Ni París, ni Roma: esta es la verdadera capital del vino y de la gastronomía (y está en España)

Una pequeña ciudad con alma de gran capital vinícola donde, además de profundizar en la historia de sus bodegas centenarias, se disfruta de una cocina que va desde los pinchos hasta la alta gastronomía.

Haro es la capital del vino y la gastronomía, y sus extensos viñedos lo demuestran
Haro es la capital del vino y la gastronomía, y sus extensos viñedos lo demuestran / Istock / jon chica parada

Recorriendo carreteras serpenteantes plagadas de viñedos, montañas verdes, campos de colza en floración y pueblitos rebosantes de patrimonio románico, aparece en el corazón de Rioja Alta Haro, una ciudad que ha hecho del vino no solo una forma de vida, sino una identidad que hace que turistas nacionales y venidos de todas las partes del mundo se acerquen a visitarla.

Considerada la capital del vino rioja, Haro se ha convertido en un punto obligatorio para los amantes del vino, pero también de la historia, la cultura y la gastronomía. Y es que el origen de esta ciudad va indudablemente ligado al de la viticultura española. Desde muy temprano, el cultivo de la vid y la producción de vino se convirtió en una de las actividades esenciales de esta zona hasta arraigarse profundamente en su economía, su cultura y su paisaje.

Pero no fue hasta el siglo XIX, concretamente en el año 1863, cuando la ciudad experimentó su gran transformación con la llegada del ferrocarril. Este hecho hizo que Haro se convirtiera en un punto logístico crucial para la exportación de vino dando lugar, a su alrededor, al conocido Barrio de la Estación, un enclave único para el enoturismo donde se encuentran ubicadas la mayor concentración de bodegas centenarias del mundo.

Imagen del viñedo Guardacimbres.

Imagen del viñedo Guardacimbres.

/ Viñedo Guardacumbres.

Esta zona ya histórica surgió alrededor de las antiguas vías del tren, donde se asentaron algunas de las bodegas más importantes de Rioja (y del mundo), como Bodegas Bilbaínas-Viña Pomal, Bodega Compañía Vinícola del Norte de España (C.V.N.E.), La Rioja Alta S.A., Muga, Gómez Cruzado y Bodegas Roda, seis bodegas emblemáticas que se pueden conocer de la mano de los tours del Barrio de la Estación.

Imagen de la Bodega Compañía Vinícola del Norte de España.

Imagen de la Bodega Compañía Vinícola del Norte de España.

/ Bodega Compañía Vinícola del Norte de España

En los alrededores aparecen otras grandes bodegas, como Bodegas Manzanos —la bodega más antigua de Haro—, Bodegas Martínez Lacuesta —donde también probar su vermut tradicional— y Bodegas Finca La Emperatriz —que debe su nombre a su primera propietaria, la última emperatriz de Francia, Eugenia de Montijo—, que permiten conocer sus instalaciones de manera independiente, así como hacer catas dirigidas. Incluso esta última, además de catas y visitas a sus viñedos, ofrece la posibilidad de alojarse en unas renovadas villas donde antiguamente vivían los trabajadores de la finca; unas edificaciones que conservan la autenticidad y el carácter de la arquitectura popular de Rioja y permiten disfrutar de cerca del enoturismo.

Sin embargo, otras muchas, como Bodegas López de Heredia Viña Tondonia —con un pabellón vanguardista diseñado por Zaha Hadid—, están abiertas exclusivamente para profesionales, pero cuentan con su propia tienda de venta de vino al público.

La ciudad de los palacios

Aunque no lo parezca, en Haro no todo es vino. El esplendor de la ciudad, declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1975, es una amalgama de épocas que hablan del poder económico que el comercio vinícola ha ido trayendo a lo largo del tiempo. En un paseo por sus calles, aparecen palacios nobles y casas solariegas datadas de entre los siglos XVI y XVIII.

Tan solo en la plaza de la Paz, uno de los centros sociales de la ciudad, se descubren edificios bellísimos y con mucha historia, como el Palacio de Bendaña, de estilo plateresco; el Ayuntamiento, construido en estilo neoclásico en la época del rey Carlos III; y el Museo de Arte Contemporáneo del Torreón, un edificio recuperado y reinventado que, además de ser la única construcción existente de las murallas que desde el siglo XII defendían la ciudad de Haro, alberga una colección de arte contemporáneo de autores de La Rioja.

Plaza de la Paz en el pueblo medieval de Haro, La Rioja.

Plaza de la Paz en el pueblo medieval de Haro, La Rioja.

/ Istock / Eloi_Omella

Frente a este edificio se encuentran dos espacios que han ido indudablemente ligados a la historia de la ciudad. El primero de ellos es el Café Suizo, un edificio de 1870 que en aquellos años compartía un hotel —cuyas habitaciones contaban ya con cuarto de baño, calefacción y agua caliente y fría— y una cafetería, convertida en un lugar de encuentro social, charlas y tertulias políticas y hasta de salón de baile.

