están pintadas con barro, solamente hay madera, yute, hierro… elementos naturales. No hay cosas colgadas en las paredes, está todo como muy limpio”. Lo define perfectamente. Entramos en La Salita y nos cautivan los suelos hidráulicos originales, que trepan hasta por la escalera, la que nos lleva a la primera planta, con los cocineros montando los platos en una pequeña cocina a la vista, mucho más pequeña, eso sí, que la de la planta baja, que se abre a un mostrador de madera sobre el que se sitúan los frascos de todos esos vinagres que crea Begoña.

¿Y la propuesta gastronómica? “Ahora la propuesta gastronómica es un 80% vegetal y el resto va con proteína. Seguimos teniendo lo que la gente denomina producto: las gambas… Aunque para mí no son lo más interesante. Hemos pasado ya esta línea: no solo nos centramos en dar de comer bien y rico, que creo que lo hacemos, pero ahora hay un tema de investigación muy importante, detrás de toda la cocina que estamos haciendo”, nos explica Begoña, que está a punto de terminar de arreglar un laboratorio en un local a la vuelta de la esquina donde va a dedicarse al I+D, aunque ya lleve años investigando. “He recuperado una marca que tenía antigua que se llama Farcit, que en valenciano significa rellenar. La idea es: yo sabía que te faltaba algo y he venido a rellenarlo de investigación, de poner un poco de sabiduría a la comida. A mí me gusta mucho estudiar y ahora que tengo un poco más de tiempo me he metido en este mundo. Vamos a sacar ahora la línea de los postres con vinagres. Hemos hecho unos calamares a partir de un scooby de chufa, totalmente vegetal”.
El arroz empezará también a ser importante en la cocina de La Salita y de Begoña, pero sobre todo en los postres. “Este año que he estado como embajadora del arroz he tenido la suerte de conocer todos los arroces en la Albufera. Me ha dado mucha pena que tengamos este turismo tan superficial con respecto al arroz. Hay una historia tan chula con el arroz…” ¿Y qué se le ha ocurrido? “Para terminar la comida, me tenía muy frustrada el tema de los bombones. Pero ahora vamos a sacar desde granos de arroz en dulce para los petits, como si fuera una rama de arroz que te la comes, hasta el regaliz que te comías con tu padre cuando ibas al fútbol de pequeña, pero de chocolate. Los rollitos de anís, que me encantan, pero hechos a partir de un merengue. Vamos a sacar la parte de los petits que va a ser tan tan rollo Valencia, es superemocionante”. “Me gusta que la gente se vaya con la sensación de conocimiento de las cosas que pasan en la ciudad mucho más allá de comerte una paella en una barraca. Cuando vas a un restaurante gastronómico ya gastas un dinero que no es el normal. Entiendo que si te ponen caviar y gambas pagas por el producto porque el producto ya es caro, pero tenemos la sensación de que gente que viene y no es de aquí se va con la sensación de haberse comido Valencia pero de otra forma. Para mí eso es muy guay”. Y para el cliente también.
DÓNDE ESTÁ: C/ de Pere III el Gran, 11.
Canalla Bistro by Ricard Camarena
Es Ricard Camarena otro de los grandes chef valencianos que está reforzando la presencia de verduras y hortalizas en los menús de sus restaurantes, con los que atesora dos estrellas Michelin. Tenemos la oportunidad de conocer el que él denomina el más ecléctico, Canalla Bistro, situado en la calle del Maestro Josep Serrano, 5, en un espacio que reformó y reabrió en 2018.

Es una apuesta económicamente más contenida que otros de sus restaurantes, pero en la que Ricard ofrece sus propuestas llenas de contenido. Nos sentamos bajo una de las cabezas más demoniacas de cerdo diseñadas por Taller de Piñero, bajo la más canalla tal vez. Entre las paredes negras del local brillan con luz propia sus famosos cornetes crujientes rellenos de tartar de salmón, aguacate y wasabi, su causa limeña vegetal, su flor de calabacín rellena de quesos, su costilla de cerdo ibérico con barbacoa… Y de postre, sorbete de piña asada al ron con salsa inglesa de coco y especia y corte helado de Ferrero Rocher.
DÓNDE ESTÁ: C/ del Maestro Josep Serrano, 5.

Restaurante 2 estaciones
Estamos en uno de los múltiples chaflanes del barrio de Ruzafa, entre la calle del Pintor Salvador Abril y la del general Prim, estamos en el restaurante 2 estaciones, que cuenta con la distinción Bib Gourmand de la Guía Michelin.
Su chef, Alberto Alonso, es de Burgos, y Mar Soler es de la tierra valenciana, de Gandía. Ambos llevan las riendas de este restaurante presente desde hace nueve años en el barrio y al que llamaron 2 estaciones, entre otros motivos, porque ellos son dos y cambian la carta cada estación. Nosotros lo hemos visitado con la carta de primavera, pero sea cual sea la temporada, el pan que acompaña a cada menú está elaborado por ellos mismos.

Empezamos probando uno de sus entrantes más florales, inspirado en la comarca de la Safor, la comarca en la que nació Mar y a la que pertenece Gandía. Tiene forma de flor y es crujiente y cremosa. Otro de sus entrantes magnífico fueron los espárragos con trucha ahumada, cereza, naranja y menta.
En otros entrantes y también en platos principales como el marmitako nos añaden tonyina de sorra, la ventresca del atún a veces en forma de polvo o virutas que está de temporada. Los ingredientes de temporada son sagrados para 2 estaciones. Otro de los que probamos es el napicol, uno de los nabos de la zona, que acompañaba al codillo de cerdo glaseado.

El plato más emblemático del restaurante es su merluza de Celeiro al vapor, que viene acompañada con patata chafada y jugo de pimientos en salmuera. Exquisita.
Y de postre, curry de coco, fresas, albahaca y sésamo. Las fresas, por cierto, eran de temporada, la fresita de Canals. Cómo no.
DÓNDE ESTÁ: C/ del Pintor Salvador Abril, 28.
Doña Petrona
Tomar algo en la terraza de Doña Petrona es hacerlo bajo la imponente torre de la parroquia de San Valero, lo que implica oír sus campanas mientras se degustan sus propuestas gastronómicas. ¡Qué puede haber más especial! Situado en la calle del Pare Perera, 5, su mezcla de cocina local y argentina conquista a cualquiera. De la parte argentina, por ejemplo, sus empanadas. Probamos la de espinacas, magnífica, aunque nos dicen que la de secreto ibérico es la reina. No lo dudamos.

Desde la mesa de al lado, dos turistas nos preguntan qué es ese plato que estamos tomando. Se refieren a otra de las estrellas de la casa, la seta XXL rellena con puerros y coronada con huevo frito. También tienen albóndigas en Chimi-Curry, canelones, milanesa… Y de postre, uno no se puede ir sin probar su torrija de horchata y fartons, todo un homenaje a la terreta.
DÓNDE ESTÁ: Carrer del Pare Perera, 5.

Bluebell Coffee
Acudimos a uno de los locales más emblemáticos del Ruzafa cool y hípster. ¿El motivo? Habíamos oído que aquí hacían el mejor café de Valencia. Son uno de esos lugares que tuestan café en el barrio y había que probarlo. Y estaba realmente potente. Nos decidimos por un flat white, mitad café mitad leche, que acompañamos con uno de los platos que ofrecen en su local de la calle Buenos Aires, 3: sus tortitas de matcha con nata fresca, fresas, plátano, sirope de agave y virutas de chocolate. Y pese a que no pega nada con el conjunto, decidimos probar también una ración de pan de kamut, el conocido como trigo de los faraones. En la oferta gastro hay un montón de opciones de tostadas, pero también huevos benedictinos, gofres, chía…
DÓNDE ESTÁ: C/ de Buenos Aires, 3.
La Cantina
Es La Cantina de Ruzafa un lugar histórico. En ella se forjó la campaña por el referéndum de la OTAN, pero también ha sido lugar de reunión de otras reivindicaciones politicas y antes, fábrica de guitarras Tatay. Y también es un lugar en el que se siguen reuniendo amigos y conocidos para disfrutar del esmorzaret, para el que, nos cuentan, han recuperado la pataqueta, el pan tradicional para el entrepá.

La Cantina tiene parte de huerta propia de donde sacan productos, pero donde también experimentan. Sus platos son de cerámica valenciana tradicional, tienen su propia línea de vajilla artesana, y tienen el cacau del Collaret, el cacahuete valenciano que sirven también con el esmorzaret. Tienen también cartelería de artistas y trabajan con productores y artesanos mano a mano para promover la cocina de proximidad, sostenible y saludable.
DÓNDE ESTÁ: Carrer del Literat Azorín, 13-A.
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