El segundo es la Pastelería Visán, una confitería y pastelería familiar con obrador propio en el que elaboran todos sus dulces de manera casera: pastas de té, trufas, palmeras, sus típicos bollos de mantequilla o sus milhojas son solo algunos de los bocados que se pueden encontrar en su interior. No muy lejos de allí se encuentra Roots Salvaje, un bar de vinos donde la prioridad es la bodega que maridan con diferentes bocados, como su gilda de merluza, la ensaladilla rusa, el paté de Campaña o su selección de quesos.

De guisos tradicionales a alta cocina

Siguiendo con la ruta del vino y las tapas, a pocos pasos se encuentra la conocida calle de la Herradura, una zona de bares, tascas y restaurantes donde los pinchos y los caldos son la seña de identidad, pero también las elaboraciones tradicionales, como las patatas a la riojana o las chuletillas de cordero al sarmiento.

Pero no todo se va a quedar en recetario regional, puesto que, al término de la calle, aparece un antiguo palacio del siglo XVI —considerada la edificación de obra civil más antigua de la localidad riojana— donde Miguel Caño ha logrado poner Haro en el mapa de la alta cocina. Con una estrella Michelin y dos Soles Repsol, a un lado de este edificio aparece Nublo, un restaurante gastronómico en el que solo se cocina con fuego. No hay gas, tampoco electricidad; tan solo un horno de leña, una cocina económica, brasas y las ganas de este chef por hacer de la autolimitación un método de creación con el que da el auténtico protagonismo al producto. Este respeto por las materias primas locales le ha llevado a incluir como máximo cuatro ingredientes en sus elaboraciones, logrando hacer una propuesta de temporada que va evolucionando a medida que cambia la estación.

Imagen del equipo de Nublo trabajando.

Imagen del equipo de Nublo trabajando.

/ Restaurante Nublo

Al otro lado de este palacete, aparece Los Caños, el bar de pinchos y restaurante familiar que durante más de 70 años ha formado parte del alma gastronómica de Haro. Miguel Caño tomó el relevo en 2020, transformándolo en un espacio renovado, pero fiel a sus raíces, donde cada 24 de junio, en la fiesta de San Juan, se mantiene viva la tradición del pregonero a caballo y la foto junto a los jarreros; una celebración que se festeja también entre el 25 y el 29 de junio, las fiestas de San Felices y San Pedro de Haro, con la famosa Batalla del Vino.

Restaurantes

Nublo

Si se busca una experiencia gastronómica de altura, Nublo es el lugar. En este palacio del siglo XVI todo está pensado para que el cliente disfrute de una cocina hecha con mimo, con producto local y al calor de las brasas, maridada con los mejores vinos de la tierra y en un espacio único diseñado por Santos Bregaña.

Imagen del patio comedor de Nublo.

Imagen del patio comedor de Nublo.

/ Restaurante Nublo

Roots Salvaje

Además de bar de vinos, en Roots Salvaje se puede degustar café de especialidad y una carta creada para compartir (o no), donde los grandes protagonistas son los productos que se ponen sobre la mesa —entre ellos, quesos, paté de Campaña, cecina o anchoas— y sus panes elaborados en casa y con masa madre.

Imagen del exterior de Roots Salvaje.

Imagen del exterior de Roots Salvaje.

/ Restaurante Roots Salvaje

Barrio de la Estación

Los tours del Barrio de la Estación permiten a los visitantes profundizar en el origen de la historia de la zona, conocer los espacios más emblemáticos de sus bodegas y hacer una degustación maridada de vinos y tapas. La experiencia se realiza cada viernes a las 10:30 —por lo que se recomienda reservar con bastante antelación— y la ruta completa dura tres horas y media, en las cuales, además de la visita histórica al Barrio de la Estación, se accede a un espacio singular de tres bodegas.

Imagen de un tour del Barrio de la Estación.

Imagen de un tour del Barrio de la Estación.

/ Barrio de la Estación

Pastelería Visán

Con más de 50 años de tradición familiar, esta pastelería y confitería es una de las grandes señas de identidad de la ciudad de Haro. En su interior todavía mantienen la esencia de su pasado y sus vitrinas, todas llenas de dulces, muestran los productos más típicos de la región. Además, todos y cada uno de ellos (pastas de té, trufas, palmeras, bollos de mantequilla...) son elaborados en su propio obrador.

Imagen del exterior de la Pastelería Visán.

Imagen del exterior de la Pastelería Visán.

/ Pasteleria Visán

Finca La Emperatriz

Adquirida en 1996 por la familia Hernáiz para hacer un proyecto de vinos sublimes, en este mismo espacio, en el siglo XIX, la esposa de Napoleón III, Eugenia de Montijo, elaboraba unos vinos cuya calidad ya se reconoció en el concurso de vinos de la Exposición Universal de París de 1878. Finca La Emperatriz está situada en una de las mesetas más elevadas de la zona, a 570 m.

Bodega Compañía Vinícola del Norte de España

Fundada en 1879, C.V.N.E. es una de las visitas obligadas en La Rioja por sus vinos y porque en su interior se encuentra la Nave Eiffel, una obra del legendario arquitecto Gustave Eiffel con una imponente estructura innovadora cuyo techo se sostiene, sin columnas, gracias a unas cerchas metálicas, que van de pared a pared. Hasta el 11 de enero de 2026, la Nave II de la bodega acoge la exposición A lo largo del día de Jaume Plensa.

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